Cómo "Amoris lætitia" permitió a un periodista ver el Concilio claramente

Abril 08, 2021
Origen: fsspx.news

El vaticanista Aldo Maria Valli fue entrevistado en Radio Spada el 27 de febrero de 2021. Durante esta entrevista, explicó cómo descubrió la Tradición y los efectos del Concilio Vaticano II en la vida de la Iglesia. Compartimos a continuación los extractos más significativos de este valiente testimonio. Los pasajes en negrita son del equipo editorial de DICI.

Radio Spada: Si tuviera que resumir en unas pocas líneas su posición sobre este hecho histórico que representó Vaticano II y sus consecuencias para la Iglesia, ¿qué nos diría?

Aldo Maria Valli: Siento admiración por muchos de los participantes de las sesiones conciliares, y la Providencia me ha permitido conocer a algunos de ellos personalmente. Siempre he apreciado su pasión y amor por la Iglesia.

Habiendo crecido en la Iglesia posconciliar (en mi caso, en Milán), durante mucho tiempo ni siquiera sospeché que el Concilio pudiera llevar consigo las semillas de una evolución teológica y pastoral y, peor aún, de una desviación respecto a la Tradición y al depósito de la fe. Durante los años que seguí los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI como vaticanista, abracé la visión de lo que se conoce como "la hermenéutica de la continuidad".

Mis primeras perplejidades se remontan a mediados de los 90 del siglo pasado, cuando, por motivos profesionales, me mudé de Milán a Roma. Por paradójico que parezca, fue precisamente en Roma donde comencé a percibir los síntomas de una degradación, sobre todo litúrgica, que me llevó a plantearme algunas preguntas.

Luego, en el año 2000, durante el gran jubileo [del Año Santo], tuve por primera vez la oportunidad de observar y conocer a los sacerdotes de la Fraternidad San Pío X, durante su peregrinación, y me sentí edificado. Desde entonces, mi posición con respecto al Concilio se ha vuelto cada vez más crítica hasta que, con el pontificado de Francisco, pude ver todas las contradicciones internas.

En resumen, creo que la incoherencia fundamental, frente a la Tradición, se encuentra desde el discurso de apertura de Juan XXIII, Gaudet Mater Ecclesia. En el mismo momento en que afirma que la labor del Concilio es defender y difundir una doctrina cierta e inmutable, el Papa dice: "Por el momento, la Esposa de Cristo prefiere usar el remedio de la misericordia antes que las armas del rigor".

Aquí es donde radica el problema. Desde un punto de vista cristiano, no tiene sentido oponer la misericordia al rigor. Por el contrario, el rigor en la defensa y la difusión de la doctrina justa es la forma más elevada de misericordia, porque tiene por objeto la salvación de las almas.

Por esta brecha, abierta desde el inicio del Concilio, el relativismo se ha infiltrado en la Iglesia, los abusos y las traiciones han penetrado en ella. En resumen, el mundo ha entrado y el hombre ha sido puesto en el lugar de Dios. Por supuesto, el trabajo de la subversión ya había comenzado mucho antes, pero el Concilio actuó como detonador, también por un optimismo injustificado hacia la modernidad.

RS: A lo largo de los años, sus posiciones sobre estos temas se han acercado gradualmente a lo que, en términos periodísticos, se puede definir (y simplificar) como "tradicionalismo". ¿Hubo algún evento desencadenante que determinó este pensamiento de su parte?

AMV: El hecho desencadenante fue la publicación de Amoris lætitia, en 2016. Si bien las dudas ya estaban presentes a principios de este siglo, y habían aumentado gradualmente desde 2013, la elección de Francisco y la exhortación apostólica "Sobre el amor en la familia" definitivamente abrieron mis ojos.

No pude dejar de notar el hecho de que la ambigüedad y el relativismo, hasta el día de hoy, no solo habían penetrado en la Iglesia, sino que habían tomado la forma de un magisterio. Debo decir que, al principio, en lo concerniente a Amoris lætitia, estaba tan incrédulo que negué lo evidente. Así que releí el texto varias veces y finalmente tuve que reconocer, con dolor, la realidad.

El documento está impregnado de la idea de que existe un deber por parte de Dios de perdonar y un derecho del hombre a ser perdonado, sin necesidad de convertirse. La ley divina eterna se inclina ante la llamada autonomía del hombre.

El concepto de discernimiento se instrumentaliza para eximir del pecado. Yo diría que Amoris Lætitia validó la revolución que se había producido: no un cambio de paradigma (expresión nebulosa para justificar la subversión), sino el triunfo de la visión modernista, tanto en el contenido como en el método. […]

El precio de la fidelidad

RS: […] ¿Hasta qué punto cree que existe o que se está desarrollando la conciencia de que, más allá de lo que está haciendo el Papa Bergoglio, nos enfrentamos a una crisis provocada por el Concilio Vaticano II?

AMV: Es difícil plantear un panorama general, ya que las posiciones son muy diferentes. Están los ideólogos, los modernistas que dogmatizaron el Concilio y que atacan a todos aquellos que intentan arrojar luz sobre sus aporías.

Están los oportunistas que se ajustan a la visión modernista no por convicción, sino por los beneficios que esta aporta. Están los silenciosos que, aunque son conscientes de los problemas, prefieren permanecer en silencio, afirmando que lo único que pueden hacer es rezar, mientras esperan que termine la tormenta. Hay quienes poco a poco han ido abriendo los ojos, pero no saben cómo actuar.

En general, he notado que hay un problema psicológico generalizado entre quienes, como yo, hemos crecido en la Iglesia posconciliar. Entre los consagrados y los laicos, es difícil para muchos rasgar el velo, porque eso equivaldría a admitir que toda su vida ha estado consagrada a una Iglesia desviada.

Los entiendo. Yo mismo puedo decir que "estaba mejor cuando estaba menos bien [en el relativismo de la Iglesia conciliar. NDLR] ". Cuando aún permanecía en la inconsciencia, no experimentaba la amargura y el desánimo que a menudo se apodera de mí hoy, ante los abusos litúrgicos, las aberraciones doctrinales, las concesiones al mundo, las traiciones a la fe.

Pero la Verdad es fuente de división. Jesús lo dice claramente: "No he venido a traer paz, sino espada" (Mt 10, 34). Una Iglesia que es toda paz y amor, toda azúcar, es una construcción mental y cultural que no tiene equivalente en las Escrituras ni en la historia de la civilización cristiana. […]

Francisco no actúa como Papa

En esta entrevista, Aldo Maria Valli precisa algunas cosas sobre el artículo que publicó en su blog Duc in altum el 20 de febrero de 2021, titulado "Roma sin Papa. Bergoglio está ahí, pero no Pedro" (ver FSSPX.Actualidad del 26/02/21).

Soy ajeno a cualquier tentación sedevacantista y creo que Francisco es el Papa. Las dudas planteadas sobre las presuntas limitaciones que condujeron a la renuncia de Benedicto XVI, así como aquellas sobre la rectitud de la elección de Francisco, no han dado lugar a ninguna prueba: hay sospechas, pero no pruebas. Con respecto a la elección hecha por Joseph Ratzinger, creo que se trató de una fuga. […]

En lo que respecta a Francisco, creo que no está actuando como Papa, aunque lo sea. Y las razones de mi valoración son teológicas. Francisco no nos presenta el Dios de la Biblia, sino a un dios adulterado, un dios adaptado a las pretensiones humanas, un dios que no perdona sino que exonera.

Como escribí en mi artículo, este dios comprometido más que nada a exonerar al hombre de culpa, este dios en busca de circunstancias atenuantes, este dios que se abstiene de mandar y prefiere comprender, este dios que "está cerca de nosotros como una madre que canta una canción de cuna", este dios que no es juez sino que es "cercanía", este dios que habla de la "fragilidad" humana y no del pecado, este dios empeñado en la lógica del "acompañamiento pastoral" es una caricatura del Dios de la Biblia.

Porque Dios, el Dios de la Biblia, es todo paciencia, pero no laxo; es amoroso, pero no permisivo; es considerado, pero no complaciente. En una palabra, es un Padre en el sentido más pleno y auténtico del término.

La perspectiva asumida por el Papa Bergoglio parece ser, en cambio, la del mundo, que muchas veces no rechaza por completo la idea de Dios, pero rechaza las características de Dios que están menos en sintonía con la permisividad reinante.

El mundo no quiere un padre verdadero, amoroso en la medida en que es también crítico, sino que quiere un amigo, o mejor aún, un compañero de viaje que deja que las cosas pasen y dice: "¿Quién soy yo para juzgar?" Y Francisco presenta al mundo precisamente este dios que no es un padre, sino un compañero de viaje.

Por eso sostengo que Francisco no actúa como papa, porque no confirma a sus hermanos en la fe. La prueba de esto es que recibe el aplauso de los lejanos [alejados de la fe y de la Iglesia], que se sienten confirmados en su alejamiento, mientras que con sus ambigüedades y desviaciones desconcierta a los cercanos.

La cuestión ahora radica en saber si el hecho de no actuar como Papa también significa no ser Papa. En mi opinión, no. Francisco es el Papa y, sin embargo, está equivocado. Algunos dicen: imposible, porque está asistido por el Espíritu Santo.

Pero es necesario aceptar la asistencia del Espíritu Santo. Si se rechaza, los errores y los pecados pueden propagarse, porque el Señor nunca viola nuestro libre albedrío obligándonos a realizar actos contrarios a nuestra voluntad.

En la paradoja de su infinita Misericordia, Dios nos deja libres para desobedecerlo, para condenarnos, para rechazar la bienaventuranza eterna; nos envía sus gracias sobrenaturales que, sin embargo, podemos rechazar. Si no fuera así, el hombre no tendría ningún mérito en elegir a Dios y su ley, en renunciar a Satanás y sus engaños. […]

El sufrimiento de las almas

Desde mi puesto de observación (por un lado, el blog Duc in altum, por el otro, la vida de los fieles ordinarios), veo un aumento de la perplejidad y el sufrimiento.

Aunque no faltan los alborotadores, con su naturaleza agresiva, veo y encuentro especialmente a muchos buenos católicos que aman al Papa y rezan por él, pero que por eso mismo sufren cuando no los confirma en la fe, sino que se reduce a actuar como un capellán de las Naciones Unidas, comprometido con la corrección política, ambiguo en materia de doctrina y moral, y que da la impresión de moverse y razonar más como un político que como un pastor.

Una gran parte del rebaño se siente sin guía. No todo el mundo tiene una formación teológica, pero el sensus fidei permite que muchos vean lo que está mal. El culto idólatra de la Pachamama produjo un verdadero asombro. Una sensación de confusión se extendió cuando el Papa Bergoglio se inclinó para besar los pies de los gobernantes de Sudán del Sur. La firma de la declaración de Abu Dabi también causó cierta perplejidad. Por no hablar de la apertura a los llamados derechos LGBT.