El cardenal Marx revela sus pensamientos

Mayo 11, 2021
Origen: fsspx.news

El 5 de mayo, el cardenal Reinhard Marx, miembro del C6 -el consejo especial de cardenales del Papa Francisco- y arzobispo de Múnich y Frisinga, concedió una entrevista a Publik-Forum, una revista católica en línea con una clara tendencia modernista.

Los temas abordados giraron en torno al avance del ecumenismo, el camino sinodal (lanzado por el cardenal) y la desconfianza de Roma por este proceso, y los abusos en la Iglesia. El porporato respondió con gran libertad a este público selecto.

La Iglesia no sabe lo que es

Los dos periodistas que realizaron la entrevista cuestionaron en primer lugar los "mandatos de Roma" que, en su opinión, obstaculizarían el progreso del ecumenismo.

El cardenal afirmó que el ecumenismo no puede retroceder. Y repitió las frases estereotípicas: "consenso diferenciado", "unidad visible en una diversidad reconciliada". O cómo hacer coexistir los opuestos. Pero vale la pena destacar una frase: "No tenemos un modelo claro de unidad al que aspirar".

La Iglesia, que es una en esencia, cuya unidad cantan todos los fieles en el Credo, ¿no tiene el modelo de esta unidad? Es decir, su fundador, Cristo Jesús, Sabiduría Encarnada, ¿no le dejó el modelo de elemento esencial? En otras palabras, no fundó la Iglesia.

Respondiendo a la pregunta, que es más una afirmación, de que los teólogos ecuménicos sostienen que las diferencias entre las Iglesias se han resuelto de manera consensuada, el cardenal Marx retrocede un poco. Sin embargo, afirmó que "las diferencias pueden y deben permanecer". Se trata sobre todo de dar un testimonio común.

Es difícil entender cómo un protestante puede "dar testimonio" de la fe de la Iglesia católica. Pero el cardenal tiene una solución: debemos abandonar la "estrechez confesional". Redescubrimos este amor por lo ambiguo y lo indefinido, que permite a todos reunirse en un vasto todo indeterminado. Pero esto ya no es la Iglesia.

Finalmente, el porporato admitió que, en sus inicios episcopales, quiso "ceñirse estrictamente a las normas". Pero "se han relejado y transformado muchas cosas en ecumenismo" desde entonces. Y cita como ejemplo: "Si alguien, después de haber tomado una decisión consciente, participa en la eucaristía católica o en la cena luterana, tengo que aceptarlo".

Según sus declaraciones, esto significa que la conciencia individual es superior a las normas y al derecho de la Iglesia...

El camino sinodal y la desconfianza de Roma

Los periodistas preguntaron al cardenal Marx por qué Roma desconfía tanto de la Iglesia alemana. El prelado respondió que habría que plantear la pregunta directamente a la Congregación para la Doctrina de la Fe...

Luego expresó su molestia y confesó sentirse enojado. Según sus palabras "recibimos con unos minutos de antelación la información de que se publicaría una carta de la Congregación para la Doctrina de la Fe sobre la prohibición de bendecir a las parejas homosexuales. Esta no es la manera de hacer las cosas".

Y para explicar más profundamente su pensamiento, añadió: "Nosotros, los obispos, no somos el brazo armado de la Congregación para la Doctrina de la Fe; nosotros también queremos ser escuchados". Si la autoridad suprema quiere hablar, ¿debe pedir primero la opinión de los obispos?

Luego añadió: "Pero tenemos claro que el garante de la unidad es el Papa". Lo cual suena reconfortante, sino fueran estas sus siguientes palabras: "Y la Iglesia universal es más que una autoridad romana". Si entendemos correctamente su pensamiento, el Papa es el garante de la unidad, pero ¿los obispos de la Iglesia universal están por encima de las congregaciones romanas?"

Inevitablemente, el tema avanzó hacia la sinodalidad. El cardenal Marx prosigue: "Todavía debemos entender qué significa realmente la Iglesia sinodal". ¿Eso significa que no conoce la respuesta? Desde luego que no. "La mentalidad cerrada de la derecha y de la izquierda también pone en peligro la cultura democrática. Y a la Iglesia". Así establece, por tanto, la relación entre democracia moderna y sinodalidad.

Una noción evolutiva de la fe

El arzobispo de Múnich lamenta lo siguiente: "Roma debería tener la mejor facultad teológica del mundo. (...) Todas las instituciones están familiarizadas con la tentación de promover a personas que no las incomoden. Debe haber, en el contexto del catolicismo, un pensamiento libre".

Al menos, el prelado es claro. Ignorando la tradición, debemos ser capaces de evolucionar libremente en la teología y la fe, que deben evolucionar en sí mismas. Más adelante, el cardenal lo dice claramente: "No puedo desarrollar una teología atemporal, citando a Agustín o Tomás de Aquino sin tener en cuenta la época en que vivieron". Esto significa que la verdad evoluciona con el tiempo, y profesando un relativismo total, un modernismo puro.

El cardenal explica más detalladamente su pensamiento: "La idea de una institución que pretende saber lo que Dios piensa es difícilmente aceptable para el hombre de hoy".

Esto constituye la negación de la Revelación hecha por el Hijo de Dios que nos dijo: "Nadie ha visto jamás a Dios; el Dios, Hijo único, que es en el seno del Padre, Ése le ha dado a conocer" (Jn. 1, 18). Y también: "Nadie sabe lo que es el Hijo, sino el Padre, ni lo que es el Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo quisiere revelárselo".

Precisamente para que sepamos lo que piensa Dios, es que el Hijo de Dios, un solo Dios con su Padre, ha venido a traernos su Revelación. Y le dio a la Iglesia el poder de transmitirla. Lo que piensa el hombre de hoy no cambia en nada las cosas. Y la única forma de cumplir la misión encomendada es predicando la verdad a los extraviados.

Que un príncipe de la Iglesia quiera adaptarse a la mentalidad moderna y esconder la verdad no es nada nuevo. Pero esa es precisamente toda la historia de la Iglesia desde el Concilio Vaticano II.