Desilusión entre los partidarios de la ordenación de diaconisas

Mayo 17, 2019
Origen: fsspx.news
Bautisterio de Laodicea.

El Papa Francisco declaró que la comisión internacional de especialistas a cargo del estudio del estatus de las diaconisas en los primeros siglos de la Iglesia no pudo concluir que las mujeres en ese entonces recibieran una ordenación diaconal como la que recibían los otros ministros sagrados.

En el avión de regreso de su viaje apostólico a los Balcanes, el 7 de mayo de 2019, el Santo Padre aprovechó la tradicional conferencia de prensa para centrarse en el tema del diaconado femenino en la época de la Iglesia naciente.

El Pontífice romano explicó que los especialistas comisionados por la Santa Sede han encontrado evidencias de que las diaconisas ejercían ciertas funciones, especialmente aquellas relacionadas con el bautismo de las mujeres. Esto se puede entender con el conocimiento de que en ese entonces el bautismo se realizaba por inmersión y no por una simple ablución como la de hoy.

Sin embargo, la comisión no logró llegar a una conclusión sobre la cuestión de una ordenación hipotética que podrían haber recibido en ese caso las mujeres llamadas a servir como diaconisas.

"Lo fundamental aquí es que no existe certeza alguna acerca de una ordenación que usara la misma fórmula, y que tuviera el mismo objetivo, que la ordenación masculina", declaró el Papa Francisco, añadiendo que el rito que establecía a las diaconisas "se parece más a lo que hoy es la bendición abacial de una abadesa."

Cuando la Santa Sede quiere reinventar la rueda

Lo que no deja de sorprender es que haya sido necesaria una comisión internacional de expertos para decidir esta cuestión. Hubiera sido suficiente consultar el artículo sobre "Diaconisas" en el Diccionario de Antigüedades Cristianas, por el Padre Martigny, París, 1877, pp. 243-244, para llegar al mismo resultado. 

La institución de las diaconisas se remonta a la época de los apóstoles (Epístola de San Pablo a los Romanos 16:1). Sus funciones principales eran: 1) dirigir a las vírgenes y otras viudas; 2) custodiar la puerta de la iglesia reservada para las mujeres; 3) instruir a las catecúmenas; 4) ayudar al obispo con el bautismo de las mujeres (bautismo por inmersión como se mencionó anteriormente); 5) cuidar a las mujeres pobres y enfermas; y 6) estar presentes en las conversaciones privadas del obispo, sacerdotes o diáconos con mujeres.

Las Constituciones Apostólicas (la más antigua de las cuales se remonta a finales del siglo I, y el pasaje que nos ocupa al siglo III) establecen una fórmula para la bendición de las diaconisas que difiere claramente de las fórmulas para la ordenación de los diáconos de esa época. En el siglo II, algunas de las diaconisas querían desempeñar roles reservados únicamente al clero. El Papa Sotero intervino en el año 175 d.C., para reprimir severamente estas reclamaciones, mediante un decreto que sigue siendo ley. Parece que en las iglesias orientales, la disciplina se aplicó menos severamente.

Sin embargo, a partir del siglo V, la mayoría de las iglesias ya no tenían diaconisas, y en el siglo X todos habían olvidado incluso el nombre. Tan solo este argumento tendría que bastar, porque la Iglesia, por su propia autoridad, nunca habría abolido un sacramento establecido por Cristo. Quienes se atreven a afirmar lo contrario están cegados por los prejuicios feministas o modernistas, que no tienen nada que ver con la tradición católica y la fe divina.