Consagración de la iglesia de San Cirán de las Hermanas de la FSSPX

Noviembre 17, 2020
Origen: fsspx.news

Después de más de tres años de construcción, la iglesia de la Casa Madre de las Hermanas de la Fraternidad, ubicada en Saint-Michel-en-Brenne, fue consagrada en la víspera de Todos los Santos.

El sábado 31 de octubre, a las 9:00 a.m., la procesión salió de la sacristía y se unió a las Hermanas frente a la puerta de la nueva iglesia de la Casa Madre. Así inició la ceremonia de consagración de la iglesia y el altar, celebrada por Monseñor Alfonso de Galarreta, quien estuvo asistido por el Padre Benoît-Joseph de Villemagne, diácono, y el Padre Eudes-Etienne Peignot, subdiácono.

Un gran número de sacerdotes de la Fraternidad tuvieron la amabilidad de viajar "por motivos profesionales" en estos tiempos difíciles, para desempeñar las funciones necesarias para una ceremonia de este tipo y acompañar a la comunidad de hermanas.

Los grandes ausentes fueron los muchos fieles que respondieron a nuestra invitación y que se habrían sentido tan felices de acompañarnos en este evento único, pero que tuvieron que sacrificar su presencia física. ¡Sin embargo, todos nuestros Amigos y Benefactores estuvieron muy presentes en nuestras oraciones en ese momento en que su generosidad ofreció a la Santísima Trinidad un templo digno de Dios!

La consagración de una iglesia es la toma de posesión de Dios del edificio

Después de la aspersión exterior de la iglesia, siguiendo al pontífice y al clero, entramos procesionalmente a la iglesia. Las Letanías de los Santos resonaron por primera vez bajo la hermosa bóveda de madera. San Pedro y San Pablo, Apóstoles, San Benito y Santa Filomena fueron invocados especialmente porque sus reliquias pronto serían colocadas en el sepulcro del altar. En cuanto a San Cirán, se le invocó tres veces, con una melodía particular, porque es el patrono de nuestra iglesia.

De hecho, fue San Cirán quien, en el siglo VII, fundó una abadía benedictina en los mismos lugares que ocupamos ahora. Las vastas tierras circundantes le habían sido entregadas por el Rey Dagoberto, familiar suyo. Los archivos del Indre aún conservan el documento que atestigua que el rey entregó a Cirán: "todo lo que existe desde el río Indre hasta la Creuse... desde las fronteras de Berry hasta Poitou... para que pueda construir un monasterio de cenobitas. Entonces nosotros, Dagoberto... aseguramos, confirmamos y autorizamos con nuestras propias manos este don que hacemos por devoción a María, la santa Madre de Dios, siempre Virgen".

Muchas generaciones de monjes santificaron estos lugares llamados la "abadía real de Nuestra Señora y de San Pedro de Lonrey", que luego se convirtió, a la muerte de su fundador, en la abadía de San Cirán. Nuestro santo no debe confundirse con Jean Duvergier de Hauranne, desdichado jansenista del siglo XVII, infame bajo el nombre de abad de San Cirán.

Pero volvamos al siglo XXI, en este memorable día de la consagración: tras la aspersión interior de la iglesia y la depuración del altar con agua gregoriana, tuvo lugar la toma de posesión de la iglesia, durante la cual el obispo traza los dos alfabetos, griego y latino, sobre la gran cruz de arena, en el cruce del transepto. 

La consagración del altar es particularmente importante, porque es el lugar del sacrificio

Posteriormente, la procesión se reunió con el clero para buscar las reliquias que esperaban en nuestra antigua capilla. Estas últimas llegaron rápidamente, transportadas en una anda por cuatro diáconos, los Padres Foucauld le Roux, Anthony Romanens, Tristan Hachard y Raphaël Tassot, quienes estaban ataviados con las hermosas dalmáticas rojas prestadas por el seminario de Ecône.

Entonces, llegó un gran momento para el jefe de construcción que llevó a cabo la mayor parte del trabajo de la iglesia: el Sr. Duval ayudó al pontífice a sellar el "sepulcro" (una vez que el relicario había sido introducido en el altar) con cemento elaborado con agua gregoriana.

Luego tuvo lugar la consagración como tal del edificio, la unción con el Santo Crisma sobre cada una de las doce cruces que adornan los muros de la iglesia y de las dos cruces esculpidas en los montantes de la puerta de entrada. Cada cruz de consagración recibió su unción y fue incensada por el obispo, luego de lo cual el diácono colocó una vela encendida.

Fue entonces el turno del altar de recibir las unciones con el Santo Crisma, sobre las cinco cruces talladas en la mesa del altar y luego en los soportes del mismo. Luego se colocaron cruces de cera e incienso sobre las unciones y se prendió fuego al altar mientras el pontífice invocaba al Espíritu Santo. Veni Sancte Spiritus!

La iglesia de San Cirán quedó así consagrada, reservada para el culto del único Dios verdadero, y un lugar de gracia "para que, en todo momento, cuando tu familia venga a suplicarte a este lugar, te dignes aliviar sus angustias, curar sus enfermedades, responder a sus oraciones, aceptar sus deseos, satisfacer sus necesidades, acceder a sus peticiones", dice el Pontifical Romano. Deo gratias!

La primera misa celebrada en la iglesia consagrada forma parte de la ceremonia

El obispo regresó luego a la sacristía, con sus ministros, para prepararse para la misa pontifical de dedicación. Durante este tiempo el altar se limpió y luego se decoró; las estatuas del Sagrado Corazón, de Nuestra Señora, de San José, San Juan y Santa Teresa de Ávila también recibieron hermosos ramos de flores mientras el vitral de San Cirán brillaba bajo los rayos de un sol magnífico que iluminaba toda nuestra iglesia, una pequeña imagen de la alegría de nuestras almas.

Entonces comenzó la misa, acompañada de los suntuosos acordes del nuevo órgano, donado por la generosidad de uno de nuestros sacerdotes, que reproduce perfectamente el sonido de los tubos de dos grandes órganos de la catedral. En su sermón, Monseñor de Galarreta explicó el rico significado de la ceremonia de consagración.

Eran casi las 13:00 horas cuando, después de la Misa, el Pontífice dio su solemne bendición y concedió una indulgencia plenaria a todos los que rezaron un Pater y un Credo en el nuevo templo. Hic domus Dei est, et porta cæli!