El Misal de Pablo VI: ¿cuál sacerdocio? (2)

Agosto 26, 2021
Origen: fsspx.news

La insistencia en la "participación activa" de los fieles en la reforma litúrgica ha permitido ver que el Misal reformado tiende a sustituir la acción del sacerdote y su carácter sacerdotal por la del pueblo de Dios y el sacerdocio común de los fieles. Este artículo examinará esta última noción y su significado.

En otras palabras: ¿se puede hablar de un sacerdocio común de los bautizados?

Los modernos señalan que la Sagrada Escritura, en la primera Epístola de San Pedro (1 Pe. 2, 5 y 9-10) o en el Apocalipsis (Ap. 5, 9-10), habla de un sacerdocio común a todos los miembros de la Iglesia, que son llamados sacerdotes. Los Padres de la Iglesia se expresan de la misma manera.

Y añaden que Pío XII dice en Mediator Dei, que, en el marco de la liturgia, los fieles ofrecen el sacrificio de la Misa con el celebrante, y el sacrificio de la Misa es un sacrificio en el sentido propio.

Además, dado que el sacerdote es quien participa del sacerdocio de Cristo, el bautizado debería ser designado como sacerdote, según una verdadera analogía.

Por eso la constitución Lumen gentium de Vaticano II sobre la Iglesia, en su n° 10, explica que "el sacerdocio común de los fieles y el sacerdocio ministerial o jerárquico, aunque diferentes esencialmente y no solo en grado, se ordenan, sin embargo, el uno al otro, pues ambos participan a su manera del único sacerdocio de Cristo".

Parece que, mediante estas expresiones, salvaguardan el hecho de que estos dos sacerdocios pretenden serlo en el sentido propio y que hay una diferencia esencial entre ellos, no solo de grado.

La importancia de una terminología rigurosa

Santo Tomás, citando a San Jerónimo, comenta: "Al hablar irreflexivamente, se cae en la herejía" (ST, III, 16, 8). El doctor angelical añade: "Además, nuestras expresiones no deben tener nada en común con las de los herejes, para que no parezca que toleramos su error".

Siempre debemos tener cuidado de distinguir entre el significado propio de las palabras y una posible extensión de significado, en virtud de la cual la expresión original solo se dice incorrectamente.

Por tanto, la cuestión es saber si el término "sacerdocio" puede usarse en el sentido propio para designar la parte que los simples fieles bautizados desempeñan en el culto divino. Pero también si es apropiado emplear el término "sacerdocio" para designar esta actividad de los simples fieles bautizados.

El sacerdocio guarda una relación esencial con el culto

Se habla del sacerdocio con respecto al culto. Pero, ¿se trata de culto litúrgico o no litúrgico?

Culto litúrgico

El culto litúrgico es el culto público que la Iglesia rinde a Dios, actuando como una sociedad ordenada. El orden de la sociedad eclesiástica instituido por Dios consiste en que el culto litúrgico sea ejercido activamente por quienes han recibido para este fin el carácter del sacramento del orden.

Los fieles bautizados han recibido el carácter del sacramento del bautismo, que no es un poder activo sino pasivo, a través del cual participan en este culto bajo la dirección de los sacerdotes.

Sacerdotes y bautizados reciben, pues, una participación en el sacerdocio de Cristo, pero de diferentes formas, los primeros como ministros de Cristo, agentes propios de la liturgia, y los segundos como miembros de Cristo y de la Iglesia, dirigidos por los sacerdotes en el marco de la liturgia.

Culto no-litúrgico

El culto no litúrgico es un acto de la virtud de la religión, que todo miembro de la Iglesia posee en razón de la gracia de su bautismo. Esta virtud es el principio activo de todos los actos privados de culto, que se denominarán "sacrificio" en referencia al acto perfecto del culto que es el acto litúrgico.

Pío XII enseña en Mediator Dei que "por el 'carácter' que se imprime en sus almas, los simples fieles bautizados son consagrados al culto divino, participando así, según su condición, del sacerdocio del mismo Cristo1.

Pero a pesar de todo, la encíclica Mediator Dei nunca utiliza la expresión "sacerdocio" para referirse a esta actividad de los fieles y evita designar a los simples bautizados como "sacerdotes". Esta precaución en términos de vocabulario se explica fácilmente, debido a la herejía luterana.

El Magisterio insiste sobre todo en circunscribir el papel que los fieles pueden tomar en el santo sacrificio de la Misa, y presentar su actividad como esencialmente distinta de la que pertenece propiamente al sacerdote investido del carácter del orden, y que define como tal el acto sacerdotal2.

Pío XII dijo más tarde que, si podemos hablar de un cierto "sacerdocio" de los fieles, esta expresión equivale a un título simplemente honorífico y que hay una diferencia esencial entre la realidad de este sacerdocio íntimo y secreto (espiritual) y el verdadero y propio sacerdocio3.

Una omisión peligrosa

Esta última precisión ha desaparecido del texto del n° 10 de Lumen gentium: el sacerdocio común se presenta allí como esencialmente diferente del sacerdocio ministerial, pero esta diferencia ya no se designa como la que existe entre un sacerdocio espiritual y un "sacerdocio verdadero y propio".

Esta omisión va en contra de la enseñanza de Pío XII, porque permite definir el sacerdocio común de los fieles como un sacerdocio en el sentido propio del término. Lo que Mediator Dei había aclarado de forma explícita, Lumen gentium lo vuelve oscuro y ambiguo.

Conclusión

De acuerdo a las enseñanzas de Pío XII, es necesario concluir que los fieles bautizados de ningún modo pueden ser designados como "sacerdotes" en el verdadero y propio sentido del término y que no se puede hablar de un "sacerdocio de los fieles" en sentido estricto. 

A lo sumo, se puede hablar de un cierto sacerdocio espiritual o místico, en el sentido impropio, como un título puramente honorífico.

Esta expresión puede designar el papel que desempeñan los bautizados en el sacerdocio de Cristo, en el marco del culto litúrgico, y que es esencialmente distinto del que toman los verdaderos y propios sacerdotes, dotados del carácter del orden. También puede designar, metafóricamente, la actividad de la virtud de la religión en el contexto del culto no litúrgico.

  • 1. Pío XII, Encíclica Mediator Dei, Pontificia Enseñanza de Solesmes (EPS), La Liturgia, n° 567.
  • 2. Pío XII, encíclica Mediator Dei, EPS La liturgia, n° 563-565.
  • 3. Pío XII, “Discurso del 2 de noviembre de 1954” en AAS 1954, p. 669.

Algunas precisiones

Las expresiones de San Pedro se entienden en un sentido equivocado: son metáforas.

Dice Pío XII que un sacerdote en el sentido propio es aquel que ofrece el sacrificio en el sentido propio, el del acto del culto litúrgico1. Este no puede ser el caso de los simples fieles bautizados.

Se dice que estos realizan sacrificios espirituales en un sentido metafórico, en el sentido de que todas sus buenas obras en general se realizan con una intención que corresponde a los cuatro fines de un sacrificio propiamente dicho (adoración, acción de gracias, expiación e impetración).

En cuanto a la ofrenda que hacen durante la Misa, aunque su objeto material sea el sacrificio en sentido estricto, es esencialmente diferente de la que hace el sacerdote y que formalmente define como tal el acto sacerdotal propiamente dicho.

"Pero no se dice que el pueblo ofrezca juntamente con el sacerdote porque los miembros de la Iglesia realicen el rito litúrgico visible de la misma manera que el sacerdote, lo cual es propio exclusivamente del ministro destinado a ello por Dios, sino porque une sus votos de alabanza, de impetración, de expiación y de acción de gracias a los votos o intención del sacerdote, más aún, del mismo Sumo Sacerdote, para que sean ofrecidos a Dios Padre en la misma oblación de la víctima2".

También conviene precisar que el carácter del sacramento del bautismo es una participación en el sacerdocio de Cristo, ya que equivale a un poder pasivo, que faculta a su sujeto para recibir el beneficio de la acción del sacerdocio, como miembro de la Iglesia.

La participación en el sacerdocio de Cristo se realiza de diversas formas y por eso las características del bautismo y la confirmación difieren esencialmente del carácter del orden (ST, III, 63, 6).

Por tanto, si hablamos de un cierto "sacerdocio" en relación con los fieles, esto debe entenderse de la misma manera que cuando hablamos del arte médico en relación con los enfermos: se puede decir que el arte de la medicina se realiza tanto en el médico que actúa en virtud de un principio activo (cura) y en los pacientes que lo reciben, por principio pasivo, proporcional al principio activo (se curan).

Finalmente, hay una diferencia esencial (y no solo de grado) entre el principio que define la actividad de la jerarquía de órdenes y el principio que define la actividad de los simples fieles bautizados. Pero esta diferencia no es la que existe entre dos sacerdocios en el sentido propio y verdadero del término.

El simple bautizado no tiene un sacerdocio real y auténtico, en el sentido propio del término, ni siquiera una especie de sacerdocio distinto del sacerdocio ministerial, que tendría con este último "una diferencia esencial y no solo de grado". Dice Pío XII que el "sacerdocio" del que se podría hablar de los fieles bautizados equivale a lo sumo a un simple título honorífico3.

Por tanto, podemos hablar de "sacerdocio" o "presbítero" en relación con los simples fieles de dos maneras indebidas: ya sea por metáfora o por comparación externa. Pero no pueden definirse a sí mismos como "sacerdotes" por una similitud propia y verdadera.

La metáfora se basa en el ejercicio de la virtud de la religión: al creyente se le llama "sacerdote" en el sentido de que ejerce todas sus buenas obras con la intención de adorar y agradecer a Dios, de reparar las ofensas cometidas en su contra y merecer sus beneficios.

La comparación externa se basa en el carácter del bautismo: se puede hablar de "sacerdocio" con respecto a los fieles por denominación, en la medida en que los fieles pueden hacer que el sacerdote actúe sobre ellos en el nombre de Dios, y actúe ante Dios a favor de ellos.

Pero este tipo de comparación permite a lo sumo una afirmación en modo de adjetivo: los fieles no pueden ser llamados "pueblo de sacerdotes"; solo se les puede llamar estrictamente "pueblo sacerdotal".

Asimismo, quien se cura mediante el arte de la medicina puede ser llamado "médico" por denominación, pero esto solo permite como predicado un adjetivo - "paciente medicalizado" -y no un sustantivo- "paciente médico".

Tomado de un artículo del Padre Jean-Michel Gleize

  • 1. Pío XII, “Alocución del 2 de noviembre de 1954” en AAS 1954, p. 667.
  • 2. Pío XII, encíclica Mediator Dei, EPS La liturgia, n° 570.
  • 3. Pío XII, “Discurso del 2 de noviembre de 1954” en AAS 1954, p. 669.