El coronavirus no socava el fervor de los católicos chinos

Febrero 17, 2020
Origen: fsspx.news

Desde el comienzo de la epidemia de coronavirus, unos días antes del Año Nuevo Lunar, muchas diócesis chinas han cancelado las misas dominicales para evitar la concentración de personas, al tiempo que sugieren a los fieles reunirse en pequeños grupos para santificar el día del Señor.

Un oratorio improvisado donde poder seguir las lecturas previstas por la liturgia dominical, la recitación del rosario y las letanías: ya sea en la Iglesia oficial o en la clandestina, los católicos chinos no aceptaran que les "roben" su domingo, al tiempo que toman las precauciones necesarias ante la emergencia de salud que afecta al país.

Las circunstancias afectan por igual a todas las comunidades católicas, oficiales o no: al no poder asistir a misa en las iglesias, los fieles han decidido, por invitación de sus pastores, reunirse en sus casas para rezar, es decir, en sitios no registrados como lugares de culto, violando las nuevas reglas impuestas por el Partido Comunista Chino (PCCh).

Esta situación ha permitido que los jóvenes menores de 18 años también puedan participar en esta improvisada "paraliturgia" dominical, pues actualmente el gobierno ateo les prohíbe asistir a misa. 

"Por lo general, los domingos, la policía y los miembros de la Asociación Patriótica hacen guardia frente a las iglesias para impedir la entrada de niños y jóvenes. Pero ahora, como el gobierno ha pedido a la gente quedarse en sus casas para evitar la propagación de la epidemia, los niños pueden participar en las oraciones hechas en casa, alrededor de un altar improvisado", declaró Monseñor Zhumin, obispo de la Iglesia clandestina de Wenzhou.

Como Dios de los males saca bienes, hay quienes creen que gracias a la epidemia el control del gobierno sobre las religiones está disminuyendo. Sin embargo, esto solo sucede en algunas zonas del país.

Por ejemplo, en una aldea al noreste de China, los miembros del PCCh verificaron meticulosamente que los católicos no colgaran deseos de Año Nuevo que mencionaran el nombre de Dios o Jesús. Por el contrario, se les obligó a escribir "algo que celebrara el Partido o la nación". El comunismo sigue siendo intrínsecamente perverso, según las palabras de la encíclica de Pío XI.