China: católicos acusados ​​de propagar el coronavirus

Enero 20, 2021
Origen: fsspx.news

Desde hace varias semanas, los servicios de mensajería WeChat y Weibo -plataformas digitales de la República Popular de China- no han dejado de denunciar las reuniones de fieles católicos organizadas por "sacerdotes extranjeros" en la provincia de Hebei, considerándolas como la causa de la nueva ola epidémica de Sars-CoV-2, que está azotando parte del país.

El Padre Shanren Shenfu, un sacerdote chino, protestó contra estas acusaciones: "Los fieles informan que la gente asegura que un aldeano se infectó en Xiao Guozhuang después de haber ido a la iglesia: sin embargo, todas las ceremonias en las iglesias de la región fueron suspendidas en Nochebuena por orden del gobierno".

Además, otro sacerdote local citado por Asianews testificó que "el pueblo de Xiao Guozhang no es católico: solo unos pocos fieles residen allí, pero sin iglesia ni un lugar de oración".

Incluso la Asociación Patriótica Católica China, una rama del régimen chino reconocida de facto por la Santa Sede desde el acuerdo de septiembre de 2018, denunció los rumores de la propagación del Covid-19 debido a los sacerdotes que vienen del extranjero:

"Actualmente es prácticamente imposible que los sacerdotes europeos o estadounidenses entren en suelo chino, e incluso si esto sucediera, estarían sujetos a cuarentena en los lugares de aislamiento designados", especificó la asociación en un comunicado transmitido el 10 de enero por Ucanews.

Para el Padre Shanren Shenfu, no hay duda: la difusión de noticias tan sesgadas recuerda "la estrategia del emperador Nerón, que atribuyó a los cristianos la responsabilidad del incendio de Roma".

Ante esta situación, el Padre Shenfu teme una nueva "astucia" de los líderes de Beijing para imponer un control cada vez más restrictivo sobre las actividades religiosas.

En su afán de controlar a la Iglesia católica presente en suelo chino, el presidente Xi Jinping maneja -con un arte consumado de la dialéctica marxista- la zanahoria y el palo, alternando por un lado la ordenación episcopal de varios obispos aprobados por el Vaticano, y por el otro las más severas restricciones a las actividades religiosas.

Esto también es una táctica muy conocida: provocar una reacción apasionada contra el enemigo al que se quiere combatir, para alejar al pueblo de él, o incluso dirigirlo en su contra. El comunismo es un maestro en este tipo de manipulación.