8 septiembre – Natividad de la Santísima Virgen María

Septiembre 07, 2019
Origen: fsspx.news
La Natividad de la Santísima Virgen María

Hoy es el día del nacimiento de la Santísima Virgen, canta la Iglesia: Nativitas est hodie sanctae Mariae Virginis.

Nos hizo el cielo en este día un magnifico presente, un presente de inestimable valor, dice San Bernardo. Este fue propiamente el día en el cual se comenzaron a disipar las espesas tinieblas en que por más de cinco mil años yacía sepultado el mundo, rayando la primera luz en el nacimiento de aquella brillante aurora, esperada por tantos siglos, y objeto tan largo tiempo de los anhelos y deseos de tantos patriarcas y profetas. Celebremos todos el nacimiento de la Madre de Dios, dice San Juan Damasceno, por la cual fue como reintegrado todo el género humano, siendo ella la que convirtió en alegría la tristeza que nos causó nuestra primera madre Eva.

Así como la aurora es el fin de la noche, dice el abad Ruperto, de la misma manera este nacimiento fue el fin de nuestros males, y el principio de nuestra dicha y de nuestro consuelo.

Hasta entonces no había visto el mundo nacimiento más recomendable, así por la nobleza de la sangre y circunstancias de sus padres, como por la santidad y por el mérito de aquella tierna Niña que nacía para consuelo de todo el universo, y para admiración de toda la corte celestial.

El milagroso nacimiento de aquella Niña fue presagio cierto de su mérito y de su excelencia. ¡Oh dichosos padres, exclama San Juan Damasceno, que disteis a luz una Virgen que será Madre de Dios sin dejar de ser hija vuestra! ¡Dichoso el vientre, oh, Virgen Santa, que te llevó, y dichosos los pechos que te amamantaron! Dénse prisa todos los fieles, exclama el devoto Sergio de Hierápolis, por venir a saludar a la que acaba de nacer, porque antes de su nacimiento estaba predestinada para ser Madre de Dios, y con ella renace y se renueva el mismo mundo. Venid, pueblos; venid, naciones, de cualquiera condición que fuéreis; venid a celebrar el nacimiento de esta Virgen, con la cual, por decirlo así, nació nuestra salvación.

¿Cuándo hubo motivo más justo de regocijo? ¿En qué otro día hemos de expresar más nuestro alborozo, puesto que en el nacimiento de la Santísima Virgen, como dice San Ildefonso, comenzó en cierta manera el nacimiento de Jesucristo? Hasta aquí solo había mirado Dios la tierra como región de llantos, destinada para morada de miserables delincuentes; pero desde el mismo instante en que María se dejó ver en el mundo, ya hay en él un objeto en que se complace mucho el mismo Dios, y ya no le puede mirar con ojos siempre irritados.

Esta fue la Santísima Virgen desde el primer instante de su Inmaculada Concepción; y habiéndose multiplicado en todos los instantes aquel inmenso caudal de gracias, de luces, de sabiduría y de virtudes, concibamos, si fuera posible, cuál sería el tesoro de merecimientos con que se hallaría enriquecida el día de su nacimiento.