Documento sobre la fraternidad humana: ¿un juego artero?

Marzo 02, 2019
Origen: fsspx.news

Desde el punto de vista católico, este Documento plantea una cuestión bastante compleja en cuanto a su contenido. Si bien no es una enseñanza magisterial, es decir, dada por el Papa como Pastor supremo, utiliza un lenguaje que la fe católica no puede aceptar. Ver nuestro artículo De la utopía a la herejía.

Si lo vemos desde el punto de vista musulmán, igualmente habría que decir que este texto no puede ser aceptado por la gran mayoría de seguidores de Mahoma.

¿Quién es Ahmed el-Tayeb ? 

En primer lugar, es necesario saber que el Gran Imán de Al-Azhar, signatario con el Papa Francisco, no tiene mucha importancia en el islam. Se trata de un funcionario del gobierno egipcio, designado por este último, y sujeto a una línea política gubernamental. No cuenta con la aprobación unánime de la universidad que dirige, y mucho menos del mundo musulmán.

Recordemos que el islam no está representado por un solo hombre, como el Papa representa a la Iglesia católica. Además, el islam se divide en numerosas corrientes - particularmente el chiismo y el sunismo - escuelas, tendencias o interpretaciones. Es por esto que el Documento firmado el 4 de febrero de 2019 no representa más que la visión islámica del signatario y de sus partidarios.

Por otro lado, la libertad de acción del Gran Imán es muy limitada. No puede darse el lujo de reconocer ciertos puntos que provocarían un huracán por parte de sus correligionarios.

Las limitaciones de un texto destinado a Occidente

Para demostrar lo anterior, basta con citar algunos ejemplos extraídos del texto.

La omisión de las sinagogas

1) "La protección a los lugares de culto - templos, iglesias, mezquitas - es un deber garantizado por las religiones". El término "templos" puede aplicarse a un lugar de culto protestante, e incluso pagano, como el budismo o el sintoísmo. Pero no suele aplicarse a una sinagoga... palabra que, curiosamente, no se menciona nunca en el Documento. Y con buena razón: muy pocos musulmanes hubieran aceptado que se nombrara en el Documento.

La omisión de la yihad

2) "Declaramos - firmemente - que las religiones jamás incitan a la guerra ni generan sentimientos de odio, hostilidad, extremismo, ni invitan a la violencia o al derramamiento de sangre." Independientemente de lo que digan algunos musulmanes liberales, es muy fácil comprobar lo contrario.

Las fuentes normativas del islam están conformadas por el Corán, libro inspirado por Alá según los musulmanes, y por una "tradición", o hadiz, es decir, un enorme compendio de palabras, hechos y acciones de la vida de Mahoma, relatados por sus "compañeros", quienes los han transmitido. Hay por lo menos un millón de hadices. Estas dos fuentes se complementan entre sí. 

Una de las primeras refutaciones a lo que afirma la Declaración puede extraerse directamente del Corán, que estipula el asesinato de los "asociadores", término que designa a aquellos que creen en la Trinidad: "Matad a los asociadores dondequiera que los encontréis; ¡Capturadles! ¡Sitiadles! ¡Tendedles emboscadas por todas partes!" (Sura 9, versículo 5).

Pero en el Corán, Alá establece también la yihad (o jihad fi sabîl Allah: yihad por la causa de Alá, la lucha armada por la causa de Alá), que puede ser impuesta por distintas causas. Como medio de conversión: "¡Que la enemistad y el odio aparezcan constantemente entre vosotros y nosotros, hasta que creáis en Dios, el único!” (Sura 60, versículo 4). E incluso como un medio para debilitar a las sociedades no musulmanas: "¡Oh, vosotros que creéis!, combatid a los incrédulos que están junto a vosotros y que encuentren en vosotros la rudeza" (Sura 9, versículo 124). Esta guerra debe ser librada en todas las épocas, porque es una regla inmutable: "Malditos (los hipócritas) en cualquier lugar donde se encuentren, serán capturados y asesinados según la costumbre de Dios a la vista de aquellos que alguna vez vivieron – vosotros no encontraréis ningún cambio en la costumbre de Dios" (Sura 33, versículo 62).

Alá promete el castigo a los que teman seguir la yihad: "Si no marcháis al combate, Alá os dará un castigo doloroso. Alá es el verdadero autor de la yihad: “No sois vosotros quienes habéis matado, sino Alá quien les mató. Aunque vos lanzasteis, no erais vos sino Alá quien lanzaba. Y esto, para probar a los creyentes con una buena prueba de su mano. Dios lo escucha todo. Él lo sabe todo" (Sura 8, versículo 17).

La omisión del castigo a las mujeres

3) "Se debe trabajar para liberarla (a la mujer) de presiones históricas y sociales contrarias a los principios de la propia fe y dignidad". Pero, ¿qué establecen el Corán y el hadiz acerca de la mujer?

En el derecho de sucesión, una mujer vale la mitad de un hombre: "Alá os prescribe acerca de (la herencia de) vuestros hijos: al varón le corresponde la misma parte que a dos hembras" (Sura 4, versículo 11).

Frente a un juez, el testimonio de un hombre equivale al de dos mujeres (Sura 2, versículo 282).

El uso del velo (hijab), está prescrito por un hadiz: "Umar deseaba ansiosamente que los versos de Al-Hijab (el cumplimiento de los velos de las mujeres musulmanas) fueran revelados. Accediendo a sus deseos, Alá reveló los versos de Al-Hijab" (Compendio de hadices de Sahih Bukhari, Vol. 8, 74: 257)

El Corán permite que los hombres golpeen a las mujeres: "Aquellas mujeres cuya rebeldía temáis, amonestadlas, pegadles, no os acostéis con ellas" (Sura 4, versículo 34).

Si bien el castigo por lapidación de la mujer adúltera no se menciona en el Corán, sí se afirma en numerosos hadices.

Finalmente, Mahoma dijo: "Vi el infierno poblado en su mayoría por mujeres" (narrado por distintos hadices).

Revuelo mediático y juego sucio

Si la gran mayoría de musulmanes consideran los puntos mencionados anteriormente como parte de su fe o de su ley, ¿qué significa entonces la firma conjunta del Documento sobre la fraternidad humana? Aun cuando su sinceridad no estuviera en juego, las afirmaciones contenidas en el Documento únicamente comprometen al Gran Imán de Al-Azhar.

Por lo tanto, dado que ninguno de los dos signatarios pudo comprometerse en nombre de principios verdaderos, de su fe o creencias, el Documento firmado en Abu Dabi, más allá del tumulto mediático, no parece ser otra cosa que un juego artero.