¿Es irreversible la reforma litúrgica?

Septiembre 08, 2017
De fsspx.news
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El 24 de agosto del 2017, el Santo Padre declaró poder "afirmar con certeza y autoridad magistral que la reforma litúrgica es irreversible."

El 24 de agosto del 2017, el Papa Francisco dio un importante discurso durante su audiencia con los participantes en la Semana Litúrgica Nacional en Italia. La reunión tuvo lugar en Roma, con motivo del 70 aniversario de la creación del Centro de Acción Litúrgica.

En su alocución, el Santo Padre declaró poder "afirmar con certeza y autoridad magistral que la reforma litúrgica es irreversible." Esto fue más que suficiente para causar gran revuelo entre la gente: algunos lo vieron como una nueva indirecta lanzada hacia los "tradicionalistas", otros como un llamamiento para llevar aún más lejos el gusto por la innovación, que desde hace varias décadas ha cavado una tumba para el espíritu de la liturgia.

Para explicar a profundidad sus palabras, el papa añadió que:

No se trata de replantear la reforma, revisando las decisiones tomadas al respecto, sino de conocer mejor las razones subyacentes, a través de la documentación histórica, así como de la internalización de sus principios inspiradores y de la observación de la disciplina que la gobierna.

El vaticanista Andrea Tornielli señala en La Stampa, que "aun sin referirse a ello directamente, [el papa] está diciendo no a una 'reforma de la reforma' litúrgica, algo esperado por algunas ramas eclesiásticas desde hace tiempo" - a raíz de la publicación de varias obras escritas por el Cardenal Ratzinger durante su período como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Nada de esto resulta nuevo: desde el pasado mes de noviembre, durante una entrevista con Antonio Spadaro - director de La Civilta Cattolica - el papa declaró, según informó el diario francés La Croix en su número del 20 de noviembre del 2016, que es "un error hablar de una reforma a la reforma."

Con esta declaración, el papa desmintió públicamente al prefecto de la Liturgia, el cardenal Robert Sarah, quien unos meses antes, en julio del 2016, declaró que el Soberano Pontífice le había encomendado la misión de "analizar la cuestión de una reforma a la reforma y el enriquecimiento de las dos formas del rito romano."

Como respuesta a esta declaración, el Vaticano emitió su propia declaración, afirmando que "algunas de las expresiones del Cardenal Sarah fueron malinterpretadas" y que no habría cambios.

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Sala de Asambleas Paulo VI en el Vaticano.

¿Una revocación de las declaraciones del Papa Benedicto?

Según el Papa Francisco, la liberación de la Misa tradicional realizada por su predecesor en julio del 2007, debería ser interpretada "a minima", como un "gesto justo" y "magnánimo" destinado a "las mentalidades de algunos grupos y personas que sufren de nostalgia, y por esa causa se alejan. Pero es una excepción." Tales fueron sus palabras dichas al director de La Civilta Cattolica.

El Papa Francisco se distanció visiblemente de una de las intenciones formuladas por el Motu Proprio Summorum Pontificum:

debe servir como un enriquecimiento mutuo entre las dos formas del rito, mejorando, por un lado, la santidad y verticalidad de la forma pre-conciliar, y por otro, resaltando la riqueza de las escrituras y la participación de los fieles en la forma post-conciliar.

El vaticanista italiano Andrea Tornielli llega incluso hasta el punto de creer que el proyecto de Benedicto XVI de refundar la liturgia, fracasó, en parte, a causa de ciertos "tradicionalistas" obstinados, que se negaron a aceptar cualquier cambio en la liturgia, y en parte a quienes impusieron demasiadas restricciones a la importante y generosa oferta del "usus antiquior" deseada por el papa emérito.

Sin negar la realidad de una reforma litúrgica que con frecuencia se ve socabada por "prácticas que la desfiguran", para citar sus palabras textuales, el Santo Padre considera los abusos como el resultado de la no comprensión e incorporación de los dos grandes principios que, a su parecer, guían la reforma litúrgica: "la presencia real del misterio de Cristo" y el hecho de que la liturgia "sea popular, porque es una acción 'para' la gente, pero también hecha 'por' la gente", haciendo hincapié en que la liturgia debe incorporar las prácticas de la "piedad popular."

Estos principios, mencionados por el Papa Francisco, naturalmente plantean otras preguntas que hubiera valido la pena formular durante la Semana Liturgica Nacional en Italia: ¿acaso los fieles del rito antiguo - conocido como "Misa de San Pío V" - un rito que siempre ha estado abierto a varias novedades, siempre y cuando permanezca homogéneo, desde San Gregorio Magno hasta Juan XXIII, no experimentan profundamente la "presencia real del misterio de Cristo" mencionada por el Papa?

Estos mismos fieles, a través de la música, cantos y servicios litúrgicos, en su sentido más amplio: el altar, la distribución del santuario, la sacristía, las flores, o simplemente los distintos gestos realizados durante la asistencia a la Misa: ¿no tienen un alto grado de participación en una liturgia verdaderamente popular, hecha así gracias a varios siglos de Tradición?

Además, cabe preguntarse si el rito antiguo, en vez de ser reducido a una práctica concedida a una minoría retrógada, ¿debería, en su lugar, ser estudiado, analizado y vivido como un medio privilegiado de comprender la profunda naturaleza del espíritu de la liturgia?

En cuanto a si la reforma litúrgica es o no "irreversible", nada resulta menos cierto dado el espíritu romano; "amantes de los cambios", ¡escribió Sallust hace más de veinte siglos! Cuando recordamos la forma en que fue impuesta la reforma litúrgica en el universo católico, tan enérgicamente que se llegó a creer que la Misa tradicional había sido completamente prohibida y condenada a desaparecer, parece acertado mantener una postura prudente y no sacar conclusiones apresuradas...

En Roma, el prefecto de la Liturgia, el cardenal Sarah, no dudó en escribir en su libro El Poder del Silencio:

Dios mediante, cuando Él quiera y como Él lo quiera, tendrá lugar la reforma de la reforma en la liturgia. Sucederá, a pesar del rechinar de dientes, pues el futuro de la Iglesia está en juego.

Sea como fuere, entre la reforma y la reforma de la reforma, el rito tradicional, o la Misa de San Pío V, sigue siendo la forma más segura de rendir a Dios el culto que le es debido en toda justicia, en un espíritu de adoración y verdad.