Caso Viganò: la respuesta de un cardenal y dos libros

Enero 08, 2019
Origen: fsspx.news
Monseñor Carlo Maria Viganò.

El 7 de octubre de 2018, el cardenal Marc Ouellet, prefecto de la Congregación para los Obispos, respondió en una carta abierta a las acusaciones presentadas por Monseñor Carlo Maria Viganò, ex Nuncio en los Estados Unidos, sobre el encubrimiento, que se extendió a los niveles más altos en Roma, y que benefició al Cardenal Theodore McCarrick, ex Arzobispo de Washington, y otros clérigos procesados por el abuso sexual de menores, para que su comportamiento escandaloso no fuera revelado.

Viganò se mantiene firme:

El 19 de octubre, Monseñor Viganò respondió al cardenal Ouellet, defendiendo sus acusaciones y señalando el "flagelo" ocasionante de estos escándalos. En la introducción de la carta, se muestra ansioso por recordar las razones que lo llevaron a dar este terrible testimonio:

Porque la conspiración del silencio es la que ha causado y continúa causando grandes daños en la Iglesia: daño a tantas almas inocentes, a jóvenes vocaciones sacerdotales, a los fieles en general. Con respecto a mi decisión, que he tomado en conciencia ante Dios, acepto voluntariamente cada corrección, consejo, recomendación e invitación fraternal para progresar en mi vida de fe y amor por Cristo, la Iglesia y el Papa.

 

Más adelante, el ex Nuncio responde al prefecto de la Congregación para los Obispos.

En resumen, el Cardenal Ouellet reconoce las importantes afirmaciones que hice y hago, y disputa las afirmaciones que no hice y nunca haré. Hay un punto en el que debo refutar absolutamente lo que escribió el cardenal Ouellet. El Cardenal afirma que la Santa Sede solo sabía sobre los "rumores", los cuales no eran suficientes para justificar medidas disciplinarias contra McCarrick. Yo afirmo, al contrario, que la Santa Sede estaba al tanto de una variedad de hechos concretos, y posee pruebas documentales, y que las personas responsables, sin embargo, optaron por no intervenir o se les impidió hacerlo. La compensación de la Arquidiócesis de Newark y la Diócesis de Metuchen a las víctimas de abuso sexual de McCarrick, las cartas del Padre Ramsey, de los nuncios Montalvo en 2000 y Sambi en 2006, del Dr. Sipe en 2008, mis dos notas a los superiores de la Secretaría de Estado describiendo en detalle las acusaciones concretas contra McCarrick; ¿todo esto son sólo rumores? Se trata de correspondencia oficial, no chismes de sacristía. Los delitos denunciados fueron muy graves, incluidos los intentos de dar la absolución sacramental a los cómplices en actos perversos, con la consiguiente celebración sacrílega de la misa. Estos documentos especifican la identidad de los perpetradores y sus protectores, y la secuencia cronológica de los hechos. Se encuentran guardados en los archivos correspondientes; no se necesita ninguna investigación extraordinaria para recuperarlos.

Monseñor Viganò continúa:

En las protestas públicas dirigidas a mi persona, he notado dos omisiones, dos silencios dramáticos. El primer silencio se refiere a la difícil situación de las víctimas. El segundo se refiere a la razón subyacente por la que hay tantas víctimas, a saber, la influencia corrupta de la homosexualidad en el sacerdocio y en la jerarquía ...

En cuanto al segundo silencio, esta crisis tan grave no se puede abordar y resolver adecuadamente a menos que llamemos a las cosas por sus verdaderos nombres. Esta es una crisis debida al flagelo de la homosexualidad, en sus agentes, en sus motivos, en su resistencia a la reforma. No es exagerado decir que la homosexualidad se ha convertido en una plaga para el clero, y sólo puede ser erradicada con armas espirituales. Es una enorme hipocresía condenar el abuso y llorar por las víctimas y, sin embargo, negarse a denunciar la causa fundamental de tantos abusos sexuales: la homosexualidad. Es una hipocresía negarse a reconocer que este flagelo se debe a una grave crisis en la vida espiritual del clero y no tomar las medidas necesarias para remediarlo.

Incapacidad para ver el problema:

Este aparente rechazo a identificar claramente la verdadera causa del escándalo de los abusos a menores también fue denunciado por el vaticanista Sandro Magister en su blog Settimo Cielo el 31 de octubre, donde señala:

Pero hay otro silencio al que el Papa se adhiere constantemente. Y es sobre la homosexualidad practicada por muchos eclesiásticos. Francisco nunca lo menciona cuando denuncia el flagelo del abuso sexual. En cambio, la causa de todo, sostiene, es el "clericalismo". Incluso el documento final del Sínodo, en los párrafos relativos al abuso, hace suyo este juicio de Francisco, y define el clericalismo como "una visión elitista y exclusiva de la vocación, que interpreta el ministerio recibido como un poder para ser ejercido en lugar de un servicio libre y generoso"

A este respecto, Sandro Magister cita un artículo que apareció el 26 de octubre en Commonweal, escrito, curiosamente, por el muy liberal Kenneth L. Woodward, quien durante treinta y ocho años fue el respetado vaticanista de Newsweek.

Según la opinión de Woodward, el caso McCarrick revela hasta qué punto la homosexualidad está realmente extendida entre los eclesiásticos, en todos los niveles, como ya se documentó a partir de 2003 en el famoso informe del John Jay College of Criminal Justice, según el cual 'ocho de cada diez abusos denunciados cometidos por sacerdotes en los últimos setenta años, son casos de hombres que abusaron de otros hombres'. "Por lo tanto, tendríamos que ser ciegos o deshonestos", escribe Woodward, para rechazar como "homofobia" la denuncia del papel de la homosexualidad en el escándalo sobre los abusos.

El libro de Andrea Tornielli

A falta de una respuesta del Papa a la severa crítica de Monseñor Viganò, el vaticanista de La Stampa, Andrea Tornielli, que tiene acceso a la residencia papal, publicó un libro: Il giorno del giudizio (El Día del Juicio), con el subtítulo "Conflictos, luchas de poder, abusos y escándalos: ¿Qué está sucediendo realmente en la Iglesia?" por Edizioni Piemme. En la edición del 20 de noviembre de Correspondance européenne, el historiador Roberto de Mattei destaca:

La tesis básica de Tornielli es que el testimonio de Monseñor Carlo Maria Viganò sobre los escándalos en la Iglesia es un "intento de golpe de Estado" contra el Papa Francisco, creado por una red internacional política y de medios de comunicación 'aliada a miembros de la Iglesia en los Estados Unidos y que se beneficia del apoyo en los palacios vaticanos' (p. 3). El vaticanista de La Stampa interpreta la guerra religiosa en curso como una lucha de poder y no como una batalla de ideas...

Roberto de Mattei continúa:

En cuanto a las revelaciones de Monseñor Carlo Maria Viganò, Tornielli no niega que el Papa Francisco recibió directamente de él la información que el Cardenal Theodore McCarrick había corrompido sexualmente a sus propios seminaristas y sacerdotes. Tampoco niega la existencia de la inmoralidad dentro de la Iglesia y de una cobardía general que permite que ésta aumente. Admite que el problema de la plaga homosexual "existe" (p. 169), aunque lo minimiza, guardando silencio sobre la existencia de un grupo activo de sodomitas dentro de las estructuras eclesiásticas y de un grupo de presión pro-homosexual que es igual de activo, apoyado por él. Tornielli, por lo tanto, no logra refutar las declaraciones de Monseñor Viganò, pero tiene que defender al papa Francisco, y lo hace como un apostador que, al encontrarse en dificultades, eleva las apuestas. En el presente caso, al no poder negar la existencia de una profunda corrupción de los eclesiásticos, trata de responsabilizar principalmente a los predecesores del Papa Francisco, Benedicto XVI y Juan Pablo II.

Pero al defender a Francisco y acusar a sus predecesores se encuentra con una dificultad: Francisco canonizó a Juan Pablo II. Ahora, recuerda Roberto de Mattei:

...la canonización de un papa significa que en sus deberes como Sumo Pontífice de la Iglesia debe haber practicado todas las virtudes de una manera heroica, incluida la prudencia. Pero si por complicidad, negligencia o imprudencia un papa "encubrió" a un "depredador sexual", bien se puede cuestionar legítimamente su sabiduría y prudencia.

De ahí la conclusión lógica del historiador italiano:

Si, en opinión de Tornielli, las cosas sucedieron de esa manera, esto significa que no considera a Juan Pablo II como un santo. Además, un prelado cercano a él y al papa Francisco, el Padre Giuseppe Sciacca, secretario de la Signatura Apostólica, "uno de los canonistas más competentes de la Curia" (p. 200), cuando fue entrevistado por Tornielli el 9 de septiembre de 2014, negó la infalibilidad de las canonizaciones. Si las canonizaciones no son infalibles y el Papa Francisco pudo haberse equivocado con respecto a Juan Pablo II, es posible que ese mismo día también se haya equivocado al proclamar la santidad de Juan XXIII, y que también cometió un error al canonizar a Pablo VI el 14 de octubre de 2018.

Aldo Maria Valli

El libro de Aldo Maria Valli

El periodista Aldo Maria Valli escribió un libro titulado Il caso Viganò (El Caso Viganò) recientemente publicado por Fede & Cultura. Como es de esperarse, este confidente de Monseñor Viganò, junto con el vaticanista Marco Tosatti, no ofrece un análisis de la situación en la línea de Andrea Tornielli. He aquí algunos extractos de su libro, como aparecen en el blog Stilum Curia, donde Tosatti los presenta con estas palabras:

Esta es la historia, como la experimentó Aldo Maria, de la publicación del testimonio de Monseñor Viganò, sobre el cual hemos hablado extensamente y que, dado el obstinado silencio del Sumo Pontífice y de otras personas directamente involucradas, continuará pesando sobre la credibilidad de este pontificado y sobre la verdadera voluntad de enfrentar la corrupción y sus implicaciones sexuales, en otras palabras, el abuso y situación de complicidad, así como la disimulación que las hace posibles y las alimenta.

Como si se tratara de una respuesta al libro El Día del Juicio Final de Tornielli, Valli escribe en su libro:

El juicio que tengo en el corazón es el de Dios, no el de los hombres. Y cuando el Buen Señor me llame al juicio, quiero poder decirle que hice todo lo posible por salvar la fe y por el bien de la Iglesia. Básicamente, la única pregunta que importa es siempre la misma: Cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?

 (Lc 18, 8).

Sobre la actitud pastoral del Papa, Valli escribe:

Desafortunadamente, Francisco ha trivializado la misericordia divina al despojarla de la dimensión del juicio para convertirla en misericordismo [ed: misericordia como ideología]. Es verdad que el Dios de los cristianos es un Padre que acoge y nunca se cansa de perdonar, pero esto implica, por parte del hijo, una comprensión que lleva a la conversión. Sin embargo, según la predicación de Francisco en general, es casi como si Dios tuviera el deber de perdonar a la luz del derecho al perdón exigido por la criatura...

 

Valli lamenta "una peligrosa y triste rendición de Pedro al mundo".

Francisco refuerza en gran medida esta actitud, por ejemplo, cada vez que habla genéricamente sobre la necesidad de una Iglesia "saliente" y no autorreferencial. ¿Qué significa 'saliente'? Si para salir debo renunciar a mi identidad y debo diluir el depositum fidei [ed: depósito de la fe]; si para salir debo decir que el centro de la vida cristiana es la misericordia, pero sin la verdad y la justicia de Dios; si para salir debo olvidar la cuestión del pecado original; si para salir debo olvidar todo lo relacionado con la contrición y el arrepentimiento, ciertamente no estoy ofreciendo un buen servicio a la Iglesia y mucho menos a las almas. Me atrevo incluso a decir que la Iglesia tiene el deber de ser autorreferencial, en el sentido de que debe buscar y encontrar continuamente su centro: Jesucristo. No puede haber acogida sin una guía doctrinal y moral segura, sin una propuesta clara de conversión. No puede haber un enfoque pastoral sin la doctrina correcta. De lo contrario, no hay más que generalidades, sólo palabras superficiales de consuelo.

Y Valli asegura:

Ahora vemos que el riesgo de cisma es real. Por un lado, hay una Iglesia de misericordismo y diálogo con el mundo a toda costa; por otro lado, hay una Iglesia conformada por aquellos que quieren dar gloria a Dios y no al hombre”. Incluso agrega: "Desde esta perspectiva, podemos decir que ya hay dos Iglesias: hay una que, habiendo hecho del diálogo con el mundo una especie de dogma, legitima el subjetivismo interpretativo y el relativismo moral, y hay otra que sigue apelando a la ley divina. Es una ruptura clara.

Este cisma puede estar latente, pero Aldo Maria Valli ve cada vez más pruebas de ello, especialmente en la última Exhortación Postsínodal: Amoris laetitia "donde la ambigüedad doctrinal de Francisco alcanza un punto máximo".

El documento contiene un poco de todo. Tenemos la exaltación del matrimonio cristiano, basada en la indisolubilidad y la apertura a la vida, pero también, especialmente con respecto a la admisión de personas divorciadas y vueltas a casar, la idea de que, dado el comportamiento humano, el juicio caso por caso es preferible a respetar la ley inmutable, y esto abre el camino al subjetivismo y al relativismo. Hasta el punto en que abundan las interpretaciones, en un sentido u otro, y el documento puede interpretarse de una manera en la Diócesis A y de otra manera en la Diócesis B, lo cual es inaceptable. Pero al ir por este camino, el mensaje cristiano se está reduciendo a un vago sentimentalismo, a un acompañamiento de tipo emocional que deja de lado el diálogo entre la fe y la razón, elimina la búsqueda de la Verdad en el horizonte humano y se limita a la predicación de un consuelo que podemos encontrar en todas partes, sin tener que recurrir necesariamente a la Iglesia.

Epílogo provisional

El 24 de noviembre, el cardenal Gerhard Müller, ex prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, respondió algunas preguntas hechas por periódico holandés Trouw. Respecto al "asunto Viganò" declaró:

Si yo fuera Viganò, nunca habría pedido la renuncia del Papa. Sin embargo, Viganò hizo un cierto número de preguntas que deben ser respondidas. Ridiculizar a Viganò no ayuda al Papa y no conduce a una solución adecuada. Hubiera sido mejor si el Papa hubiera convocado a todos para una reunión cara a cara; de esa manera las cosas podrían haber sido aclaradas.

Cuando el periodista preguntó: "¿Estamos enfrentando una lucha de poder o una colisión de diferentes puntos de vista sobre la Iglesia?", el prelado alemán respondió: "Creo que la segunda hipótesis es la correcta".

En febrero de 2019, los presidentes de las Conferencias Episcopales de todo el mundo han sido convocados por el Papa en Roma para discutir el escándalo del abuso de menores. ¿Se mencionará el testimonio de Monseñor Viganò, que al día de hoy sigue en espera de una respuesta?

En un libro de entrevistas con el padre Fernando Prado que apareció a principios de diciembre, La fuerza de la Vocación, el Papa Francisco dice sentirse "incómodo" por la presencia de homosexuales en el clero:

En la vida consagrada y en la vida sacerdotal, este tipo de afecto no tiene lugar. Por esta razón, la Iglesia recomienda (énfasis nuestro) que las personas con esta tendencia tan arraigada no sean admitidas en el ministerio o en la vida consagrada. El ministerio o la vida consagrada no es su lugar.

¿Es ese el inicio de una respuesta a la denuncia del "flagelo de la homosexualidad" por parte de Monseñor Viganò? ¿Una respuesta en forma de una recomendación simple o de una medida disciplinaria estricta? La reunión de febrero nos lo dirá.