El cónclave celebra su 750 aniversario

Enero 15, 2021
Origen: fsspx.news
Logia del Palacio Papal de Viterbo

En 2021, Viterbo celebró el 750 aniversario del cónclave más largo en la historia de la Iglesia. En efecto, fueron necesarios treinta y tres meses de deliberación para que los 19 cardenales, confinados inesperadamente en 1271, eligieran al Papa Gregorio X, sentando las bases para las reglas que rigen actualmente la elección del sucesor de Pedro.

En la segunda parte del siglo XIII, se multiplicaron los largos interregnos pontificios, debido a un número demasiado reducido de cardenales, lo que dificultaba ponerse de acuerdo sobre la elección de alguno de ellos: si la vacante superó los cuatro meses en 1265, antes de la elección del papa francés Clemente IV (1265-1268), ¡duró casi tres años después de la muerte de este último! Es la vacante más larga en la historia de la Iglesia.

Era necesario evitar que algo así volviera a suceder. En 1268, los cardenales se reunieron en Viterbo, donde acababa de morir Clemente IV. Esta ciudad era entonces la segunda capital de la cristiandad: por su posición estratégica y sus numerosas torres, protegía a los papas de los golpes que las manos enemigas de los líderes del Sacro Imperio podían tramar contra ellos, en un conflicto más o menos latente contra la Iglesia.

El Papa Adriano IV ya se había refugiado allí para escapar de Federico Barbarroja, y Alejandro IV, en 1257, e incluso trasladó a este lugar el gobierno pontificio, en nombre del principio de precaución.

Tras la muerte de Clemente IV -en 1268, cabe recordar- los dieciocho cardenales que entonces integraban el Sacro Colegio no consiguieron ponerse de acuerdo. No obstante, rápidamente fue evidente que una vacante excesivamente prolongada constituiría un riesgo muy alto para los intereses de la cristiandad.

Fue entonces cuando el rey de Francia, Felipe III, llegó a Viterbo, a su regreso de la cruzada donde murió su ilustre padre, el rey San Luis. Junto con su tío Carlos de Anjou, rey de Sicilia, el nuevo gobernante pidió a los cardenales apresurar la elección del sucesor de Pedro.

Para concretizar este deseo, el ingenioso San Buenaventura, que también estaba entonces en Viterbo, aconsejó a los habitantes de la ciudad que encerraran herméticamente a los cardenales dentro de los muros del palacio episcopal, para que, separados de toda influencia externa, pudieran finalizar con la elección lo antes posible.

Todavía hoy se pueden ver, en la sala del palacio episcopal, los agujeros cavados para colocar los travesaños de madera de los que colgaban las cortinas que formaban las celdas para los cardenales.

Sin embargo, no era la primera vez que sucedía algo así en Viterbo: medio siglo antes, los habitantes de Perugia habían recurrido a una estratagema similar, para obligar a los cardenales a proporcionar sin demora un sucesor a Inocencio III. Esto sucedió en julio de 1216.

Igualmente, los romanos, a la muerte del beato Gregorio IX, el 22 de agosto de 1241, encerraron a los porporati en el Septizonium de Septimio Severo, ubicado en las laderas del Palatino.

Pero, en Viterbo, a pesar de las disposiciones hechas en 1268, la elección no tuvo lugar. Impacientes ante tanta demora, Alberto de Montebono, potentado de la ciudad, y Raniero Galli, jefe de los milicianos, mandaron quitar el techo del palacio, y alimentaban a los cardenales únicamente con pan y agua.

Motivados por este confinamiento tan estricto, al que se sumó un ayuno de los más austeros, nuestros cardenales enviaron a dos de ellos para proponer al pontificado soberano a San Felipe Beniti, general de los Siervos de María. ¡Pero el santo se negó y huyó a las montañas!

Los cardenales, hambrientos y congelados, confiaron a seis de ellos la tarea de elegir al futuro pontífice: rápidamente eligieron a Théobald de Visconti, archidiácono de Lieja, y originario de Plaisance.

El elegido ni siquiera era cardenal, y desempeñaba las funciones de legado apostólico en Siria. En cuanto aceptó el cargo, tomó el nombre de Gregorio X, y su ingreso al pontificado soberano proporcionó al obispo de Oporto, Juan de Toledo, la oportunidad de un epigrama que sigue siendo célebre:

Papatus munus tulit archidiaconus unus quem patrum fecit discordia fratrum. Lo que puede traducirse como "el desacuerdo de los cardenales dio a luz a un simple archidiácono disfrazado de Papa".

El recién electo, sabiendo lo difícil que había sido su elección, estableció nuevas reglas, con el fin de evitar una vacante perjudicial para los intereses de la Iglesia: el 7 de julio de 1274, se publicó la bula Ubi periculum, que, curiosamente, establece una sanción legal a los medios que los ciudadanos de Viterbo emplearon para apresurar la elección del soberano pontífice: la historia de los cónclaves acababa de comenzar...