Canadá: la muerte bajo petición en una sociedad descristianizada

Agosto 14, 2020
Origen: fsspx.news

Según un informe publicado por el gobierno de Ottawa, el número de canadienses que recurrió al suicidio asistido casi se duplicó entre 2017 y 2019. Más de un tercio de quienes optaron por una "muerte medicamente asistida", únicamente mencionaron el hecho de ser una "carga" para su familia o sus seres queridos.

El primer informe anual sobre las "muertes medicamente asistidas" (MMA) en Canadá se publicó en julio de 2020. Dicho informe abarca el año 2019, en el que 5,631 canadienses pusieron fin deliberadamente a su propia vida utilizando los protocolos a su disposición. Una cifra que representa el 2% del total de las muertes registradas en Canadá, frente al 1.12% en 2018, casi el doble.

El informe reveló que el cáncer, las enfermedades respiratorias y los trastornos neurológicos son las patologías más comunes entre quienes recurren a la MMA.

Para recurrir al suicidio asistido, el paciente no solo debe sufrir una enfermedad fatal, sino que también debe demostrar que su padecimiento le está provocando un sufrimiento físico o psicológico intolerable.

Pero esta condición es ampliamente superada. De hecho, en poco más de un tercio de las muertes, el sufrimiento psicológico "intolerable" se limita a considerarse como "una carga para la familia, los amigos o los cuidadores". En el 13.7% de los casos, los sentimientos de "soledad y aislamiento" son suficientes para dar inicio al macabro protocolo.

En este contexto, tampoco es inconcebible que un paciente vulnerable se vea empujado al suicidio por sus allegados o el personal médico que lo rodea.

En febrero de 2020, el cardenal Thomas Collins, arzobispo de Toronto, se pronunció para censurar la ampliación de los criterios psicológicos y subjetivos que fomentan la MMA a expensas de los cuidados paliativos, a los cuales se les da poca importancia: "Si todos los canadienses tuvieran acceso a cuidados paliativos de calidad, menos personas pedirían una inyección letal. Pero en lugar de desarrollar una cultura global del cuidado, nos apresuramos a morir bajo petición".

Peor aún, el cuerpo médico en Canadá se encuentra en una situación difícil: la objeción de conciencia no existe, y el margen para negarse a realizar una eutanasia sigue siendo estrecho. Que San José tenga piedad de este país que alguna vez fue tan católico.