El Papa Francisco y el "Gran Reset"

Febrero 10, 2021
Origen: fsspx.news

El Papa Francisco envió un mensaje a los participantes del Martin Luther King Day (un servicio conmemorativo que honra la vida y los logros del pastor bautista), donde animó a todos los hijos de Dios a ser "artífices de la paz".

El sueño de Martin Luther King "sigue estando vigente", escribió el Papa en un mensaje enviado el 18 de enero de 2021 a los participantes de esta conmemoración (Beloved Community Commemorative Service) que concluyó una semana de celebraciones en Estados Unidos.

El Papa se refiere al famoso "sueño" expresado en un discurso pronunciado el 28 de agosto de 1963, inspirado en los principios de Gandhi y dirigido contra la segregación estadounidense.

"En el mundo actual, en el que se multiplican los desafíos relacionados con las injusticias sociales, las divisiones y los conflictos que obstaculizan la realización del bien común, el sueño de Martin Luther King de armonía e igualdad entre todas las personas, obtenido mediante la no violencia y los instrumentos de la paz, sigue siendo siempre pertinente".

El Papa prosigue: "cada uno de nosotros está llamado a ser artífice de la paz, uniendo y no dividiendo, extinguiendo el odio y no conservándolo, abriendo los caminos del diálogo en vez de construir nuevos muros", citando su encíclica Fratelli tutti (No. 284).

"Solo en el constante compromiso diario para hacer esta visión concreta es posible trabajar juntos para crear una comunidad basada en la justicia y el amor fraternal", añadió. 

¿Una versión papal del Gran Reset?

En su encíclica Fratelli tutti, el Papa cita, en el No. 286, a Martin Luther King como uno de los inspiradores de esta reflexión sobre la fraternidad universal.

En sí misma, esta reflexión es solo una extensión de los principios que estructuran la encíclica Laudato si’ sobre la ecología "integral". El principio central es la necesidad de un cambio profundo y urgente, pero también universal. El Papa afirma: "Una estrategia de cambio real exige repensar la totalidad de los procesos" (No. 197).

Se trata, pues, de revisar por completo todos los procesos políticos, económicos, financieros y tecnológicos, pero también antropológicos, educativos, filosóficos y espirituales, como si el planeta y la humanidad tuvieran un botón de "reinicio" que permitiera reiniciarlo todo. Pero esto es una utopía, compartida por quienes son sus inspiradores.

La razón subyacente de esta utopía es su visión del futuro. Esta visión se relaciona con el bien común. Para el Papa, esto significa: las condiciones sociales de este bien, o los bienes colectivos, o incluso la naturaleza. Todas estas designaciones son insuficientes o incorrectas.

Por definición, el bien común es un bien realizado en común, por lo tanto, un fin. Es fundamental que sea el verdadero bien del hombre. Unir fuerzas para promover el comercio o defender el planeta no tiene como objetivo el verdadero bien del hombre, que es la bienaventuranza lograda mediante la práctica de la virtud (a nivel natural), y sobre todo la bienaventuranza sobrenatural, con la gracia. Este es el defecto clave de la encíclica Laudato si’

A nivel político, este bien común aparece allí como un globalismo socializador, que se basa en la conciencia de la interdependencia, la preferencia por los pobres y la justicia ecológica entre las naciones. El deseo de pretender lograr un mundo justo "para el mañana" está basado en una ilusión de inspiración liberal y masónica, de tipo "socialista". Es un rechazo de la realeza de Cristo y de su gracia.

En el plano social, que incluye la economía y la tecnología, el bien común se materializa en una visión teilhardiana, una escatología paradisíaca afirmada. La siguiente afirmación da testimonio de ello: "Estamos llamados a ser instrumentos de Dios Padre para que nuestro planeta sea lo que Él soñó al crearlo, y para que responda a su proyecto de paz, belleza y plenitud".

Para lograr esto, debemos establecer una nueva síntesis a través de la conciencia de formar una familia universal y mediante la solidaridad ecológica.

Una utopía milenarista y pelagiana

Nuestro Señor Jesucristo nunca presentó su reino como la restauración de la dicha edénica1. Esta visión se opone al Evangelio, y presupone una especie de milenarismo.

A nivel personal, la participación en el bien común se presenta como un acto de caridad y "una intensa experiencia espiritual". Esto requiere de un progreso individual, de virtudes personales y sociales. Pero, ¿cómo lograrlo sin la gracia y la conversión?

Esta es, en efecto, la utopía más grave: un pelagianismo2 caracterizado e inextirpable. La "conversión" general a la que aspira Francisco se concibe sin la ayuda de Dios. Por supuesto, los católicos están llamados a vivir esta conversión en su religión, pero ¿cómo concebir una "civilización del amor", una "fraternidad universal" o una "nueva síntesis" sin la gracia?

Esto significa olvidar y despreciar la realeza universal de Cristo, el único capaz de restaurar al hombre herido, de darle la caridad divina para sí mismo y para con el prójimo, y la prudencia para respetar la creación. Es buscar soluciones fuera de la Cruz de Jesús y de su sacrificio, lo único capaz de proporcionar al hombre verdadera justicia y verdadera paz.

  • 1. Que evoca el paraíso terrenal, el jardín del Edén, y el estado de inocencia.
  • 2. Doctrina del monje Pelagio (350-420), que afirmaba la posibilidad de seguir la ley divina sin ayuda de la gracia divina. San Agustín se opuso fuertemente a él y fue condenado por el Papa San Zósimo.