Dos cardenales y tres obispos recuerdan la doctrina católica

Julio 09, 2019
Origen: fsspx.news
Cardenal Raymond Burke y Monseñor Athanasius Schneider

El 10 de junio de 2019, el vaticanista Edward Pentin publicó en el National Catholic Register, un documento de ocho páginas donde dos cardenales y tres obispos reafirman la doctrina católica impugnada a Roma, en estos tiempos de "confusión doctrinal y desorientación en la vida de la Iglesia", como dicen en sus propias palabras. Los cinco signatarios son: el Cardenal Raymond Burke, patrono de la Soberana Orden Militar de Malta, el obispo Auxiliar de Astana, Kazajstán, Monseñor Schneider, el Cardenal Janis Pujats, arzobispo emérito de Riga y Letonia, y los arzobispos de Kazajstán, Tomash Peta de Astana, y Jan Pawel Lenga, de Karaganda, Kazajstán.

La Declaración aborda primero el tema de los fundamentos de la fe. El artículo 1 establece que las expresiones "tradición viva", "magisterio vivo", "hermenéutica de la continuidad" y "desarrollo de la doctrina" deben entenderse en el sentido del Concilio Vaticano I, es decir, como un desarrollo homogéneo del dogma. En otras palabras, el Concilio debe interpretarse a la luz de la tradición.

El artículo 2 rechaza el relativismo dogmático tal como lo condenó el Concilio Vaticano I.

El texto continúa con el Credo. El artículo 3 denuncia una concepción utilitaria y secularizada de la fe, desarrollada después del Concilio Vaticano II. Es erróneo decir "que Dios es glorificado principalmente por el hecho mismo del progreso en la condición temporal y terrenal de la raza humana".

El artículo 4 hace referencia a Nostra ætate y especialmente a su desarrollo por parte de la Comisión para las Relaciones Religiosas con el Judaísmo que, con motivo del 50 aniversario del texto conciliar, declaró: "En la práctica, esto significa que la Iglesia Católica no dirige ni promueve ninguna acción misionera institucional específica hacia los judíos”. El documento de los cinco prelados responde a esto con precisión: “Después de la institución de la Alianza Nueva y Eterna en Jesucristo, nadie puede ser salvo por la obediencia a la ley de Moisés solamente sin fe en Cristo como verdadero Dios y único Salvador de la humanidad" (Rom 3:28; Gál 2:16).

En el Artículo 5, incluso se menciona a "San" Juan Pablo II, intencionalmente o no, en su famoso discurso en Casablanca, en 1985, donde dijo: "Creemos en el mismo Dios, el único Dios, el Dios vivo, el Dios que creó el mundo y conduce a sus criaturas a su perfección. El artículo dice: "Los musulmanes y otras personas que no creen en Jesucristo, como Dios y hombre, incluso los monoteístas, no pueden dar a Dios la misma adoración que los cristianos".

El artículo 6 dice: "Las espiritualidades y religiones que promueven cualquier tipo de idolatría o panteísmo no pueden considerarse como "semillas" ni como "frutos" de la palabra divina, "ya que son engaños que impiden la evangelización y la salvación eterna de sus seguidores". Estas "semillas" se mencionan en dos textos del Concilio (Ad gentes, 11, Lumen Gentium, 17), retomados en la encíclica de Juan Pablo II, Redemptor hominis, y especialmente en su Audiencia General del 9 de septiembre de 1998: "Las 'semillas de la verdad' presentes y activas en las diversas tradiciones religiosas son un reflejo de la Palabra única de Dios, que 'ilumina a cada hombre que viene al mundo'".

Sobre el ecumenismo, el Artículo 7 dice: "El verdadero ecumenismo tiene como objetivo que los no católicos entren en esa unidad que la Iglesia Católica ya posee indestructiblemente en virtud de la oración de Cristo, siempre escuchada por su Padre, 'para que puedan ser uno'" (Juan 17:11).

Artículo 8: “El infierno existe y los que están condenados al infierno por cualquier pecado mortal del que no se hayan arrepentido son eternamente castigados por la justicia divina (ver Mt 25:46). No solo los ángeles caídos, sino también las almas humanas son condenadas eternamente". Esto parece estar bien dirigido al cardenal Hans Urs von Balthasar, y a todos sus seguidores, que afirmaban que el infierno existe, pero está vacío.

El artículo 9 de esta Declaración se refiere directa y literalmente a la frase en el documento de Abu Dabi, firmado conjuntamente por el Papa Francisco y el Imam Al-Azhar, el 4 de febrero de 2019, según el cual Dios desea la diversidad de las religiones: "La religión nacida de la fe en Jesucristo, el Hijo Encarnado de Dios y único Salvador de la humanidad, es la única religión que Dios desea positivamente. Por lo tanto, es errónea la opinión que afirma que, así como Dios desea positivamente la diversidad de los sexos masculinos y femeninos y la diversidad de las naciones, de la misma manera también quiere la diversidad de las religiones".

El Artículo 11, se opone a Dignitatis Humanae: “El don del libre albedrío con el que Dios el Creador dotó a la persona humana le otorga al hombre el derecho natural de elegir solo lo bueno y lo verdadero. Ninguna persona humana tiene, por lo tanto, un derecho natural a ofender a Dios eligiendo el mal moral del pecado, el error religioso de la idolatría, la blasfemia o una religión falsa".

La siguiente parte se refiere a la ley de Dios y señala la enseñanza heterodoxa de Amoris laetitia, y los ataques contra la vida. El artículo 28 refuta el cambio realizado por el Papa Francisco al n. 2267 del Catecismo de la Iglesia Católica, donde rechaza la pena de muerte.

Finalmente, la parte sobre los sacramentos recuerda la doctrina sobre la Misa, el sacramento de la penitencia y enfatiza la disciplina inmemorial del celibato sacerdotal.

Denunciar el error y sus causas

Esta importante Declaración hace posible observar que el estudio de los males actuales progresa en el sentido de cuestionar los trastornos conciliares. Sin embargo, no reemplaza los profundos análisis de Monseñor Marcel Lefebvre, quien merece ser conocido y retomado.

Porque, a diferencia del fundador de la Fraternidad San Pío X, los autores de la Declaración nunca hablan formalmente de la causa: el Concilio Vaticano II y las reformas que han surgido después de él, ni del magisterio postconciliar que es su auténtico interprete. Es cierto que se habla implícitamente de los textos y las enseñanzas del Concilio, pero es nuestro comentario el que los saca a la luz explícitamente.

Además, este Documento, con sus méritos, que no son pequeños, evade la cuestión de la autoridad de este nuevo magisterio. Monseñor Lefebvre no solo analizó, denunció o hizo declaraciones; él encarnó los principios católicos en sus posturas, así como en sus acciones. Finalmente, fue a través de su prudencia y de hablar libremente en medio de la tormenta conciliar que este tipo de declaraciones son posibles. Regocijémonos en esto, esperando que tales iniciativas finalmente conduzcan a una reacción saludable en todos los niveles de la Iglesia.