¿Qué piensa la Iglesia de la reencarnación? (6)

Julio 28, 2021
Origen: fsspx.news
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La reencarnación ejerce una verdadera fuerza de seducción sobre las mentalidades occidentales. Después de una presentación general en el primer artículo, el segundo habló acerca de los juicios de la Iglesia sobre esta creencia. El tercero y cuarto presentaron los puntos de conflicto entre la metempsicosis y el dogma católico. Los siguientes artículos examinarán la cuestión desde la perspectiva de la filosofía.

¿Cuáles son los presupuestos filosóficos y las dificultades que plantea la metempsicosis?

El alma está en el cuerpo solo ocasionalmente, permanece ajena a él. Esto supone una concepción especial del alma de y su relación con el cuerpo.

Además, la metempsicosis, que admite la reencarnación en seres distintos de los humanos, parece otorgar a las almas de plantas y animales las mismas prerrogativas que el alma humana.

Algunos defensores de esta tesis afirman recordar sus vidas pasadas. Este es el problema de la memoria. ¿Reside la memoria solo en el alma espiritual o en el cuerpo? En el último caso, ¿no debería un cambio de cuerpo borrar todos los recuerdos del pasado?

Por lo tanto, debemos estudiar sucesivamente el alma en sí misma, luego sus relaciones con el cuerpo y, finalmente, las potencias del alma, en particular la memoria.

La forma del cuerpo

Forma no significa un buen estado de salud: estar "en forma". Tampoco se trata de la forma exterior, la silueta. Es un componente íntimo y necesario de la realidad natural, difícil de captar, pero del que depende toda la realidad física que nos rodea.

Forma accidental

Tomemos como ejemplo el crecimiento de una cereza. Muy diminuta en la floración, la cereza se desarrolla poco a poco hasta alcanzar su tamaño adulto. Con sus dimensiones también cambia su color. De verde pasa a amarillo y, finalmente, al rojo. Si se recolecta cuando está madura, sufre un desplazamiento.

Así, una misma cosa, como la cereza, experimenta una serie de variaciones. Se ve afectada sucesivamente por varias cualidades. Pero estos diversos caracteres: tamaño, color, ubicación, no son la cereza en sí: son una forma particular de ser que le ocurren a la fruta ya existente para determinarla. Se llaman "accidentes" (de accidere, acontecer), formas accidentales.

Asimismo, una tela es una "cosa", independientemente de su color. La blancura de la lana no es la lana, sino el color que le da una forma de ser, es decir, el hecho de ser blanca.

Igualmente, si observamos a un niño jugando con plastilina, la materia que transforma ciertamente tiene una figura, pero siempre es capaz de recibir otra según el deseo del niño.

En estos tres ejemplos, la observación revela dos elementos correlativos. Un sujeto que existe por sí mismo, con sus propias cualidades, pero que es distinto de ellas y sigue siendo apto para otras cualidades. Este es el elemento "material".

La materia, en este sentido, se entiende como un sujeto receptor, como capaz de sufrir un cambio. El elemento material es la "cosa" que recibe los accidentes. El elemento determinante que les da tal o cual forma de ser es el elemento "formal", la forma accidental.

Forma sustancial

Enfoquémonos ahora en la constitución íntima de las cosas. Todo ser natural está compuesto por un principio material indeterminado y por un principio formal que proporciona al compuesto su naturaleza misma. Dos fenómenos de la vida cotidiana nos hacen descubrirlo: la destrucción y la nutrición.

Un trozo de madera quemada ha sufrido una transformación radical. Está destruido en su propio ser: ya no existe como madera. Pero no ha desaparecido todo lo que la constituía: un elemento se ha convertido en cenizas. Una parte de la madera ha perdido su ser de madera para convertirse en ceniza.

Este elemento juega el papel material mencionado anteriormente: los filósofos lo llaman materia prima. Es un componente de toda la realidad natural. La materia prima es absolutamente indeterminada. Debe recibir otro principio para existir y ser material de tal o cual cosa.

El principio que da a la materia prima su determinación es la forma sustancial. Esta última no se limita a dar una cualidad como la forma accidental. Otorga al compuesto su naturaleza misma.

El mismo fenómeno ocurre en la nutrición. La comida se destruye por la digestión, pierde su naturaleza propia para ser asimilada por el organismo vivo. Una vez más, la materia se reviste de una nueva forma sustancial, la de los vivos.

* Las funciones propias de la forma sustancial son tres

La forma sustancial es un componente de las cosas completamente indeterminado, capaz de ser materia de toda la realidad. La primera función de la forma sustancial es, por tanto, dar naturaleza a la materia.

La forma es el principio de unidad de la cosa. Une lo que, en sí mismo, es diverso. Esto significa que en los vivos es la forma la que preside la organización y el crecimiento del cuerpo. Dirige las transformaciones de la materia para convertirla en un todo coherente y organizado.

Finalmente, la forma sustancial da la existencia a todo ser. En ella encuentra su plenitud. En el lenguaje filosófico se dice que la forma es el acto de la materia.

Estas consideraciones son decisivas para responder a la tesis de la reencarnación.

En los seres vivos, la forma sustancial es su alma. El alma es el principio vital del cuerpo. Ahora bien, la vida es "movimiento por sí mismo". Así, el alma, principio de vida y principio de acción de los vivos, es también el principio de su ser, es su forma. Esta definición proporciona nuevas respuestas a la reencarnación.

* La forma da a la materia su naturaleza

Si tal o cual animal es un gato, se lo debe a su alma felina. Un hombre cualquiera le debe a su alma humana el ser hombre. Por tanto, un alma no puede concebirse sin una relación con un cuerpo, y un alma determinada no puede dar otro ser que el propio.

Si, por tanto, la transmigración de las almas fuera posible, un individuo que hubiera sido, en una vida anterior, una ardilla o un puerro, sería para siempre una ardilla o un puerro. Si su alma fue la de un cerdo, es, en el sentido más estricto de la palabra, en su propia naturaleza, un cerdo.

* La forma es el principio de unidad de la cosa

Un alma de una especie determinada desarrollará un cuerpo que corresponda exactamente a su naturaleza, lo que le permitirá realizar los actos que le son propios. Esto es cierto no solo a nivel de las especies (a un alma humana, un cuerpo humano) sino también en cada individuo. Lo que contradice absolutamente la reencarnación. Esta última solo sería posible para un alma en un cuerpo absolutamente idéntico.

Una objeción, aducida por muchos seguidores de la metempsicosis, considera la presencia del alma en el cuerpo como un castigo, una esclavitud de la que uno debe ser liberado tanto como sea posible. La respuesta es que el cuerpo es el órgano, el instrumento del alma. No es una humillación para un obrero utilizar una herramienta. Por el contrario, la capacidad de utilizar un instrumento es un signo de dignidad para él.

Así, el hecho de que el alma sea la forma del cuerpo asegura al compuesto alma-cuerpo una unidad sustancial y única, al tiempo que le conserva al alma humana su dignidad como sustancia espiritual que sobrevive a la destrucción del cuerpo.

Esta función del alma prohíbe los dos excesos opuestos: el exceso de la reencarnación que niega toda solidaridad entre alma y cuerpo, y el error de quienes reducen el alma a la mera organización de la materia y, por tanto, niegan al alma humana el rango de sustancia espiritual indestructible.

P. Jean-Dominique, OP

Continuará...