33° peregrinación nacional en honor a Cristo Rey - CDMX 2019

Noviembre 13, 2019
Origen: Distrito de México

Con el corazón de los fieles puesto en el deber de transmitir lo recibido y hacerse otra vez como niños para entrar en el reino de los cielos, la Fraternidad Sacerdotal San Pio X realizó la peregrinación anual de Cristo Rey el 27 de octubre de 2019 en la Ciudad de México.

Al grito de ¡Viva Cristo Rey y Santa María de Guadalupe!, se dieron cita a las 8:30 de la mañana sacerdotes, hermanos y fervorosos grupos de apostolado, así como una asistencia de 1,700 fieles que avanzaron rezando, cantando y meditando en los misterios de nuestra fe, dando testimonio de que Cristo es Rey de todo lo creado y de que es preciso que todas las cosas se instauren en Cristo.

Primero unas palabras del R.P. Pablo Guiscafré hicieron reflexionar que cuando el ser humano ha dejado de hacerse otra vez como niño, se filtra la soberbia en su corazón, buscando su propia gloria, lo que hace que se vuelva esclavo de su sus pensamientos y apetitos desordenados.

Asimismo, recordó cómo es que desde el Génesis hasta nuestros días el ser humano se ha alejado de Dios cuando ha abandonado la transmisión humilde de la fe que ha revelado a través de nuestros primeros padres: los patriarcas, los profetas, los apóstoles, los padres y doctores de la Iglesia, así como por el magisterio enseñado cristalinamente por los Papas hasta antes del Concilio Vaticano II, a partir del cual nuestra Santa Madre Iglesia padeció la infiltración del veneno modernista a través de hombres que no quisieron hacerse como niños humildes que reciben y transmiten lo que su Padre celestial les ha confiado como el más grande tesoro.

El corazón de los peregrinos se conmovió al caer en la cuenta de que la tierra que pisaban, es la tierra donde la Santísima Virgen de Guadalupe se quedó y trajo como fruto la conversión de nueve millones de indígenas en menos de diez años; no elevando a los altares a los ídolos que tenían sojuzgados a esos indios, ni mezclando ritos paganos con el culto al Dios verdadero, sino pronunciando con firmeza y ternura que ella "es la siempre Virgen María, Madre del verdadero Dios por quien se vive: del Creador en quien está todo: Señor del cielo y de la tierra". Y para que no quedara duda alguna de que su voluntad era desterrar todo culto pagano, lo primero que solicitó nuestra Madre es que deseaba vivamente que se le erigiera un templo, para en él mostrar y dar todo su amor, compasión, auxilio y defensa, pues ella es Madre del Dios verdadero y Madre nuestra.

Los peregrinos meditaron que la venida de la Virgen de Guadalupe a estas tierras era un acto de amor que nos traía al verdadero Dios, quien fue entendido por los nativos como la raíz de todo, Aquel por quien vivimos y todo se mueve, creador de las personas, Señor del cielo y de la tierra.

En el centro de la evangelización de este continente, la peregrinación apartó su corazón de todo sincretismo y tendencia idólatra; avanzó haciéndose una con el corazón de los primeros misioneros franciscanos que amaron a los nativos y respetaron sus derechos naturales; pero, sobre todo, desterraron el culto pagano de las comunidades, a fin de que la pureza de la fe se transmitiera mediante el culto plenamente católico, porque en realidad los amaban con caridad cristiana.

Lo anterior fue así, porque el R.P. Jorge Amozurrutia no dejó de recordar que el veneno modernista impide la transmisión de la fe y contamina la pureza de la Tradición, lo cual se ejemplifica con lo ocurrido en el Sínodo para la Amazonía que tristemente se constituye como un fruto del Concilio Vaticano II.

En un momento histórico en el que las tendencias idólatras y sincréticas silencian el mensaje evangélico y confunden a millones de personas respecto de lo que es compatible e incompatible con el culto y las costumbres católicas, los peregrinos no dejaron de pedir a Dios que los pastores de la Iglesia sean verdaderos instrumentos para transmitir la fe del Dios verdadero, esa fe que no duda en apartar de los fieles los elementos culturales que dan culto a la muerte, que celebran el Halloween, que se entregan a limpias y ritos paganos que elevan a los altares o veneran ídolos como la Pachamama (en la Amazonía) o Coatlicue ("Sincretismo" en Guadalajara, México).

A su paso, los fieles peregrinos meditaron en que la fe debe transmitirse como se recibió, sin vanagloria, sin aplazar la tarea encomendada y sin tendencias idólatras disfrazadas de fraternidad y ecologismo, pues de lo contrario se peca contra el primer mandamiento y se corta el hilo conductor que sirve de cimiento y tierra firme para que los más jóvenes forjen su vida sobre roca, pues como bien nos enseñó Nuestro Redentor, cualquiera que escucha sus palabras y las pone en práctica, será semejante a un hombre cuerdo que fundó su casa sobre roca y cayeron las lluvias, y los ríos salieron de cause, y soplaron los vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa, mas no se desplomó, porque estaba fundada sobre roca, pero cualquiera que oye estas sus palabras y no las pone por obra, será semejante a un hombre insensato que edificó su casa sobre arena y cayeron las lluvias y los ríos salieron de cause, y soplaron los vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa, la cual se desplomó y su ruina fue grande (Mt. 7, 24-27).

La peregrinación avanzó a paso firme haciendo público el tesoro de nuestra fe, nos hizo recordar que, en 1531, hace 488 años, Nuestra Señora de Guadalupe vino a estas tierras para quedarse y protegernos contra los embates de un enemigo que anda como león rugiente rondando para devorarnos (1 Pedro 5,8) y destronar a Cristo del lugar santo e imponer en su lugar ídolos paganos y ritos supersticiosos. Porque el demonio siempre ha sido el farsante por antonomasia, es decir el antagonista de Dios.

Llegados al atrio de la Basílica de Guadalupe, el R.P. Jorge Amozurrutia dirigió la consagración al Inmaculado Corazón de María del Distrito de México, y así todos se entregaron a su protección y socorro.

Estar allí y ver el ayate de la Virgen de Guadalupe fortaleció a los fieles, y el cansancio se olvidó por un momento, pues saben que nuestra Madre nunca nos abandona, ni dejará solos a los más jóvenes de nuestras comunidades; sintieron su pequeñez en medio de la tormenta que sacude a la Iglesia, pero al mismo tiempo tuvieron la certeza de que la travesía se realiza en la barca de Pedro, y aunque parezca que Nuestro Señor no interviene, lo cierto es que calmará la tempestad cuando le plazca, convirtiendo a esa nave aparentemente indefensa, en la única segura de llevarnos a la Patria celestial donde seguirá una gran bonanza (Mateo 8, 23-27).

Terminada la visita a nuestra Madre del Cielo, los fieles se dirigieron al Convento de las Madres Mínimas Franciscanas para asistir a la primera Santa Misa cantada de un joven sacerdote.

Tuvo un significado profundo, pues hizo un llamado de atención evangélico para que los jóvenes no sean insípidos y respondan con valentía a los inagotables esfuerzos que nuestros padres y nuestros pastores han hecho por transmitir el tesoro de la fe que recibieron, incluso a costa de su vida, para que no olviden que son la sal de la tierra y que si la sal se hace insípida, con qué se le devolverá su sabor, para nada sirve ya, sino para ser arrojada y pisada por las gentes (Mt. 5, 13); el ejemplo del joven sacerdote resonó entre los peregrinos en el tono en que Cristo dijo: “vosotros sois la luz del mundo, no se puede encubrir una ciudad edificada sobre un monte; ni se enciende la lámpara para ponerla debajo de un celemín, sino sobre un candelero a fin de que alumbre a todos los de la casa. Brille así vuestra luz de manera que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mt. 5, 14-16).

DIEGO FRANCISCO CASANUEVA RIVERO