Ave Maria

Mayo 17, 2019
Origen: fsspx.news

Estimados miembros de la Fraternidad, estimados lectores,

Con alegría inauguramos una nueva sección espiritual que estará dedicada especialmente a la Santísima Virgen. Lo hacemos en este 13 de mayo, aniversario de la primera aparición de la Virgen en Fátima, y en este año en el que celebraremos el 35º aniversario de la consagración de la Fraternidad San Pío X al Corazón Doloroso e Inmaculado de María, que Monseñor Marcel Lefebvre realizó en Ecône el 8 de diciembre de 1984. Esta doble evocación no debe, sin embargo, ser un recuerdo piadoso y un tanto sentimental, ciertamente agradable pero sin efecto en nuestra vida espiritual.

El propósito de esta nueva sección es despertar nuestras almas, reavivar nuestro fervor y mantener viva en nuestro espíritu la total dependencia de la Fraternidad San Pío X de Nuestra Señora.

Quisiera animarlos a leer y meditar esta consagración. Las palabras pronunciadas por nuestro fundador eran certeras y siguen siendo de gran actualidad: los errores denunciados en ellas no han desaparecido. Por el contrario, se han desarrollado y multiplicado como células cancerosas; han ganado terreno y parecen haberlo invadido todo. Mi intención no es hacer una observación negativa y desalentadora, como si todo lo que se ha hecho hubiera sido inútil. No, el combate continúa hasta haber ganado; la lucha para expulsar la enfermedad continúa mientras haya vida. Y lucharemos tanto como sea necesario, con las mismas armas: el recurso a la Virgen María, especialmente a su Corazón Inmaculado, refugio de pecadores y combatientes.

Nuestra querida Fraternidad está en medio de la tormenta que desde siempre se abate sobre la santa Iglesia de Jesucristo. Si no queremos perdernos o sumergirnos en el mar y en las olas de este mundo que se ha vuelto loco, entonces debemos fijar nuestros ojos y nuestros corazones en Aquella que resplandece con luz purísima, en la Estrella de la Mañana, que continuamente nos muestra el camino a seguir.

Por eso, queridos amigos, queridos lectores, no puedo sino animarlos a intentar vivir cada vez más la consagración hecha hace casi 35 años. Una consagración no es un texto hermoso que se lee una vez o cada aniversario, y que uno puede darse el lujo de olvidar después. Es un compromiso práctico y concreto en la vida cotidiana. Es una oración humilde, confiada y suplicante. Es un abandono amoroso, sin reservas y sin vuelta atrás. Todo ha sido dado y confiado en las manos de la Reina del Cielo: todos los miembros de la Fraternidad, su familia espiritual, sus bienes, sus casas, las almas de todos los fieles y el apostolado que se realiza en todo el mundo. "Nuestra Fraternidad es vuestra posesión", proclama el texto. Que no sean sólo palabras, sino una realidad cada vez más grande. Este es el deseo que formulo y dirijo al Cielo.

Cada sábado y en cada fiesta de la Santísima Virgen, encontrarán un nuevo texto que les ayudará en este sentido. Sean generosos y fieles en leerlos, meditarlos y ponerlos en práctica. Sólo Aquella que es sin pecado puede protegernos del error, la ceguera y el desaliento. Si pensamos que somos fuertes, caeremos. Pero si, convencidos de nuestra debilidad y fragilidad, nos dirigimos a Ella, entonces Ella nos abrirá su Corazón maternal, nos tomará bajo su protección y nos conducirá sanos y salvos al puerto de salvación.

R. P. Davide Pagliarani

Consagración de la Fraternidad San Pío X a la Santísima Virgen María y a su Corazón Doloroso e Inmaculado

A Ti recurrimos, Inmaculada Madre de Dios, en esta hora trágica de la humanidad, en medio de esta tempestad sin precedentes que conmueve desde sus cimientos a la Iglesia. ¡De qué compasión no estarás embargada ante la pasión de la Iglesia, Cuerpo Místico de Nuestro Señor, Tú, que de pie junto al Calvario, has participado tan íntimamente a los sufrimientos de tu Divino Hijo!

Mientras al exterior el comunismo extiende sus errores hasta infectar la misma Iglesia, en el seno de ésta la peste del falso ecumenismo envenena innumerables almas, descarriándolas o manteniéndolas fuera de la unidad de la verdadera fe y de la única Arca de salvación.

Quiera Dios, en medio de tantas ruinas y traiciones, según anteriores ejemplos, disponer nuestra Fraternidad Sacerdotal como un pequeño ejército de reconstructores. Mas, conscientes de su debilidad, ésta se vuelve hoy hacia Ti, Virgen poderosa, Auxilio de los cristianos. Ante la magnitud de nuestra misión y desconfiando de nuestras propias fuerzas, ¡oh Virgen terrible como ejército en orden de batalla, que has recibido desde el comienzo la promesa de aplastar la cabeza de la serpiente!, queremos amparamos bajo Tu maternal y poderosa protección. ¡Oh Arca de la Alianza!, en medio de los peligros que nos amenazan, suplicamos a Dios se digne confirmar por medio de Ti nuestra vocación de servir a la Iglesia.

Por ello, ¡oh Virgen Inmaculada!, prosternados hoy al pie de Tu trono de gracia y deseosos de acrecentar Tu alabanza y Tu gloria y a fin de sumar nuestra pequeña parte al amor filial de Cristo, Tu Hijo, bajo la advocación de Tu Corazón Doloroso e Inmaculado, Te consagramos, ¡oh dulcísima Madre!, de un modo irrevocable, la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, sus sacerdotes, sus seminaristas, sus hermanos, sus hermanas, sus oblatas, su Tercera Orden y toda su familia espiritual.

Para que seas desde ahora en adelante la Soberana de la Fraternidad, por un acto de perpetua donación entre tus manos, Te ofrecemos y entregamos nuestros bienes y nuestras casas, para que-Tú seas la verdadera Propietaria. Te entregamos y consagramos nuestros cuerpos y nuestras almas, nos consagramos nosotros mismos, para que dispongas de nosotros según Tu beneplácito. Te entregamos también las almas que nos han sido confiadas, para que las protejas con tu amparo maternal. Finalmente, ¡oh Reina de los Apóstoles!, Te confiamos nuestro apostolado, para que de ahora en adelante sea Tu apostolado.

Nuestra Fraternidad es desde ahora Tu dominio. ¡Oh Torre de marfil!, sostenla tan firmemente que jamás se aparte del buen camino. ¡Oh Virgen Fiel!, guarda a cada uno de sus miembros aferrados inquebrantablemente a ella. ¡Oh Virgen purísima! mantón inmaculada nuestra fe, Tú, que has recibido el poder de exterminar las herejías en el mundo entero. ¡Oh llena de gracia!, conserva en la Iglesia el Sacrificio de la Misa, en su antiguo y venerable rito romano, portador de gracias, y haznos permanecer fieles a él. ¡Oh Reina de todos los Santos!, haz florecer entre nosotros la santidad sacerdotal, religiosa y familiar. ¡Oh Madre de la Divina Gracia!, guarda nuestra Fraternidad como una rama fructífera y siempre viva de la Santa Iglesia Católica Romana. ¡Oh Madre de la Iglesia!, obtennos la gracia de ser un instrumento cada vez más dócil y más apto en las manos de Dios, para la salvación del mayor número posible de almas. Y para poder reconocer que escuchas nuestras oraciones, ¡oh Virgen clemente!, envíanos muchos de esos obreros a los que llama el Divino Señor de la mies. Concédenos, finalmente, ¡oh Madre del Sumo Sacerdote!, la gracia de contribuir a la restauración del sacerdocio católico y así, al esplendor del alma sacerdotal de Cristo, que finalmente llevará al establecimiento de Su Reino sobre los individuos, las familias y los estados.

Confiados en nuestro título de Apóstoles de Jesús y María, Te prometemos, ¡oh Reina de los Mártires y Confesores!, que trabajaremos hasta nuestro último suspiro por restaurar todas las cosas en Cristo, extender su Reino y preparar, oh María, el glorioso triunfo de Tu Corazón Doloroso e Inmaculado. Amén.