El Cardenal Burke advierte contra la destrucción eclesiástica

Diciembre 13, 2018
Origen: fsspx.news

El Cardenal Raymond Burke cree que la sinodalidad, como fue considerada en el último Sínodo sobre la Juventud, es un concepto poco ortodoxo que sugiere la aparición de una nueva Iglesia donde ya no hay lugar para la autoridad papal.

"Se ha convertido en una especie de eslogan destinado a sugerir un nuevo tipo de Iglesia democrática donde se relativiza y disminuye, y en el peor de los casos se destruye, la autoridad del Pontífice Romano," advirtió el Cardenal en una entrevista publicada en diciembre de 2018.

El ex prefecto del Tribunal de la Signatura Apostólica explicó que los sínodos de obispos se instituyeron a lo largo de la historia para reafirmar las enseñanzas de la Iglesia, pero nunca para enseñar una nueva doctrina.

“En la Iglesia latina ha existido el concepto de sínodo, llevado a cabo en una diócesis o en una provincia, o incluso a nivel nacional, para encontrar formas de enseñar la fe católica de manera más efectiva y promover una disciplina apropiada," explicó el cardenal, que definió un sínodo como "una reunión de obispos para ayudar al Papa a enseñar la Fe con mayor eficacia y promover una vida cristiana más fiel de acuerdo con la disciplina de la Iglesia".

Sin embargo, la noción moderna de sinodalidad consiste en una forma de "deconstrucción eclesiástica" que algunos miembros de la jerarquía consideran como el "nuevo paradigma".

El Cardenal Burke insistió en que “la Iglesia Católica es una realidad orgánica de la gracia, que nos viene de Nuestro Señor mismo. Él constituyó la Iglesia, en forma definitiva: una fe con los sacramentos, una disciplina, un gobierno. Estas cosas tienen que dejarse muy claras ahora”, concluyó.

Mucho antes del cardenal Burke, el Papa San Pío X advirtió contra los planes de los modernistas y su frenesí reformista que buscaba convertir el gobierno de la Iglesia en una democracia más. Esta página de la encíclica Pascendi Dominici Gregis (8 de septiembre de 1907) describe la acción de los reformadores modernistas en el gobierno de la Iglesia:

Claman que el régimen de la Iglesia se ha de reformar en todos sus aspectos, pero príncipalmente en el disciplinar y dogmático, y, por lo tanto, que se ha de armonizar interior y exteriormente con lo que llaman conciencia pública, que íntegramente tiende a la democracia; por lo cual, se debe conceder al clero inferior y a los mismos laicos cierta intervención en el gobierno y se ha de repartir la autoridad, demasiado concentrada y centralizada.

Esta descentralización fue promovida por la colegialidad implementada por el Concilio Vaticano II y la constitución Lumen Gentium. Son la fuente y el alma de la deconstrucción eclesiástica de la que habla el cardenal Burke.