Disidentes católicos de Hong Kong condenados por Pekín

Abril 26, 2021
Origen: fsspx.news
Jimmy Lai esposado, 3 de diciembre de 2020

¿El líder de Beijing debería tener miedo de los católicos? De los nueve líderes, cuyas edades oscilan entre 64 y 82 años, pertenecientes a la oposición de Hong Kong condenados el 16 de abril de 2021 por haber desafiado una serie de medidas liberticidas emanadas del poder comunista, cinco son católicos.

"Se formaron en parroquias, escuelas y asociaciones católicas, es allí donde encontraron la fuente de su compromiso político y social, por un espíritu de fidelidad a su fe y coherencia en relación a su conciencia católica", explicó el Padre Gianni Criveller, miembro religioso del Pontificio Instituto para las Misiones Extranjeras (PIME).

El misionero habló en Mondo e Missione, la revista oficial del PIME, sobre estos cinco católicos que se oponen a las políticas del presidente chino Xi Jingping.

El más conocido es Martin Lee. Este abogado de 82 años, exparlamentario, fue condenado a 12 meses de prisión condicional: "para los católicos, es un personaje familiar, que participa en la misa todas las mañanas en la iglesia San José en el centro de la ciudad. Durante décadas ha sido uno de los consejeros más valiosos de la diócesis", explicó el Padre Criveler.

Lee Cheuk-Yan también es una figura entrañable. Se trata de un parlamentario de 64 años que se convirtió del anglicanismo. Su esposa, huérfana, Elizabeth Tang fue "adoptada" con sus dos hermanas por el Padre Adelio Lambertoni, originario de Velate. "Cheuk-Yan frecuenta la parroquia católica de su distrito y la casa de las Misiones Extranjeras de París (MEP)", especificó el misionero del PIME.

El Padre Criveler también mencionó a Cyd Ho, una mujer de 66 años, condenada a ocho meses de prisión por haber participado en una manifestación pacífica: "Ella me dijo un día que había sido bautizada por un misionero de las MEP, cuando todavía era una niña".

Jimmy Lai, de 72 años, también católico, fue sentenciado a 14 meses de prisión. Fundador de Apple Daily, el periódico más popular de Hong Kong, "se convirtió al catolicismo en la edad adulta gracias al entonces obispo de Hong Kong, quien luego se convirtió en el cardenal Joseph Zen Zekiun", subrayó el Padre Criveler.

Por tanto, no es coincidencia que el 1 de marzo el cardenal Zen compareciera ante el tribunal de Kowloon para protestar contra la detención de su amigo y otros disidentes.

La última figura de la resistencia católica al Partido Comunista Chino (PCCh) es Margareth Ng. Esta magistrada, cuando recibió una pena de prisión condicional de 12 meses, se dirigió a sus jueces de la siguiente forma: "He envejecido al servicio del estado de derecho. Sé que Santo Tomás Moro es el santo patrón de los abogados. Fue juzgado por traición porque no transgredió la ley según la voluntad de su rey".

La despiadada represión de Beijing... y el silencio del Vaticano

Desde 2019, Hong Kong atraviesa la crisis más grave desde que fue devuelta a China el 1 de julio de 1997. A finales de junio de 2020, el clima político y social se tensó con la promulgación de la controvertida ley de "seguridad nacional".

Avanzando como una aplanadora, Beijing inició una nueva reforma el 30 de marzo de 2021: a partir de ahora, las candidaturas a las elecciones legislativas deberán ser validadas por un comité adquirido en el poder chino. Esta reforma del sistema electoral acentúa aún más las prerrogativas del poder central chino y margina el papel de la oposición.

Al mismo tiempo, la Santa Sede, bastante reactiva cuando se trata de defender a los rohinyás de Myanmar, guarda silencio sobre el preocupante caso de los disidentes católicos en Hong Kong: un silencio relacionado con el acuerdo provisional firmado con Beijing, y cuyos frutos son prácticamente imperceptibles.

Esta actitud sigue siendo incomprensible para muchos católicos chinos, según el Padre Criveler: "Hasta donde sé, la mayoría de los católicos en Hong Kong están terriblemente decepcionados. Mientras atraviesan las mayores dificultades de su historia desde la invasión japonesa, la Santa Sede guarda silencio".