50° aniversario de la Misa Nueva: la preparación del Concilio Vaticano II (22)

Agosto 04, 2020
Origen: fsspx.news
Cardenal Léon-Joseph Suenens

El Novus ordo missae fue promulgado por Pablo VI en 1969. Instituyó la misa nueva implementando el Concilio Vaticano II y su constitución Sacrosanctum concilium sobre la liturgia (4 de diciembre de 1963). Esta constitución tiene una historia propia, muy reveladora de la preparación de los espíritus.

El 25 de enero de 1959, el papa Juan XXIII anunció al mundo su decisión de convocar un concilio general. Una vez pasada la sorpresa, comenzó el tiempo de la preparación.

Una comisión antepreparatoria

El 17 de mayo de 1959, el Papa nombró una comisión destinada a identificar los temas que serían tratados por el futuro concilio. Esta comisión, conformada por unos cuantos miembros de la Curia, estaba presidida por el cardenal Domenico Tardini, secretario de Estado de la Santa Sede. El 18 de junio, la comisión envió una carta a todos los obispos del mundo, "para conocer [sus] opiniones y juicios", y para "recabar las consilia y los vota de los obispos llamados a participar en el concilio ecuménico1".

Este modo de proceder no era completamente nuevo. En el pasado, llegó a suceder que se consultaba al episcopado para determinar los temas a tratar por un concilio. Pero la escala de la consulta no tenía precedentes. La proporción de las respuestas -denominadas como vota en los archivos- fue significativa, y permitió que la comisión trabajara durante el otoño y el invierno de 1959.

Una vez seleccionado y clasificado, el material recopilado permitió a la comisión organizar los temas a tratar y proponer una síntesis al Papa y a los dicasterios. Esta labor culminó en propuestas concretas de los temas que el Concilio podría tratar. Por lo tanto, la fase preparatoria podía comenzar.

La preparación del Concilio

El papa Juan XXIII promulgó el 5 de junio de 1960 el motu proprio Superno Dei nutu que inauguró el período preparatorio propiamente dicho. A partir de ese momento, los temas, extraídos de los vota del episcopado mundial, serían reunidos y presentados en forma de esquemas2 por comisiones ad hoc. Estas comisiones preparatorias estaban conformadas por miembros designados por el Papa. Las diez comisiones eran supervisadas ​​por una Comisión Central presidida por el Papa. Monseñor Marcel Lefebvre formaba parte de esta comisión. 

La comisión litúrgica estaba presidida por el prefecto de la Congregación de Ritos, el cardenal Gaetano Cicognani. El secretario era Annibale Bugnini. Esta comisión estaba integrada por algunas de las figuras más importantes del movimiento litúrgico: Cipriano Vagaggini, Bernard Capelle, Bernard Botte, Antoine Chavasse, Pierre Jounel, Aimé-Georges Martimort, Josef Jungmann, Pierre-Marie Gy, OP.

El esquema sobre la liturgia

No se puede negar que el Padre Bugnini poseía un extraordinario espíritu de organización. Él era el alma de la comisión sobre la liturgia, como también sería el maestro de obras de la misa nueva. Poseedor de un espíritu emprendedor, él mismo agregó áreas de trabajo a las que le habían sido asignadas. Siete temas fueron encomendados a la comisión: el calendario litúrgico, los textos y las rúbricas de la misa, algunos otros ritos (bautismo, confirmación, extremaunción y matrimonio), el breviario, el uso de la lengua vernácula y las vestimentas litúrgicas.

Bugnini "no se sentía obligado a limitar su trabajo a estos temas3" por lo que agregó otros cinco: la concelebración, la formación litúrgica, la participación de los fieles, la adaptación litúrgica, la música y el arte sacro. Estas adiciones no eran cosa menor, ya que incluían, en particular, la participación de los fieles, que se convertiría en la piedra angular de la futura constitución sobre la liturgia.

El texto del esquema preparatorio se completó en enero de 1962. El cardenal Cicognani estaba muy asustado por el giro que habían tomado los trabajos preparatorios. Dudó mucho antes de colocar su nombre en la parte inferior del esquema, el 1 de febrero de 1962. Murió cuatro días después, el 5 de febrero, a la edad de 80 años.

El texto presentado por la comisión litúrgica preparatoria incluía un prefacio y ocho capítulos. Es muy destacable el hecho de que la constitución final, después de las discusiones en el aula conciliar, retomó completamente el plan del esquema, con la única diferencia de que los capítulos 6 y 8 se unieron para formar el capítulo 7. Incluso los títulos de los capítulos eran idénticos palabra por palabra.

Los otros esquemas

Durante el período preparatorio, las otras nueve comisiones también realizaron un trabajo monumental. El resultado fue impresionante, al menos cuantitativamente, ya que había por lo menos 72 esquemas. Eran de tamaño desigual, y algunos se podían mezclar fácilmente con otros.

Esta gran cantidad de esquemas fue quizás algo pletórica. Indudablemente reflejaba una cierta falta de coordinación entre las comisiones preparatorias. Pero la capacidad de los miembros y la seriedad del trabajo garantizaban la calidad esperada de los textos destinados a ser presentados en el aula de un concilio ecuménico.

  • 1. Historia del Concilio Vaticano II, 1959-1965, t. I, El catolicismo hacia una nueva era, Cerf, 1997, p. 109
  • 2. Textos sobre un tema determinado y limitado, propuestos a los miembros del Concilio y destinados a ser discutidos durante las asambleas conciliares.
  • 3. Historia del Concilio Vaticano II, p. 230.
Cardenal Paul-Emile Léger

Una preparación que terminó antes de empezar... salvo una excepción

Sin embargo, se alzaron varias voces para protestar contra la preparación del Concilio y muchos de sus esquemas. Los teólogos progresistas, los obispos y los cardenales de tendencias modernistas veían escapar una oportunidad única en la vida para suscitar una evolución de la Iglesia en "el sentido de la historia". Por eso emprendieron el asedio del Papa.

La intervención principal fue llevada a cabo por el cardenal Suenens, quien relata este episodio1. Ya en marzo de 1962, durante una audiencia, se quejó "al papa Juan XXIII sobre el número, en [su] opinión abusivo, de los esquemas preparados". Entonces, el Papa le pidió "despejar el terreno y elaborar un proyecto para él basado en estos esquemas preparados". Suenens escribió rápidamente una nota al Papa y, a fines de abril, le envió un plan completo de reestructuración general.

Posteriormente, Suenens comunicó este plan al cardenal Montini -futuro Pablo VI- así como al cardenal Liénart. El Papa pidió a su secretario de estado, el cardenal Amleto Cicognani, que distribuyera el texto a otros cardenales. A principios de julio, se reunieron los cardenales Montini, Siri y Lercaro. Todos se sumaron al plan propuesto. La similitud entre las líneas de este plan, el radiomensaje del papa Juan XXIII el 11 de septiembre de 1962 y el discurso de apertura del Concilio, un mes después, es sorprendente.

Hubo otro grupo que influyó también en la preparación conciliar. Compuesto por los cardenales Frings, Döpfner, König y Alfrink, estaba liderado por el cardenal Léger, quien dirigió una petición al Papa: "una larga carta de 12 páginas cuyo objetivo era alertar al Papa sobre los preparativos para el Concilio, especialmente sobre el carácter sumamente insatisfactorio de los esquemas propuestos. Escrita en Montreal, a principios de agosto de 1962, esta carta recorrió algunos de los grandes obispados de Europa antes de llegar a Juan XXIII". Apoyada primero por Montini, esta petición fue firmada por los cardenales Frings, Döpfner, König, Léger, Suenens y Alfrink.

Estas intervenciones, permitidas e incluso alentadas por el papa Juan XXIII, conducirían, desde el comienzo del Concilio, al rechazo o al rediseño completo de todos los esquemas presentados por las comisiones preparatorias. Con excepción de uno solo: el de la liturgia. Bajo la dirección de Bugnini, sus autores habían asegurado un texto satisfactorio para los amantes de las novedades.

¿Por qué esta actitud del papa Juan XXIII? ¿Cómo fue posible que la importante labor realizada durante dos años por siervos fieles del papado, en particular por la curia romana, guardiana de las tradiciones, cayera en el olvido tras la intervención de unos pocos cardenales? Este cambio favoreció a los partidarios de una reforma exhaustiva, y les dio alas para invertir el Concilio y revolucionar la Iglesia. Las fuerzas progresistas estaban listas y a la espera de que algo así sucediera.

Fue una imprudencia extremadamente grave de la que Juan XXIII fue culpable, incompatible con la verdadera santidad. Detrás de esta imprudencia surge una complicidad real, que algunos calificarían como duplicidad. Esta forma de actuar recuerda el destino de la constitución Veterum sapientia que reveló esta faceta del papa Juan. Como un caso de prueba o un ensayo general antes de arrasar con todo el trabajo preparatorio para el Concilio Vaticano II.

  • 1. L. J. Suenens, "En los orígenes del Concilio Vaticano II", en Nouvelle revue theologique, 107, 1985, n ° 1, pp. 3-21.