¿Cuáles serán las restricciones introducidas en Summorum Pontificum?

Julio 15, 2021
Origen: District de France

Hay muchas especulaciones e hipótesis respecto al documento romano que debería restringir el Motu Proprio Summorum Pontificum.

El 26 de junio, Monseñor Roland Minnerath declaró a los fieles que expresaron su desaprobación tras la destitución de los sacerdotes de la Fraternidad San Pedro de su diócesis de Dijon, que tendrían "un nuevo Motu Proprio, en los próximos días o semanas".

Se especula mucho sobre el contenido de este documento romano. Todo esto alimentado por las recientes declaraciones de los opositores al Motu Proprio. La lettre de Paix liturgique n° 805, del 28 de junio, refiere las palabras del cardenal Pietro Parolin, secretario de estado, ante un grupo de cardenales: "¡Debemos poner fin a esta Misa para siempre!"

Asimismo, Monseñor Arthur Roche, nuevo prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, explicó entre risas a los responsables de los seminarios en Roma y a los miembros de la Curia, todos de habla inglesa: "¡Summorum Pontificum está prácticamente muerto! Devolveremos el poder a los obispos en este tema, pero sin duda no a los obispos conservadores".

Estas declaraciones están en consonancia con Andrea Grillo, profesor de liturgia en el Instituto Pontificio de San Anselmo. Para este progresista recalcitrante, Summorum Pontificum introdujo un estado aberrante de "excepción litúrgica", y afirmó en el sitio web Munera el 21 de enero de 2019: "El pecado de Ecclesia Dei se llama Summorum Pontificum".

¿Ya no es un derecho, sino una tolerancia?

El 2 de junio de 2021, en el blog de Jeanne Smits pudimos leer de la pluma de Diane Montagna, periodista de Remnant, que el documento estaba en su tercera versión, un borrador "menos severo que los dos anteriores".

La primera versión establecía un límite de edad mínima para la celebración de la "forma extraordinaria" [¿prohibida a los menores de 78, tal vez? Nota del editor], un poco como el indulto de Pablo VI que permitió a los sacerdotes ancianos celebrar la misa tradicional después de la promulgación del Novus Ordo. Esta primera versión también preveía colocar los institutos Ecclesia Dei bajo la autoridad de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica.

Este primer proyecto estaba acompañado, según Diane Montagna, por una carta introductoria del Papa Francisco "particularmente dura y hosca" con respecto a la misa tridentina.

Citando fuentes del Vaticano, Montagna agregó que el cardenal Luis Francisco Ladaria, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, se opuso enérgicamente a la primera versión del documento, y que la carta del Papa también había sido revisada.

La tercera versión se conformaría con la autorización previa para los sacerdotes diocesanos, sin que aún se defina si debe ser otorgada por el obispo local o por Roma.

Otorgaría a las comunidades Ecclesia Dei la posibilidad de celebrar según el rito tradicional -al tiempo que les pide su adhesión al Concilio y sus reformas-, pero la libertad para todos los sacerdotes de celebrar la Misa Tridentina que Summorum Pontificum les reconoció, sería abolida. Así pasaríamos del derecho reconocido a la tolerancia concedida.

En caso de disputa, las apelaciones no serían examinadas por la Congregación para la Doctrina de la Fe, sino por la Congregación para el Culto Divino, cuyo nuevo prefecto, Monseñor Roche, es "conocido como un opositor resuelto de la misa tradicional y del Motu Proprio Summorum pontificum", como escribió Yves Daoudal en su blog el 28 de mayo.

Solo podemos reafirmar lo declarado por FSSPX.Actualidad el 28 de mayo: "Si, como es de temer, se hiciera una limitación al motu proprio de Benedicto XVI, sería un acto abusivo. Y puesto que estaría dirigido contra el bien común de la Iglesia, sería nulo en sí mismo. Aunque la Fraternidad San Pío X no se vea afectada por este asunto, lamentaría profundamente tal limitación, porque constituiría un retroceso en el camino de regreso a la Tradición que retrasaría la solución de la crisis de la Iglesia iniciada por el Concilio Vaticano II y sus calamitosas reformas, en particular en el campo de la liturgia".

¿Qué pasa con la credibilidad de la autoridad en todo esto?

Más allá de los rumores y especulaciones sobre su fecha y contenido, el Motu Proprio renovado plantea una cuestión importante: la de la autoridad en la Iglesia, comenzando por la del propio Papa. Así lo señala acertadamente un religioso salesiano, don Marco Begato, que el vaticanista Aldo Maria Valli cita en su página web el 19 de junio.

Su argumento es el siguiente: "una decisión contra Summorum Pontificum -sobre todo si se toma en vida de Benedicto XVI- sería un golpe para la liturgia, pero sobre todo un golpe para la autoridad".

Y continúa desarrollando el tema de forma muy pertinente: "La pregunta que me hago es cuánto valor se le debe dar a un documento que, en el espacio de unas décadas, será modificado completamente. Muy poco, diría yo.

"Pero el valor del documento, en nuestro caso, habla también del valor de su autor, y como un Motu Proprio es una intervención eminente y autónoma del soberano pontífice, habla del valor de las declaraciones pontificias y de su relación con el episcopado (por ejemplo, con la disposición de un episcopado a obedecer un Motu Proprio).

"Entonces, con una devaluación de un Motu Proprio, ¿no se correría el riesgo de quitarle algo de crédito a las intervenciones del Papa como tales? ¿No se correría el riesgo de dar la impresión de que las intervenciones directas del Papa son muy dudosas, válidas durante unas pocas décadas como máximo, y sujetas a ser retocadas? [En otras palabras, un Motu Proprio con fecha de vencimiento. Nota del editor]

"En este sentido, alterar Summorum Pontificum sería, en mi opinión, alterar la credibilidad misma del Soberano Pontífice y de la jerarquía, así como su autoridad. Y esto lo digo no para expresar un sentimiento psicológico personal de confianza traicionada, sino para resaltar un estado de confusión radical y objetivo que el Motu Proprio anti-Summorum Pontificum atribuiría ipso facto a los más altos cargos.

"El razonamiento es tan simple como desarmador: si los líderes no tienen claro lo que quieren hacer y por qué, si actúan de acuerdo con los equilibrios curiales cambiantes o las modas sociales, y no de acuerdo con presupuestos teológicos definidos y estables, ¿por qué deberíamos obedecerlos?

"Quiero decir, ¿sobre qué base se supone que deberíamos obedecerlos? ¿Bajo qué condiciones? Mejor aún, ¿qué cosas deberíamos obedecer? ¿A los cambios en la escritura? ¿A la idea que se filtra a través de los periódicos? ¿A las declaraciones de los pastores en la televisión? ¿Al Papa 1 o al Papa 2? ¿Al obispo que sigue la letra o al obispo del espíritu? ¿Por moda o por conveniencia? ¿En el primer o en el segundo lustro [en 5 años o en 10 años. Nota del editor]?

"Repito, mi reacción no es una reacción psicológica, sino una seria dificultad ética. Estoy obligado a obedecer a quienes me muestran ciertamente la voluntad de Dios.

"Pero una comunidad eclesial que es confusa, que cambia continuamente sus demandas, que da cada vez menos explicaciones teológicas, que tiende a no responder o a eludir las dudas planteadas, que, en el milenio de la libertad y en la Iglesia posconciliar finalmente liberada de los legalismos, empuja [paradójicamente] a una obediencia intransigente, ¿cómo se puede decir que tal realidad es creíble y confiable?

¿En qué debemos creerla y seguirla? ¿Por cuánto tiempo? ¿Bajo qué criterios? ¿Qué tanta seriedad deberíamos darle? ¿Hasta qué punto puedo interpretar y reinterpretar a mi antojo? ¿Quién determina esto?"

Y Don Begato concluye diciendo, con sentido común: muy pronto "dar credibilidad a las autoridades será por definición una apuesta, una ruleta, un juego... cada vez menos entretenido y cada vez más arriesgado".