El obispo de Pinerolo deja a sus feligreses sin Misa

Noviembre 24, 2020
Origen: fsspx.news
Interior de la catedral de Pinerolo

Monseñor Derio Olivero, obispo de Pinerolo (Pignerol), municipio italiano cerca de Turín, ha dado de qué hablar en la península italiana debido a su decisión sorprendentemente unilateral de suspender la celebración pública de la Misa durante dos semanas.

El Ordinario del lugar anunció esta suspensión en una carta dirigida a los fieles, disponible en el sitio web de la diócesis, en donde explica las razones que lo llevaron a tomar esta decisión.

El pastor expresó su sorpresa por la renovación del confinamiento parcial. La región del Piamonte es una de las más afectadas por la segunda ola de la epidemia, después de Lombardía. Se ha establecido un toque de queda, algunos de los negocios han cerrado sus puertas... Sin embargo, el culto no se ha suspendido.

Monseñor Olivero se muestra consternado por el resurgimiento de la epidemia, y se lamenta por las restricciones y sacrificios impuestos a todos. Asimismo, señala ingenuamente: "el gobierno no nos ha pedido a los cristianos de la zona roja que suspendamos las celebraciones públicas". Sin embargo, agrega contra todas las expectativas, "pido a los católicos que 'den un paso atrás voluntariamente' y renuncien a este derecho por dos domingos, para contribuir a un bien común, es decir, a la contención del contagio".

Según la lógica de Monseñor Olivero, ¿el culto divino, que es esencialmente sobrenatural, es inferior a un bien común natural? ¿Y los católicos, que ya sufren todas las privaciones enumeradas por el obispo, deben, además, alejarse voluntariamente de aquello que les es más necesario? ¿Como si, fuera de este "gran sacrificio", todos los demás esfuerzos que podría hacer fueran inútiles?

Para justificar su decisión, el obispo afirma que "ser cristiano no significa defender ante todo los propios derechos, sino luchar por los derechos de todos". Y objeta: "Muchos me dirán que debemos defender nuestra identidad, expresada sobre todo en la celebración eucarística". Pero al mismo tiempo responde: "nuestra identidad reside en nuestra capacidad de seguir a Jesucristo, que se hizo don para todos, capaz de una santidad hospitalaria".

Pero precisamente, seguir a Jesucristo consiste en unirse a su sacrificio, el sacrificio de la Cruz, renovado cada día en nuestros altares. Y en ofrecer la víctima divina al Padre Eterno en expiación por nuestros pecados y por la salvación del mundo.

¿Esconder y confinar la Iglesia para hacerla más radiante?

El pastor continúa recordando la belleza de la oración, y de la oración en familia. También promete ser el primero en ocuparse de "estar en contacto y presente a través de videos, transmisiones en vivo, mensajes, llamadas telefónicas", exhortando a los cristianos que acaba de confinar a "dedicar más tiempo a sus relaciones. (…) Esto podría expresarse con el lema: 'Cerrar para abrir'".

Posteriormente, explica este lenguaje más o menos críptico retomando los temas predilectos del Papa: "Sueño con una Iglesia menos repetitiva, menos individualista, menos egocéntrica; sueño con una Iglesia que se convierta en diálogo, que se convierta en relación, que viva de las relaciones, que sea capaz de celebrar la Resurrección del Señor siempre con auténtica creatividad. Sueño con una Iglesia que encarne la encíclica Fratelli tutti, que viva el mandamiento del amor".

¿Habrá olvidado el prelado que la primera relación que todo católico -y todo hombre- debe construir es su relación con Cristo, especialmente a través del culto que Él nos legó, y que la Iglesia debe perpetuar para la gloria de Dios y la salvación de las almas? Este culto no solo se celebra por su aspecto comunitario, como también dijo el obispo, sino para ofrecer a Dios la víctima divina, y unirse a Cristo en su oblación eterna.

La Iglesia no es "diálogo", es ante todo culto; es el Cuerpo místico de Cristo, unido a su cabeza, para la realización de "toda la justicia", es decir, y sobre todo, la virtud de la religión y todos sus actos. Solo a través de esta unión profunda con Jesús, y Jesús crucificado, los miembros de la Iglesia pueden "difundir y comunicar" la caridad de Cristo al mundo.