El cardenal Marx presenta su renuncia

Junio 08, 2021
Origen: fsspx.news

El cardenal Reinhard Marx entregó al Papa su carta de renuncia como arzobispo de Múnich y Frisinga, con fecha del 21 de mayo, que hasta ahora no ha sido aceptada por Francisco. La carta fue publicada el 4 de junio. Tanto el procedimiento como el contenido de la carta son desconcertantes.

El cardenal Marx tiene solo 67 años. Los obispos deben presentar sus renuncias al Papa cuando cumplen 75 años según el nuevo derecho canónico. Por lo tanto, esta acción parece prematura para aquel que se presenta como un "peso pesado" de la Iglesia de Alemania.

Por otra parte, el alto prelado tiene una responsabilidad en la propia Roma, donde fue convocado por el Papa Francisco en 2013 para formar parte del "consejo de cardenales". Este pequeño círculo, conformado por un número variable de miembros –actualmente son siete– se encarga de brindar apoyo al Papa en particular para reformar la Curia romana.

Cuestión de método

Surge una primera pregunta: ¿por qué el cardenal Marx quiso hacer pública su carta de renuncia? Este es un procedimiento inusual. Se puede entender en determinadas circunstancias especiales, pero ¿en este caso?

Parece obvio que el prelado quiere hacer saber a urbi et orbi el motivo de su renuncia. Decirlo y proclamarlo desde el púlpito en cierto sentido. En otras palabras, esto suena a "truco publicitario", un intento de enviar un mensaje. ¿Pero qué mensaje?

Poner a la institución en el banquillo de los acusados

La carta del cardenal Marx comienza con la observación de la crisis de la Iglesia en Alemania. Según sus palabras, esta última conduce a un verdadero "callejón sin salida" que, sin embargo, podría conducir a una renovación.

Luego indica que su renuncia es una forma de asumir su "corresponsabilidad por la catástrofe de los abusos sexuales". Y repite un estribillo gastado: "Las encuestas y los peritajes de los últimos diez años han seguido mostrando que ha habido tanto fallas personales como errores administrativos, pero también un fracaso institucional".

Estas deficiencias personales y este "fracaso institucional (...) exigen un cambio y una reforma de la Iglesia". El alto prelado propone el camino sinodal como la única posibilidad de salir de esta crisis. Esto debe introducir un cambio de perspectiva.

El cardenal Marx menciona luego el famoso informe MHG sobre los abusos en Alemania por parte de académicos independientes que afirma, entre otras cosas, la necesidad de reformar el sistema de poder en la Iglesia.

Si bien no es lícito dudar de la sinceridad del cardenal Marx, al sentirse corresponsable de la crisis de abusos, por otro lado, está permitido sorprendernos de la publicación de tal decisión, y rechazar el análisis que insiste en imponer como origen de esta crisis.

Las verdaderas razones de la crisis de abusos

Esta crisis es parte integral de la crisis de la Iglesia después del Concilio Vaticano II. Por supuesto, el Concilio no es el origen de todos los elementos de esta crisis, pero suscitó algunos y fue el catalizador de otros.

El primer elemento es la pérdida del fervor y de la fe viva entre los clérigos. Este elemento comenzó antes del Concilio, pero se multiplicó por diez con este evento. La terrible ola de abandonos del sacerdocio en el período posconciliar -alrededor de 70,000- es un claro indicio de ello.

El Papa emérito Benedicto XVI fue testigo de este abandono como cardenal, mientras estaba al frente de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Él proporciona como primer elemento de la crisis de abusos el contexto social de la liberación de la moral: "en la década de 1960, tuvo lugar un acontecimiento de una magnitud sin precedentes en la historia. Se puede decir que, en el transcurso de veinte años, de 1960 a 1980, las normas sobre sexualidad colapsaron completamente".

Y recuerda sobre este tema las reivindicaciones pansexuales y la promoción de la pedofilia. El clero, en medio de la confusión, lamentablemente también se vio afectado por este movimiento.

Una segunda causa está relacionada con la revolución de la teología moral y la enseñanza de la Iglesia sobre las costumbres: "Hasta antes del Concilio Vaticano II, la teología moral católica se basaba en gran medida en la ley natural. (…)

"En la lucha del Concilio por una nueva comprensión de la Revelación, se abandonó en gran parte la opción de la ley natural, y se reclamó una teología moral completamente basada en la Biblia". Una confesión importante: el Concilio es responsable del abandono de la ley natural. De ahí los innumerables excesos del relativismo moral.

Finalmente, una tercera causa radica en el rechazo del magisterio de la Iglesia, que ya no se reconoce como infalible en materia de moral. Esto lleva a pensar que "la Iglesia no tiene ni puede tener su propia moral". A partir de entonces, todo, o casi todo, es posible.

Para el Papa Emérito, las causas que pone de relieve condujeron a tres rupturas esenciales.

Ruptura de la formación en los seminarios: "con respecto al problema de la preparación al ministerio sacerdotal en los seminarios, hay ciertamente una ruptura profunda con la forma anterior de esta preparación". Esta ruptura en la formación permitió que, 'en muchos seminarios', se formaran clanes homosexuales, que actuando de manera más o menos abierta han transformado significativamente el ambiente de los seminarios".

Ruptura en el reclutamiento de obispos: en esta atmósfera de colapso moral, Joseph Ratzinger admite también que la aplicación del Concilio tuvo como consecuencia la elevación a la jerarquía de la Iglesia de pastores insuficientemente formados en sus tareas. Concretamente, "los criterios para la selección y nombramiento de obispos también sufrieron modificaciones después del Concilio Vaticano II, las relaciones de los obispos con sus seminarios también se modificaron en gran medida. A partir de entonces, uno de los principales criterios para el nombramiento de nuevos obispos era su "conciliaridad, un término que podía tener significados muy distintos. En numerosos sectores de la Iglesia, las actitudes conciliares se entendieron como una actitud crítica o negativa hacia la tradición existente, que ahora debía ser reemplazada por una nueva relación, radicalmente abierta, con el mundo".

Ruptura en la legislación canónica: finalmente, Benedicto XVI aborda directamente el problema de la pedofilia y de la insuficiencia de los medios de represión provistos por el nuevo Código de Derecho Canónico, promulgado en 1983: "La cuestión de la pedofilia (...) se planteó hasta la segunda mitad de los años ochenta. Los obispos de Estados Unidos, donde el problema ya se había vuelto público, pidieron ayuda porque el derecho canónico, consignado en el nuevo Código (1983), parecía insuficiente para tomar las medidas necesarias".

Este punto quedó particularmente bien documentado en la entrevista concedida recientemente por Monseñor Arrieta con motivo de la revisión del Libro VI del Código de 1983.

Conclusión

El cardenal Marx, junto con el clero alemán, sigue ciego a las causas de la crisis y está empeñado en la reforma institucional de la Iglesia, que es el núcleo de su renuncia. Una forma de ejercer presión tanto como sea posible en esta dirección. Pero la Iglesia no puede cambiar institucionalmente, porque su estructura es sobrenatural y revelada.