¿Se le deben atribuir todas las perfecciones a la Madre de Dios?

Diciembre 11, 2021
Origen: fsspx.news

De Maria nunquam satis, “de la Virgen María nunca se dice lo suficiente”. Muchos Padres y teólogos atribuyen perfecciones únicas a María, incluidas algunas que no se mencionan en las Escrituras.

Algunos objetan que se corre el riesgo de llegar a tales excesos que la teología mariana se volvería ridícula, incluso herética. Añaden que es necesario atenerse estrictamente a lo que se revela explícitamente.

Es nuevamente Pío IX, en la bula Ineffabilis Deus, quien nos ayuda a comprender esta cuestión: "Dios eligió y señaló, desde el principio y antes de los tiempos, una Madre, para que su unigénito Hijo, hecho carne de ella, naciese, en la dichosa plenitud de los tiempos”.

“Él la eligió, determinó su lugar en el orden de sus designios; y en tanto grado la amó por encima de todas las criaturas, con tal amor de predilección, que en sola ella se complació de una manera singular con señaladísima benevolencia”.

“Así, la colmó tan maravillosamente con los tesoros de su divinidad, más que a todos los espíritus angélicos, más que a todos los santos, con la abundancia de todas las gracias celestiales, y la enriqueció con una profusión maravillosa, para que estuviera siempre exenta de toda mancha, completamente exenta de la esclavitud del pecado, toda bella, toda perfecta y en tal plenitud de inocencia y santidad que no se puede, exceptuando la de Dios, concebir una mayor, y ningún entendimiento que no sea el del mismo Dios puede medir tal grandeza. Y era convenientísimo que fuera así…”.

María fue dotada de insignes privilegios

Los teólogos señalan dos razones que justifican la atribución de los mayores privilegios a la Madre de Dios:

En primer lugar, la Virgen María fue elegida para la más alta misión confiada a una persona humana. Ahora bien, “a los que Dios ha elegido para una tarea, los prepara y dispone de tal modo que sean idóneos para realizar esa tarea”, dice Santo Tomás de Aquino (Suma Teológica III, 27, 4).

El Doctor Angélico añade en otro lugar que Nuestra Señora es la más cercana a Jesucristo, fuente de la gracia. Ahora bien, “cuanto más cerca está un ser de la causa que influye en él, más participa de ella”, dice el Doctor Angélico (III, 7, 1 y 27, 5).

Por tanto, conviene atribuir a la Virgen privilegios, incluso únicos, pero es necesario hacerlo con discernimiento:

– No debe ser nada contrario a la fe, a la doctrina de la Iglesia ni a la razón.

– Debe ser acorde a la Virgen, ya sea por quién es ella o por su Hijo.

– Debe tener un fundamento positivo en la Revelación.

Además, es necesario excluir las perfecciones que forman parte de la naturaleza angélica (la ciencia infusa per se), las que están reservadas al sexo masculino (el sacerdocio), las que impedirían la compasión (la gloria del cuerpo, o la impasibilidad), finalmente, todo lo que supondría una imperfección excluida por la fe (la virtud de la penitencia).

También hemos de abstenernos de afirmar lo que, sin falta de corrección, es sin embargo absolutamente gratuito: no se presumen los milagros.

Lo positivamente conveniente es más delicado: debe tener un fundamento en lo que se conoce, en lo que se sabe sobre la economía de la gracia habitual, y demostrar que la idea es tradicional.

Dicho esto, es cierto que la proximidad de Nuestra Señora con el Verbo Encarnado le confiere privilegios excepcionales, que van más allá de lo que implica la santidad común.