El Misal de Pablo VI: ¿cuál sacerdocio? (1)

Agosto 24, 2021
Origen: fsspx.news

Este artículo continúa la reflexión sobre el lugar central de la Misa en la crisis actual. Ver "Traditionis custodes" y la participación activa
"El sacrificio y el sacerdocio están tan unidos1" que cambiar la concepción del sacrificio de la Misa implica cambios profundos en el papel que juega el sacerdote en el altar, así como en la concepción misma del sacerdocio.

  • 1. Concilio de Trento, ses. 23, cap. 1.

El sacramento del Orden fue instituido por Nuestro Señor Jesucristo el Jueves Santo, cuando confió el sacrificio eucarístico a sus apóstoles1. Por lo tanto, existe un vínculo esencial que une el Orden y la Misa, de modo que no se puede cambiar uno sin dañar al otro.

El Novus Ordo distorsiona el vínculo entre la Misa y el sacerdote

Ahora bien, el Misal de Pablo VI minimiza el sacrificio eucarístico. Pasa por alto el hecho de que el sacerdote es la única causa del sacrificio de la Misa, en la medida en que actúa in persona Christi, ya que el sacerdocio le permite hablar con el poder divino de Cristo.

Hoy, sin embargo, la celebración eucarística es un acto de toda la Iglesia, actuando el sacerdote únicamente como el que la preside. Así se afirma sistemáticamente que el sacerdote "también actúa en nombre de toda la Iglesia cuando presenta la oración de la Iglesia a Dios y sobre todo cuando ofrece el sacrificio eucarístico" (Catecismo de la Iglesia Católica (CIC) n° 1552).

Si la Misa es un sacrificio solo en la medida en que "conmemora" (CIC n° 1365), y si el banquete memorial es llevado a cabo por toda la comunidad - "Por su naturaleza, la celebración de la Misa tiene carácter comunitario", Instrucción General del Misal Romano (IGMR) 2002 n° 34 - entonces la oración del sacerdote en el altar, incluida la consagración, es de carácter presidencial.

Decir que el sacerdote actúa in persona Christi ya no tiene el mismo sentido. Ya no significa que representa la humanidad de Cristo, instrumento de su divinidad, sino solo que representa a Cristo, Cabeza de la Iglesia2; el sacerdote participa en su función presidencial, ya no en su poder divino3.

Por tanto, el sacerdocio desaparece, dejando lugar únicamente a una acción sacerdotal realizada en un sentido restringido, la de toda la Iglesia representada por el sacerdote.

Así, el Novus Ordo cree que, además de las oraciones que el sacerdote recita "en su propio nombre", todas las palabras que pronuncia el sacerdote son presidenciales (IGMR 2002 n° 30).

Mientras que corresponde al pueblo reunido formar un solo cuerpo "ya sea participando en las oraciones y los cantos, y principalmente en la común oblación del sacrificio y en la común participación de la mesa del Señor" (IGMR 2002 n° 96).

La "Plegaria Eucarística" está dirigida a Dios "en nombre de toda la comunidad", y "el sentido de esta oración es que toda la asamblea de los fieles se una con Cristo en la confesión de las maravillas de Dios y en la ofrenda del sacrificio" (IGMR 2002 n° 78).

Se afirma categóricamente que "la Eucaristía es acción de la Iglesia Universal" (IGMR 2002 n° 5), "acción de Cristo y del pueblo de Dios ordenado jerárquicamente" (IGMR 2002 n° 16), "pueblo llamado a elevar a Dios las peticiones de toda la familia humana4; pueblo que, en Cristo, da gracias por el misterio de la salvación ofreciendo su sacrificio" (IGMR 2002 n° 5).

Consecuencias lógicas y graves

De esto se derivan las siguientes consecuencias litúrgicas, que si se toman solas, son secundarias, pero condenadas por la Iglesia por lo que las subyace.

- "Es preferible que en las iglesias nuevas que van a ser construidas, se erija un solo altar, el cual signifique en la asamblea de los fieles, un único Cristo y una única Eucaristía de la Iglesia." (IGMR 2002 n° 303), lo que corresponde a la trigésima primera proposición condenada por el Sínodo de Pistoya.
La proposición 31 de la condena del Sínodo de Pistoya (reunión jansenista celebrada en 1786 y de la cual varias proposiciones fueron condenadas por Pío VI) dice: "La proposición del Sínodo, que afirma que es conveniente para el buen orden de los divinos Oficios, y según la antigua costumbre, que en cada Iglesia haya un solo altar, y que le agradaría ver restablecida esta costumbre, es declarada temeraria, injuriosa a una costumbre antiquísima y piadosa, en vigor y aprobada desde hace muchos siglos, en particular en la Iglesia latina".

- El requisito exigido de la recitación de la Plegaria Eucarística en voz alta (IGMR 2002 n° 32) y en lengua vernácula corresponde a la trigésima tercera proposición condenada del Sínodo de Pistoya. 
Proposición 33 de la condena del sínodo de Pistoia: "La proposición del Sínodo por la que manifiesta desear que se supriman las causas por las que en parte se ha introducido el olvido de los principios que tocan al orden de la liturgia, 'volviéndola a mayor sencillez de los ritos, celebrándola en lengua vulgar y pronunciándola en voz alta' como si el orden vigente de la liturgia, recibido y aprobado por la Iglesia, procediera en parte del olvido de los principios por los que debe aquella regirse, es temeraria, ofensiva a los piadosos oídos, injuriosa contra la Iglesia y favorecedora de las injurias de los herejes contra ella".

Otras modificaciones litúrgicas introducidas por el Misal de Pablo VI demuestran también la evolución de un "sacerdocio del pueblo de Dios ordenado jerárquicamente" en detrimento del sacerdocio propio del sacerdote que le confiere la potestad de hablar con poder divino:

- La sustitución de las oraciones al pie del altar por los ritos introductorios. Estas antiguas oraciones, destinadas a la preparación del celebrante, ya no se dirigen a la preparación personal del sacerdote, sino a la de todo el pueblo, nuevo actor de la liturgia.
La finalidad de los nuevos "ritos introductorios" es "que los fieles reunidos en la unidad construyan la comunión" para "celebrar la Eucaristía con dignidad" (IGMR 2002 n° 46).
De ahí la introducción del rito del saludo al pueblo reunido: "Con este saludo y con la respuesta del pueblo se manifiesta el misterio de la Iglesia congregada." (IGMR 2002 n °50).
Asimismo, el acto penitencial introductorio es rezado por toda la comunidad reunida (IGMR 2002 n° 51) y ya no por separado por el sacerdote y los fieles, dada su diferente relación con el sacramento de la Eucaristía.

- La ejecución de los ritos ya no es responsabilidad exclusiva del sacerdote, posiblemente rodeado de ministros sagrados. Por el contrario, se privilegia la distribución de tareas a los diferentes miembros de la comunidad.
En adelante, laicos, hombres o mujeres, serán invitados a compartir el rito de las lecturas (IGMR 2002 n° 101, 109) y la oración universal, reintroducida (IGMR 2002 n° 197); también podrán ayudar en la distribución de la comunión (IGMR 2002 n° 162, 191) y el acólito podrá purificar los vasos sagrados (IGMR 2002 n° 192).
En el caso de una Misa concelebrada, los sacerdotes se dividirán la recitación de las oraciones presidenciales (IGMR 2002 n° 220, 223, 228, 231, 234). En el mismo sentido, finalmente, se otorgó permiso a las niñas para que participen como "acólitas". 

Conclusión

"Acción de Cristo y del pueblo de Dios ordenado jerárquicamente" (IGMR 2002 n° 16), ciertamente lo es la Misa de Pablo VI. Su rito exalta la acción sacerdotal de la Iglesia constituida, en detrimento sin duda de la participación interior de los fieles -muy pocos elementos del nuevo rito los invitan a unirse con Cristo inmolado- pero más aún en detrimento del sacerdocio específico del sacerdote, el cual, sin embargo, es la única causa instrumental de la presencia eucarística de Cristo en estado de víctima.

Es de temer que el desequilibrio no sea solo litúrgico, sino que concierna a la concepción misma del sacerdote: parece que se ha roto el vínculo que unía al sacerdote y la Eucaristía, como lo manifiesta la exhortación apostólica Pastores dabo vobis.

Si hasta entonces la Iglesia había afirmado con el Concilio de Trento que el sacerdocio fue instituido en la tarde del Jueves Santo, la exhortación se niega a decirlo, al igual que el CIC.

Lo que Juan Pablo II en su exhortación apostólica liga al sacrificio ya no es el sacramento del Orden, sino, de una manera completamente nueva, el sacerdocio universal de los fieles: "Con el único y definitivo sacrificio de la cruz, Jesús comunica a todos sus discípulos la dignidad y la misión de sacerdotes de la nueva y eterna Alianza. Se cumple así la promesa que Dios hizo a Israel: 'Seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa' (Ex 19, 6)".

Tal cambio no es ajeno a la profunda crisis de identidad por la que atraviesa el sacerdocio desde el Concilio Vaticano II.

  • 1. Concilio de Trento, ses. 22, cap. 1.
  • 2. Ver Concilio Vaticano II, Presbyterorum Ordinis n° 2. “El sacerdocio de los sacerdotes (...) los marca con un carácter especial y los configura con Cristo Sacerdote para permitirles actuar en nombre de Cristo Cabeza en persona".
  • 3. Cf. Santo Tomás de Aquino, Suma contra los gentiles, lib. 4, cap. 74. "Un instrumento debe ser proporcional a quién lo utiliza. Por tanto, es necesario que los ministros de Cristo se conformen a Él. Ahora bien, Cristo trajo nuestra salvación por su propia autoridad y poder, como Dios y como hombre. (...) Es necesario, por tanto, que los ministros de Cristo sean hombres y que, al mismo tiempo, compartan de cierta manera su divinidad según una cierta potencia espiritual".
  • 4. Esta fórmula es sintomática. A partir de ahora, la mediación sacerdotal ya no se sitúa entre el sacerdote y cada uno de los bautizados, sino que se atribuye a todo el pueblo de Dios, puesto como mediador entre Dios y el mundo.