
Por iniciativa de la Comunidad de San Egidio, punta de lanza del globalismo católico progresista, el "brillo" de la reunión de Asís se reavivará en el corazón de Roma. El 7 de octubre, el Papa Francisco celebrará en el Coliseo el 35 aniversario del encuentro interreligioso, iniciado en 1986 por Juan Pablo II, en lugar del 450 aniversario de la Batalla de Lepanto.
Los antiguos Césares construyeron el Coliseo para dar al pueblo una manifestación concreta de su poder universal y anticristiano, como escenario del triunfo permanente de la Roma pagana y su conquista del mundo, celebrado con los juegos de muerte.
Cuando este mundo se derrumbó, los Pontífices romanos dedicaron esta construcción a la Pasión del Salvador y a los santos mártires, los verdaderos triunfadores.
El aniversario del funesto 7 de octubre de 1986
Durante la ceremonia del próximo 7 de octubre, Francisco presidirá la oración en común con todos los demás cristianos, cismáticos o herejes, en contra de la propia ley divina y el ejemplo de los mártires. Después de esta oración tendrá lugar un momento en común con todas las demás religiones.
¿Hace falta recordar que este tipo de encuentros, donde todas las religiones son invitadas a rezar según sus propios ritos y convicciones, son una oportunidad para promover el indiferentismo y una visión de la fe totalmente modernista? Eso sin mencionar que se trata de una violación explícita del primer mandamiento del Decálogo, condenada como tal por Pío XI en su encíclica Mortalium animos.
Precisamente fue debido a la falta de reacción del episcopado mundial durante la reunión de Asís de 1986, presidida por Juan Pablo II, que monseñor Lefebvre comprendió que la crisis de la Iglesia era de tal gravedad que exigía la consagración de obispos que continuaran transmitiendo el sacerdocio sin exigir la adhesión, por silenciosa que fuera, a tales concepciones.
Un contenido renovado
La reunión de 2021 se actualizará a fin de reflejar los nuevos temas abordados por las encíclicas Fratelli tutti y Laudato si'. Marco Impagliazzo, presidente de la Comunidad de San Egidio, explicó lo siguiente a Avvenire, el diario de los obispos italianos:
"Es necesario reunirse en persona bajo la bandera del diálogo entre los líderes de las diferentes religiones para mirar hacia el futuro", señaló Impagliazzo, "pero también para escuchar juntos el clamor de los más pequeños y comprender el verdadero estado del mundo.
"Los temas como la fraternidad universal y la protección del medio ambiente emergen claramente como una preocupación común a todas las religiones y, al mismo tiempo, como un medio para salir de la pandemia".
Si en tiempos de Juan Pablo II el hombre estaba en el centro de esta oración común, hoy es la tierra misma la que es objeto de santificación. La preocupación por la paz no puede separarse de la preocupación por el medio ambiente, entendido de una manera más o menos panteísta.
El modernismo ve en el espíritu de los tiempos la manifestación del Espíritu Santo, que supuestamente responde continuamente a las nuevas necesidades del hombre. Son estas necesidades, incluidas las medioambientales, las que determinan los nuevos dogmas y las nuevas costumbres.
Una alianza con los poderosos
Pero, ¿quién dicta estas necesidades? ¿El "clamor de los más pequeños", como dice Impagliazzo? Desafortunadamente, la agenda del modernismo generalmente parece coincidir con la de los poderosos de este mundo, y casi siempre termina siendo un eco. Por eso, además de los líderes de todas las religiones, Angela Merkel, y muy probablemente Mario Draghi, también estarán presentes en el Coliseo.
De hecho, el encuentro no se limitará únicamente a la oración, sino que buscará proponer soluciones que coincidan con las de los principales organismos internacionales. Entre los ponentes e invitados, cabe mencionar a Jeffrey Sachs, economista y excolaborador del multimillonario Soros, y posteriormente del secretario de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon.
Colaboró también en la redacción de la encíclica Laudato si’, y está omnipresente en todas las iniciativas socioeconómicas de la Santa Sede. También es conocido por su doctrina económica, brutalmente aplicada en las últimas décadas en Polonia, Bolivia y Liberia, con resultados catastróficos para las poblaciones.
Sachs no oculta que la lucha por el cambio climático debe lograrse mediante políticas antinatalistas. En su libro The Common Good. Economy for a Crowded Planet, afirma que "si Italia mantuviera su actual tasa de fecundidad hasta el año 2300, su población se reduciría de 58 millones a 600,000. Y esto no sería algo malo: ¡bienes raíces y agricultura para todos!"
Paralelamente, para África su pensamiento es humanitario: "podemos avanzar rápidamente en la lucha contra las epidemias y la mejora de la producción de alimentos... pero solo con la condición de que los gobiernos africanos y sus colaboradores para el desarrollo cumplan sus compromisos en materia de planificación familiar".
Por tanto, la lucha contra la pobreza y por el medio ambiente debe llevarse a cabo mediante la reducción de la población, según las personas a las que el Vaticano da crédito.
Las grandes reuniones al estilo de Asís, ahora revestidas bajo el disfraz de "protección de la creación" como uno de sus nobles objetivos, son a menudo la traducción en términos religiosos de los grandes intereses de las élites. El modernismo, que busca convertir las necesidades del hombre moderno en nuevas verdades religiosas, muchas veces se muestra dócil a las exigencias de los poderosos.
El Coliseo, después de haber sido el lugar de la profesión de fe de los mártires, volverá a convertirse en la sede de la manifestación de los poderes de este mundo, que ha regresado al paganismo y al culto de la creación, sacrificando incluso al hombre mismo.