¿Qué piensa la Iglesia de la reencarnación? (7)

Julio 31, 2021
Origen: fsspx.news
Misa de Réquiem

La reencarnación ejerce una verdadera fuerza de seducción sobre las mentalidades occidentales. Después de una presentación general en el primer artículo, el segundo habló acerca de los juicios de la Iglesia sobre esta creencia. El tercero y cuarto presentaron los puntos de conflicto entre la metempsicosis y el dogma católico. Los siguientes artículos examinarán la cuestión desde la perspectiva de la filosofía.

Resumamos las conclusiones adquiridas en los artículos anteriores:

- El alma es el principio vital del cuerpo, por lo tanto, está en una relación necesaria con un cuerpo. Contrario a lo que establece la tesis de la reencarnación, lo vivo no es solo el alma, sino el compuesto alma-cuerpo.

- El alma es la forma del cuerpo. Por tanto, el alma le da al cuerpo su esencia. Un alma humana no puede comunicar la naturaleza vegetal a un cuerpo.

Por consiguiente, el análisis cuidadoso de la naturaleza del alma invalida la tesis de la reencarnación. El estudio de las potencias del alma confirma este resultado. Nos limitaremos aquí a las potencias que guardan una relación más estrecha con nuestro tema: la inteligencia y la memoria.

La inteligencia humana

Los filósofos oscilan entre dos concepciones contradictorias de la inteligencia humana. A algunos les gustaría reducirla a un fenómeno biológico. Aquello que llamamos mente sería solo el ejercicio de un cerebro desarrollado o de la imaginación. Esta es la tendencia sensualista.

Para otros, por el contrario, la inteligencia humana sería un espíritu puro caído. Estos últimos le dan la estructura de la inteligencia divina que crea su objeto, o la de los ángeles que reciben su conocimiento por medio de iluminaciones procedentes de lo alto. Esta es la tendencia idealista. Esta corriente es la fuente de la versión contemporánea de la tesis de la reencarnación.

Dado que la inteligencia humana nace, según se dice, para estar en relación directa con el mundo espiritual, su permanencia en el cuerpo no es natural. Oscurece la mirada del alma y la inteligencia. La unión del alma y el cuerpo, por tanto, va en detrimento del alma, que se encuentra paralizada por su caída.

Santo Tomás responde a esta visión en un artículo de singular belleza1, en el que brillan tanto el sentido común como la sabiduría del médico.

Aclaremos primero una cuestión de método: como dijimos anteriormente, el cuerpo es para el alma, es ella la que lo determina y lo construye. Entonces para saber si la unión del alma humana con el cuerpo es buena, o por el contrario, si es dañina para el alma, es necesario analizar la estructura de esta última, y, en el caso que nos ocupa, la naturaleza propia de la inteligencia humana.

"Ahora bien, el alma intelectiva (...) ocupa el grado más bajo entre las sustancias espirituales, ya que no tiene, por naturaleza, un conocimiento infuso de la verdad, como los ángeles, sino que debe extraerlo de las cosas materiales a través de los sentidos".

"Como nos muestra la experiencia, mientras el alma esté unida al cuerpo, no puede conocer nada excepto recurriendo a las imágenes de las cosas sensibles2. La inteligencia en sí misma es como un tablero en blanco. Solo puede formar conceptos a partir del mundo que la rodea.

"Es necesario, pues, que el alma intelectiva tenga, no solo la facultad de entender, sino la de conocer por los sentidos. Era necesario que el alma intelectiva tuviera también la virtud de sentir. Sin embargo, la acción de los sentidos solo puede realizarse con un instrumento corporal. Por tanto, era necesario que el alma intelectiva se uniera a un cuerpo que pudiera ser el órgano propio de los sentidos3".

El análisis realista de la inteligencia humana, su funcionamiento, sus límites, nos muestra, por tanto, que la unión del alma y el cuerpo es una necesidad de la naturaleza. "Es por el bien del alma que se une al cuerpo y que conoce recurriendo a las imágenes de las cosas sensibles4".

Un nuevo argumento, por tanto, que refuta la reencarnación.

La memoria

Recordemos el mensaje religioso de la metempsicosis: las almas experimentan una sucesión de vidas terrenales en expiación por sus faltas pasadas. Pero para que un castigo sea significativo, el perpetrador debe recordar al menos un poco de los actos ofensivos. Y, de hecho, aunque el caso es raro, hay personas que afirman recordar sus vidas pasadas.

El señor Paco Rabanne asegura, por ejemplo, que formó parte de la conspiración que intentó asesinar a Tutankamón, en Egipto, y que recuerda los más mínimos detalles del asunto5. ¡Bien! Pero, ¿qué es la memoria?

Si se trata de una facultad sensible, por tanto, ligada al cuerpo, ¿no debería desaparecer con él? Y si reside en la inteligencia, ¿puede conservar recuerdos sensibles y concretos, como colores, olores, circunstancias de tiempo y lugar? Santo Tomás resuelve esta dificultad en el artículo I, q. 79, a. 6

La "memoria" se puede entender de dos formas. En un sentido amplio, es una facultad cuya función es conservar un registro de las cosas. El acto mismo de conocer consiste en que el poder cognitivo posee en sí mismo, en cierto modo, el objeto mismo.

Ahora bien, sabemos por experiencia que, incluso después de abandonar lo conocido, guardamos la impresión de ello dentro de nosotros. Podemos traer de vuelta al campo de la conciencia tal idea, tal verdad.

Desde este punto de vista se puede decir que hay una memoria en la inteligencia, que en realidad no es otra cosa que la inteligencia misma. Cuando ya no está en contacto con su objeto, conserva el conocimiento que tenía de él, al menos inactivo, y puede reconsiderarlo a voluntad.

Sin embargo, debemos destacar que una potencia solo puede conservar lo que ha recibido. Si introduzco cierta información en la memoria de una computadora, esa es la información que conservará. Pero la inteligencia es una facultad espiritual. Las ideas que posee son abstractas, libres de cualquier consideración de tiempo y lugar.

En una persona, por ejemplo, la inteligencia considera solo su naturaleza humana, sus rasgos universales, no el color de su cabello o el tono de su voz. Solo la memoria sensible, por tanto ligada a la materia corporal, recibe y retiene estas circunstancias concretas.

No obstante, recordar no es solo considerar una cosa en nosotros mismos, con la información que hemos recibido de ella en el pasado. Es considerar su relación con el pasado. La memoria, en sentido estricto, se centra en el pasado como pasado. Consiste en ubicar la cosa en el pasado.

Estas cualidades me parecen las de algo que ya no existe y que existió en algún momento. La memoria, en sentido estricto, se ocupa de esta circunstancia que es el tiempo. Pero precisamente el pasado mismo es un carácter concreto, ligado a la materia. En este sentido, la memoria, no se encuentra, por tanto, en la inteligencia, sino en la sensibilidad ligada a la constitución del cuerpo.

Entonces, incluso si la reencarnación fuera cierta, sería estrictamente imposible recordar un evento tan concreto de nuestras vidas pasadas. Cada cambio de cuerpo destruiría ipso facto toda la información particular recibida en la vida pasada.

  • 1. I, q. 76, a. 5.
  • 2. I, q. 89, a. 1. Ver también I, q. 84, a. 7.
  • 3. I, q. 76, a. 5.
  • 4. Yo, q. 89, a. 1. En este artículo Santo Tomás dice que la unión del alma y el cuerpo es tan íntima que el conocimiento del alma unida al cuerpo es más perfecto que el del alma en estado de separación.
  • 5. Annick Lacroix, "¿Es posible la reencarnación?" Madame-Figaro, julio de 1989, p. 87.