De una epidemia a otra: Monseñor Henri de Belsunce

Mayo 16, 2020
Origen: fsspx.news

El mes de mayo de 2020, marcado este año por la epidemia de coronavirus, brinda la oportunidad de evocar la figura de Monseñor Henri de Belsunce de Castelmoron (1671-1755). Desde mayo de 1720, fecha de la aparición de la plaga en Marsella, hasta mayo de 1722, fecha de la consagración de la ciudad al Sagrado Corazón, el obispo de la ciudad de Marsella mostró un celo incomparable en su ayuda a una población asolada. El historiador Régis Bertrand nos ofrece un relato fascinante.

El 25 de mayo de 1720, un buque mercante, el Grand Saint-Antoine, ancló en Marsella, procedente de Siria. A bordo, toneladas de telas y mercancía se descargaron en los muelles. Unas semanas después, la peste se propagó por la ciudad.

El obispo de Marsella, Monseñor Henri de Belsunce, reaccionó heroicamente. Este brillante prelado, nacido en el seno de una familia protestante convertida al catolicismo después de la revocación del Edicto de Nantes, y exalumno de los jesuitas en el instituto Louis-le-Grand en París, mostró una energía inusual.

Inmediatamente hizo gala de un gran sentido de la organización, actuando como un verdadero pastor de su rebaño por el cual estaba dispuesto a dar su vida. El historiador Régis Bertrand, su biógrafo, publicó en la revista Codex un relato que rememora los tres ejes de su acción:

"Primero, se ocupó de los religiosos de la diócesis, es decir, reemplazó a los que habían huido o muerto, y estableció una rotación permanente con los que quedaban. En segundo lugar, brindó apoyo material a los más necesitados, amenazados por la miseria debido a la crisis económica ocasionada por la epidemia. Para ayudarlos, agotó sus ingresos episcopales y su fortuna personal. En tercer lugar, proporcionó especialmente apoyo espiritual a los enfermos: su principal preocupación era que las víctimas de la peste murieran privadas de los últimos sacramentos o maldiciendo a Dios. Obsesionado con este temor, deambulaba incansablemente por los distritos contaminados de la ciudad, consolando a los enfermos y administrando los sacramentos".

La consagración al Sagrado Corazón para alejar el castigo divino

Lo que se recuerda especialmente sobre el obispo de Marsella es la consagración de su diócesis al Sagrado Corazón. En la fiesta de Todos los Santos de 1720, Henri de Belsunce, repitiendo el gesto de San Carlos Borromeo en Milán, recorrió descalzo la ciudad de Marsella, sin mitra y con una soga alrededor del cuello, en señal de penitencia. Luego consagró toda la diócesis al Sagrado Corazón de Jesús durante una misa al aire libre (los templos estaban cerrados) en presencia de una gran multitud.

Como señala Régis Bertrand, este fue un acto muy audaz ya que el prelado desafió la decisión de los concejales de la ciudad, que se oponían a cualquier manifestación que pudiera propagar la epidemia. Este gesto también fue audaz porque no tenía precedentes. En efecto, la devoción al Sagrado Corazón era relativamente reciente. Propagada desde hacía menos de un siglo por los hijos de San Juan Eudes, fue combatida por el partido jansenista, del cual Monseñor de Belsunce era un adversario declarado. Además, el prelado estaba convencido de que la epidemia era un castigo de Dios, un castigo contra los jansenistas rebeldes.

La peste empezó a disminuir durante el invierno siguiente, pero regresó en dos oleadas sucesivas, en 1721 y luego en abril de 1722. Entonces el obispo logró que los concejales lo acompañaran en la consagración de la ciudad. El poder civil también debe rendir sus deberes de religión, porque César no está menos sujeto a Dios que el resto de los hombres. El 28 de mayo de 1722, las máximas autoridades de Marsella prometieron asistir a la Misa del Sagrado Corazón cada año y ofrecer una imponente vela grabada con el escudo de la ciudad. Poco después, la epidemia de la peste desapareció para siempre.

En 2020, debido a la epidemia de Covid-19, Monseñor Jean-Marc Aveline, arzobispo de Marsella, decidió anticipar al Domingo de Ramos la conmemoración del tricentenario de la consagración de la ciudad al Sagrado Corazón.