El Papa instituye el ministerio de catequista

Mayo 14, 2021
Origen: fsspx.news

Publicado el 11 de mayo de 2021, pero firmado el 10 de mayo, el motu proprio del Papa Francisco Antiquum ministerium instituye un nuevo ministerio, el de catequista.

Para entender exactamente de qué se trata, primero debemos recordar qué comprende actualmente el término "ministerio" y cómo fue introducido.

Un término muy general originalmente

La palabra solía referirse a "todas las funciones del sacerdote, así como a los servicios y actividades vinculados a su función". De hecho, era sinónimo de "sacerdocio".

Podría especificarse para designar una función particular o un conjunto de funciones: ministerio parroquial, ministerio del altar. Este significado sigue vigente.

Es por eso que, al sacerdote, y más generalmente al clérigo, se le llamaba a menudo con el nombre de ministro: ministro del altar, ministro del culto.

La introducción de un significado específico

El Papa Pablo VI, en su motu proprio Ministeria quaedam, del 15 de agosto de 1972, determinó un significado más limitado del término "ministerio", reformando la disciplina de las órdenes menores. Estas cuatro órdenes tradicionales: portero, lector, exorcista y acólito, formaban parte integral de los pasos que conducían al sacerdocio. Por tanto, eran recibidas por todos los futuros sacerdotes.

Esta disciplina se ha conservado en la Tradición, que sigue confiriendo, ahora con la aprobación de Roma, estas cuatro órdenes menores.

La reforma consistió en eliminar estas cuatro funciones como parte del sacramento del orden -al mismo tiempo que suprimió el subdiaconado- y en remplazar el conjunto por dos "ministerios": lector y acólito.

Estos últimos corresponden al servicio de la palabra y el altar. El término ministerio lo proporciona explícitamente el Papa Pablo VI remplazando la expresión "orden menor". Y agrega inmediatamente que, por lo tanto, su colación no debe llamarse "ordenación", sino "institución".

El nuevo y específico significado del ministerio designa, por tanto, una función estable, establecida en la Iglesia con un propósito bien definido, confiada a un laico de forma permanente. Cabe añadir que, reservados a los hombres por Pablo VI, los ministerios fueron abiertos a las mujeres por Francisco.

El ministerio de catequista

Como subraya el motu proprio Antiquum ministerium, la posibilidad de establecer nuevos ministerios ya estaba inscrita en el texto de Paulo VI, Ministeria quaedam, que precisamente da como ejemplo el de "catequista". El nuevo ministerio instituido por el Papa Francisco tiene, por tanto, las mismas propiedades que los que ya existen.

Es evidente que la Iglesia no esperó este motu proprio para encomendar la tarea de catequista a los laicos, ni esperó a que el Concilio Vaticano II "se diera cuenta" de la importancia de esta función, como algunos parecen pensar.

Otorgar un título y una institución a una función que ya se ejerce, ¿por qué no? Pero la lógica interna de la creación de estos ministerios, mencionada arriba, es insidiosa y se basa en una visión distorsionada del sacerdocio.

Los monaguillos, que desempeñan la función de las órdenes menores de lector y acólito, reciben una delegación ad hoc para cumplir una función que corresponde al clero. La institución de los ministerios de lector y acólito otorgó a los laicos, de manera permanente, el poder de reemplazar parcialmente al clero durante la Misa.

Los catequistas que asisten al sacerdote, por falta de clero o por razones de idioma, como en los países de misión en particular, reciben una delegación temporal del obispo, a través del sacerdote, para asociarse a la enseñanza de la iglesia. La institución del ministerio de catequista confiere a los laicos, de forma permanente, un papel que por naturaleza pertenece al clero.

Como dijo Pablo VI, y como Francisco reitera refiriéndose a la Constitución Lumen gentium del Concilio, es la distinción entre el "sacerdocio común de los fieles y el sacerdocio ministerial o jerárquico" lo que se persigue. La diferencia esencial entre el orden y el sacerdocio común está desapareciendo.

El sacramento del orden se comparte así progresivamente entre clérigos y laicos, entre sacerdotes y fieles. A tal grado que las tendencias teológicas actuales exigen ahora un culto compartido entre estos dos "sacerdocios".