¿Los masones están sacando finalmente a la luz sus secretos?

Junio 24, 2017
Origen: fsspx.news

En el Museo Histórico de Berna, hay actualmente una exposición, desde el 15 de junio hasta el 3 de septiembre, que lleva el título "Confidencial: Los Masones."

En junio de 1717, hace exactamente 300 años, cuatros logias londineses se unieron para formar la primera "obediencia" masónica: la Gran Logia de Londres. Esta fecha marca el nacimiento de la institución moderna de la masonería. Para conmemorar dicho evento, el Museo Histórico de Berna, en colaboración con una logia de Berna, está organizando esta exhibición.

El objetivo de la exhibición es disipar los supuestos prejuicios contra esta sociedad secreta. La exhibición, que es muy didáctica, muestra el surgimiento de la masonería durante la época de la Ilustración, la forma en que fomentó el liberalismo a lo largo del siglo XIX y la "cacería de brujas" de la que, según afirman, fueron víctima las sociedades secretas bajo el fascismo italiano y el régimen nazi.

En la exhibición, los visitantes pueden ver algunas señales y símbolos masónicos - aquellos que las logias estuvieron dispuestas a revelar. Asimismo, otra de las presentaciones que seguramente atraerá mucha atención es una representación de la famosa "Cámara de la Reflexión", con un cráneo y una vela, donde se coloca al candidato durante algún tiempo para que medite sobre su naturaleza mortal y sus motivos por los que quiere unirse a la logia, razones que, posteriormente, deberá entregar por escrito. 

No podemos olvidar el corazón de la logia, es decir, "el Templo", donde se celebran las ceremonias. Antes de entrar a esta sala, que normalmente está reservada para los iniciados, los visitantes verán primero una representación del Templo de Salomón, hecha según el templo original descrito en el Antiguo Testamento. 

Encubriendo la Historia
 

Desde luego, los visitantes deben tener en cuenta que todos estos signos ocultos son solamente una captatio benevolentiae, cuyo objetivo es presentar la masonería de forma favorable, ayudándolos a olvidar cuán anti-cristiana es realmente.

La exposición de Berna sabe muy bien quién es su enemiga: la Iglesia católica. Por ello menciona que, durante la época de la Ilustración, "la tolerancia masónica era una amenaza" a los ojos de la Iglesia. Asimismo, recuerda que al sureste de Europa, la Inquisición se dedicó a cazar implacablemente a los masones, exactamente igual que lo hicieron los nazis en el siglo XX.

Con el objetivo de dejar una huella emocional en los visitantes, se les muestran ilustraciones de la leyenda masónica que muestra la Inquisición portuguesa torturando a John Coustos, un picapedrero nacido en Berna de padres hugonotes, quienes se establecieron en Portugal, donde, en 1744, fue condenado a trabajos forzados por ser masón.

Aun así, la exposición evita cuidadosamente hacer mención de todas las condenas doctrinales que la Iglesia católica ha hecho de la masonería a lo largo de los dos últimos siglos, empezando con la bula pontificia, In Eminenti Apostolatus, de Clemente XII con fecha del 28 de abril de 1738. Este documento pronunció una excomunión latae sententiae contra los católicos que pertenecieran a las logias. Después de ser repetida por varios papas, esta condena quedó inscrita en el Código Pío-Benedictino de 1917.

Las declaraciones actuales de la Iglesia
 

El nuevo Código de Derecho Canónico, promulgado en 1983 por el Vaticano, ya no hace mención explícita de dicha condena, pero sigue estableciendo una sanción para todo aquel que "se una a cualquier asociación que conspire contra la Iglesia," y una prohibición - que impide que aquellos que "promuevan o dirijan una asociación de este tipo" reciban los sacramentos, participen en el oficio divino y sean enterrados en suelo consagrado.

En este mismo contexto, el 26 de noviembre de 1983, el papa Juan Pablo II aprobó la "Declaración sobre las Asociaciones Masónicas". Ésta fue firmada por el cardenal Joseph Ratzinger, en ese entonces prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, y en ella se menciona que el "juicio negativo de la Iglesia respecto a las asociaciones masónicas permanece sin cambios, ya que sus principios siempre han sido irreconciliables con la doctrina de la Iglesia y, por lo tanto, sigue estando prohibido formar parte de cualquiera de estas asociaciones." La declaración menciona brevemente que "los fieles que se inscriben en las asociaciones masónicas están en grave pecado mortal y no pueden recibir la santa comunión."

Si la Iglesia es severa en sus sentencias sobre la masonería, es debido a que existen graves razones para condenarla. La primera es el naturalismo, que no es tanto una negación de la existencia de Dios, como un rechazo a reconocer las consecuencias de su existencia en el orden natural. Por consiguiente, la sociedad debería organizarse, según los "hermanos", como si Dios no existiera.

Otro motivo para su condena es el relativismo doctrinal que se oculta detrás de la máscara de la "tolerancia". El método másonico - como Richard Dupuy, Gran Maestre de la Gran Logia de Francia, declaró públicamente el 20 de julio de 1968 - consiste en "cuestionar constantemente todo lo que conocemos." A nivel religioso, la desastrosa consecuencia de este relativismo es la negación de todos los dogmas y revelaciones. Todo lo anterior, sin mencionar el nivel moral, donde se vuelven posibles todo tipo de desviaciones.

Finalmente, la Iglesia denuncia el juramento de "secreto" de los masones, en nombre de las palabras de su Fundador Divino: "Pues todo el que hace lo malo aborrece la luz, y no se acerca a ella por temor a que sus obras queden al descubierto. En cambio, el que practica la verdad se acerca a la luz, para que se vea claramente que ha hecho sus obras en obediencia a Dios" (Jn. 3:20-21).