¿La Corte del Vaticano condenada al estancamiento?

Febrero 03, 2022
Origen: fsspx.news

El 25 de enero de 2022, en la corte vaticana donde están siendo juzgados los ex miembros de la Secretaría de Estado, la acusación y la defensa se enfrentaron en el procedimiento, dejando la sensación de un juicio que se está estancando, y en el que se quiere ganar tiempo. En la próxima audiencia, el 18 de febrero, se intentará de nuevo llegar finalmente al meollo del asunto.

El 14 de diciembre de 2021, Giuseppe Pignatone expresó su esperanza de que la siguiente audiencia del 25 de enero, la sexta desde el inicio del juicio en julio, pusiera fin a la fase procesal en la que parece estancado el juicio del edificio de Londres.

El deseo del presidente del Tribunal Vaticano no fue escuchado: menos de una hora después de ingresar a la sala de audiencias, en la fiesta de la conversión de San Pablo, no se produjo ningún milagro, y el magistrado se vio obligado a posponer la audiencia al 18 de febrero de 2022.

El interrogatorio de uno de los testigos clave del caso, monseñor Alberto Perlasca –exjefe de la oficina de la Secretaría de Estado– que data de noviembre de 2020, volvió a estar en el centro de la disputa entre el promotor de justicia, Alessandro Diddi, y los abogados del cardenal Angelo Maria Becciu, principal acusado, ausentes en la audiencia del 25 de enero de 2022.

Los abogados del ex sustituto de la Secretaría de Estado acusaron a la fiscalía de haber excedido sus competencias al preguntar a monseñor Perlasca si sabía si el cardenal sardo había tenido una relación inapropiada con otra acusada, Cécilia Marogna.

Esta última, acusada de haber recibido 500,000 euros del ex sustituto, declaró haber destinado estas sumas para importantes gastos en artículos de lujo, para terceros y para ella misma. Costos de trabajo, según ella, que fueron consecuencia de su "situación informal como diplomática" en la Secretaría de Estado.

Las minutas del interrogatorio muestran a monseñor Perlasca negando cualquier comportamiento inapropiado por parte del alto prelado, mientras que Alessandro Diddi insiste, recordando que un actor de la televisión italiana realizó un sketch que sugería que Cécilia Marogna era más que íntima del cardenal: "¿por qué este último no demandó al actor por difamación, si todo era falso?", se pregunta el promotor de justicia.

Según los abogados de monseñor Becciu, la línea escogida para el interrogatorio habría violado el código de procedimiento de la Santa Sede, que prohíbe a los testigos cuestionar la moral de otros acusados: "Por mi parte, estoy tranquilo sobre la forma en que se ha realizado el trabajo", dijo en tono de defensa el promotor de justicia.

Alessandro Diddi se robó decididamente el protagonismo de todos los demás participantes de la audiencia, al presentar siete nuevos cargos y una nueva solicitud de orden de comparecencia para cuatro personas sospechosas de haber desempeñado un papel destacado en el escándalo y que habían sido descartadas rápidamente del juicio por defecto de procedimiento.

Se trata del financiero Raffaele Mincione, del abogado Nicola Squillace, del exempleado de la Secretaría de Estado, Fabrizio Tirabassi, y en especial de monseñor Mauro Carlino, secretario del cardenal Becciu en el momento de los hechos.

Cuatro hombres que se niegan con uñas a dientes, desde el inicio del juicio, a enfrentarse a la acusación: la pelota está ahora en la cancha del presidente del Tribunal, que se tomará unos días para examinar los nuevos cargos presentados.

Queda por ver si la audiencia del 18 de febrero finalmente permitirá que el juicio, que hasta ahora ha estado condenado a avanzar a la velocidad de la tortuga, recupere su ritmo. Algo que tal vez no guste mucho en Roma...