¿Sin intenciones idólatras?

Noviembre 08, 2019
Origen: fsspx.news

"Me gustaría decir una palabra sobre las estatuas de la Pachamama que fueron retiradas de la iglesia en la Traspontina, que estaban allí sin intenciones idólatras, y fueron arrojadas al Tíber. En primer lugar, esto sucedió en Roma y, como obispo de la diócesis, pido perdón a las personas que se han sentido ofendidas por este gesto". Así fue como Francisco, en su calidad de obispo de Roma, y por lo tanto como Papa, se expresó al día siguiente de la desaparición de cinco estatuillas de madera que fueron sustraídas de la iglesia de Santa María en Traspontina.

El domingo 21 de octubre, Alexander Tschugguel, un joven austriaco que se encontraba de visita en Roma, sustrajo, efectivamente, estos ídolos expuestos en una capilla desde el comienzo del Sínodo para la Amazonía, y los lanzó al río Tíber.

Ídolos honrados públicamente y transportados en andas

Representando a mujeres completamente desnudas, arrodilladas y embarazadas, con el rostro triste y maquillado, su identidad fue motivo de debate desde el 4 de octubre, día de la fiesta de San Francisco de Asís, donde aparecieron desfilando en procesión ante el Papa y los cardenales en los jardines del Vaticano.

Ese mismo día, un cortejo de laicos y religiosos se reunió alrededor de un mantel multicolor sobre el cual se encontraban colocados diversos objetos: remos, canoas, redes de pesca, muestras de tierra y granos, inciensos, una figura fálica, caracolas... y dos de estas estatuillas representando la fertilidad. Después de algunos cantos, todos se arrodillaron y se postraron en señal de adoración ante estos objetos inconexos y sospechosos. Posteriormente, tuvo lugar una procesión similar en la iglesia de Santa María en Traspontina, en la Basílica de San Pedro, donde apareció nuevamente la canoa, en el Aula Pablo VI y en el Aula Sinodal.

Al reconocer claramente que se trataba de representaciones de la Pachamama, un ídolo antiguamente adorado por los incas y cuyo culto sigue estando muy presente en los países andinos, el Papa disipó el misterio que rodeaba la identidad de estas estatuillas. Sin lugar a dudas, los católicos se postraron tanto en los jardines del Vaticano como en la iglesia de Santa María en Traspontina, frente a estas estatuillas que representan una deidad pagana. Fue en su compañía que se celebraron los ritos amazónicos durante las liturgias inculturadas. Fueron estas deidades las que estuvieron expuestas dentro de las capillas, llevadas en procesión e instaladas en un lugar de honor en la Asamblea Sinodal.

¿Dónde están los verdaderos confesores de la fe?

Parecía que el vicario de Cristo quería disipar de un manotazo el desasosiego e incomodidad que estos eventos provocaron: se llevaron a cabo "sin intenciones idólatras", declaró. ¿Eso quiere decir que los laicos y religiosos que se postraron ante estos ídolos de madera estaban fingiendo, o actuando en una especie de espectáculo y simulación?

¿Podemos imaginar acaso a los primeros cristianos ofreciendo sacrificios a los ídolos, depositando granos de incienso ante César o mezclándose con los sacrificios paganos aduciendo, en su defensa, que actuaron "sin intenciones idólatras"? Estos cristianos observaron religiosamente la grave advertencia de San Pablo: "Amados míos, huid de la idolatría" (1 Cor. 10:14), y nunca habrían perjurado.

En un artículo publicado anteriormente se demostró que la veneración de las estatuillas de la Pachamama fue un acto objetivamente idólatra. Es verdad que solo Dios escudriña los corazones y las intenciones, pero las acciones se relacionan con las personas que las llevan a cabo. Y de Dios, nadie se burla (Gálatas 6:7).

Los verdaderos testigos de la fe prefirieron derramar su sangre antes que simular acciones contrarias al primer mandamiento de Dios: "Adorarás al Señor tu Dios, y a Él solo servirás" (Mt 4:10). Es detrás de su estela que debemos caminar, fuertes en la fe y constantes en la prueba, guardándonos de los ídolos.

San Juan, apóstol de la caridad

"Quien cree que Jesús es el Cristo, es engendrado de Dios. Y todo el que ama (al Padre) que engendró, ama también al engendrado por Él. En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios: cuando amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos. Porque este es el amor de Dios: que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son pesados; porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y la victoria que ha vencido al mundo, es nuestra fe.

"Sabemos que todo el que es engendrado de Dios no peca; sino que Aquel que fue engendrado de Dios le guarda, y sobre él nada puede el Maligno. Pues sabemos que nosotros somos de Dios, en tanto que el mundo entero está bajo el Maligno. Sabemos que el Hijo de Dios ha venido y nos ha dado entendimiento para que conozcamos al (Dios) verdadero; y estamos en este Dios verdadero, (estando) en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios y vida eterna.

"Hijitos, guardaos de los ídolos" (1 Jn. 5).