Archivo especial: “Traditionis custodes” (3)

Agosto 25, 2021
Origen: fsspx.news
Universidad Pontificia de San Anselmo

Segunda parte. La cuestión de fondo: la misa de Pablo VI es la misa del Concilio.

En el Motu proprio Traditionis custodes, el Papa Francisco implementa toda una serie de medidas destinadas a circunscribir la Misa Tridentina, con la esperanza de hacerla desaparecer en beneficio exclusivo de la Misa de Pablo VI.

Tal implacabilidad nos lleva a formular distintas preguntas: la primera cuestionó las motivaciones, expuestas u ocultas, dadas en la carta de presentación. La segunda abordó la cuestión de fondo: el vínculo entre el Concilio y el Novus Ordo.

La cuestión de fondo no es la unidad de la Iglesia, como afirma el Motu Proprio. Esta unidad se ve seriamente socavada, doctrinal y moralmente, por los actos y declaraciones de Francisco: la comunión concedida caso por caso a los divorciados "vueltos a casar" por Amoris laetitia (19 de marzo de 2016); la declaración interreligiosa de Abu Dabi co-firmada con el gran imán de Al-Azhar (4 de febrero de 2019); la veneración idólatra de la Pachamama en el Vaticano durante el Sínodo sobre la Amazonía (4 de octubre de 2019)...

Como lo señaló muy claramente el Padre Davide Pagliarani, Superior General de la Fraternidad San Pío X, en una carta enviada el 22 de julio de 2021 a los sacerdotes y fieles, se trata principalmente de una cuestión de fe: "la Misa Tridentina expresa y transmite una concepción de la vida cristiana y, por consiguiente, una concepción de la Iglesia, absolutamente incompatible con la eclesiología salida del Concilio Vaticano II.

"El problema no es simplemente litúrgico o estético, ni puramente formal. El problema es a la vez doctrinal, moral, espiritual, eclesiológico y litúrgico. En definitiva, es un problema que afecta a todos los aspectos de la vida de la Iglesia sin excepción: es una cuestión de fe".

Y añade: "La batalla de estos últimos cincuenta años, que el 16 de julio acaba de experimentar un momento ciertamente significativo, no es la guerra entre dos ritos: es de hecho la guerra entre dos concepciones diferentes y opuestas de la Iglesia y de la vida cristiana, absolutamente irreductibles e incompatibles entre sí".

"Parafraseando a San Agustín, podríamos decir que dos Misas construyen dos ciudades: la Misa antigua ha construido la ciudad cristiana, y la Misa Nueva pretende construir la ciudad humanista y secular".

Más adelante, el Padre Pagliarani afirma la necesidad de una elección fundamental: "Nadie puede dudar que, durante estos últimos años, muchos sacerdotes y muchos fieles han descubierto esta Misa, y que a través de ella se han acercado a un nuevo horizonte espiritual y moral, que les ha abierto el camino de la santificación de sus almas.

"Las últimas medidas que se acaban de tomar contra la Misa obligarán a estas almas a sacar todas las consecuencias de lo que han descubierto: les toca ahora elegir –con los elementos de discernimiento que están a su disposición– lo que se impone a toda conciencia católica bien esclarecida. 

"Muchas almas van a enfrentarse a una elección importante respecto de la fe, porque –repitámoslo– la Misa es la expresión suprema de un universo doctrinal y moral. Se trata, pues, de elegir la fe católica en su totalidad, y por ella a Nuestro Señor Jesucristo, su cruz, su sacrificio y su realeza. Se trata de elegir su Sangre, de imitar al Crucificado y de seguirlo hasta el fin con total, radical y constante fidelidad".

El 19 de julio, el Padre Jean-Michel Gleize, profesor de eclesiología en el Seminario San Pío X, en Ecône, escribió en La Porte Latine: "La iniciativa del Papa no resulta nada sorprendente. Incluso tiene lógica. Y uno bien podría preguntarse si no era inevitable. Porque la situación de los dos ritos, el de san Pío V y el de Pablo VI, es precisamente la descrita en el reciente Motu proprio Traditionis custodes: una situación de convivencia imposible, incluso en el plano de los principios litúrgicos.

"Más allá de las situaciones fácticas y del estado infinitamente variable, pacífico o conflictivo, que concierne a las personas, existe fundamentalmente una oposición formal de doctrina entre la Misa de San Pío V y el nuevo rito de Pablo VI. Porque la liturgia es un lugar teológico. La brecha entre las dos liturgias corresponde a un abismo, que separa dos concepciones de la Iglesia y de la fe".

Y precisa: "Francisco es mucho más lógico que Benedicto XVI si se sigue el adagio según el cual la ley de la fe es la base de la ley de la oración, lex orandi, lex credendi. Si la nueva creencia es la del Concilio Vaticano II, la nueva liturgia que debe corresponderle solo puede ser la de la Misa Nueva de Pablo VI, y no la de la Misa antigua, que es la expresión de una doctrina contraria en más de un punto a la de Vaticano II. [...]

"En efecto, el rito tradicional de la Misa es la expresión completa y necesaria de la fe de la Iglesia, en contraposición a un nuevo rito que (según las palabras del Breve Examen Crítico) se aparta de él de manera impresionante tanto en conjunto como en los detalles. [...]

"Benedicto XVI quería que, para una misma lex orandi hubiera dos expresiones, una de las cuales (la de la Misa de San Pío V) sería extraordinaria en comparación con la otra (la de la Nueva Misa de Pablo VI). Benedicto XVI introdujo, por tanto, en la liturgia de la Iglesia el dualismo imposible de un bi-ritualismo, un dualismo imposible al nivel mismo de los principios de la liturgia".

La confirmación de dos conciliares

Si fuera necesario, he aquí una confirmación aportada por un progresista recalcitrante, Andrea Grillo, profesor de teología sacramental en la Universidad Pontificia de San Anselmo en Roma, un militante activo de la supresión de Summorum pontificum.

Desde el 21 de enero de 2019, publicó un artículo en el sitio Munera titulado "El pecado de Ecclesia Dei se llama Summorum pontificum", que decía: "El meollo de la cuestión y el principio de la distorsión radicaban en el Motu proprio Summorum pontificum que introdujo un paralelismo de formas rituales en la vida de la Iglesia, con el pretexto de no tocar su doctrina y no socavar la reforma litúrgica".

Y afirma lógicamente: "La solución 'universal', introducida de forma forzosa desde el punto de vista doctrinal y jurídico por Summorum pontificum, engendra una Iglesia que no es universa, sino introversa, y contradice seriamente las decisiones del Concilio Vaticano II que pedían explícitamente la reforma de este rito que Summorum pontificum quisiera hacer universalmente accesible.

Este es el verdadero meollo del problema, el pecado que condujo a la supresión de Ecclesia Dei [17 de enero de 2019] y que debe conducir a una redefinición de la disciplina, para devolver la centralidad a la cuestión doctrinal y la competencia a los obispos diocesanos para cualquier decisión que sea una excepción al hecho de que solo hay una forma de rito romano en vigor, como lo deseaba el Concilio Vaticano II y la reforma litúrgica resultante, que debe ser reconocida como 'irreversible' tanto doctrinal como disciplinariamente".

Y, por si acaso fuera necesario, he aquí otra confirmación proporcionada por el académico Grégory Solari, entrevistado por cath.ch el 18 de julio, para quien la Misa Tridentina refleja una "eclesiología arcaizante que ya no remite a ninguna realidad eclesial existente".

Solari dice: "Entonces no es un problema de latín... ni de rito, mucho menos de Misa, sino de visión de la Iglesia, ya que la liturgia constituye el espejo de la Iglesia.

"Detrás de la coexistencia de dos formas, encontramos la competencia, si no de dos Iglesias, al menos de dos representaciones de la Iglesia, de su gobierno, de su relación con el mundo, de la relación entre pastores y bautizados, etc.

"En la visión tridentina, el sacerdote debe velar ante todo por la santificación de los fieles mediante la distribución de los sacramentos. De ahí la posición central del sacerdote, del sacerdocio sacramental, la bipartición cuidadosamente compartimentada entre la nave y los fieles simples y el santuario reservado a los clérigos.

"El Concilio Vaticano II se centra en la 'comunión', con las nociones de Pueblo de Dios, sacerdocio bautismal, participación activa, a lo que se suma hoy la sinodalidad, etc. La liturgia es el 'momento de la verdad' de la comunidad. Debe ser el testimonio, la expresión de su misión, una misión que no esté enraizada en el sacramento del orden, sino en el bautismo.

"Ahora bien, el rito tridentino, en la estructura del misal de 1962, no me parece capaz de expresar el carácter central de la gracia bautismal, tal como lo reafirma Vaticano II". - Al menos tiene el mérito de ser claro...

Por consiguiente, Grégory Solari no puede más que justificar la severidad del Papa: "Está motivada sobre todo por razones eclesiológicas. Una vez más, nada se comprende del gesto del Papa si no se ve que una disposición pastoral (el decreto de 2011) hizo posible, si no de facto, al menos como tendencia, la constitución de entidades eclesiales tentadas por una autonomía creciente.

"El restablecimiento de los libros litúrgicos tridentinos ha provocado gradualmente el resurgimiento de una Iglesia que ya no existe. Sin embargo, el Papa Francisco lo repite a menudo: el tiempo es más importante que el espacio. No es en el pasado donde encontraremos soluciones para proclamar a Cristo hoy". - Eso es falso, pero evidente.