El rosario de la discordia

Mayo 29, 2019
Origen: fsspx.news

Invocando a la Virgen María, rosario en mano, al final de su discurso en Milán, el 18 de mayo de 2019, el viceprimer ministro italiano Matteo Salvini desató una gran polémica en medio de la campaña para las elecciones europeas, al tiempo que los obispos italianos han dado inicio a una serie de reuniones en el Vaticano.

"Confío mi vida y la de ustedes al Inmaculado Corazón de María, el cual, estoy seguro, nos llevará a la victoria", declaró, con el rosario en la mano, el viceprimer ministro italiano al concluir una reunión política que reunió a varios líderes de los partidos soberanos en Europa.

Las palabras de Matteo Salvini, como este último esperaba, dieron en el blanco: unas horas más tarde, la prensa progresista se aprovechó del controvertido gesto.

Varias publicaciones, entre ellas Famiglia cristiana, evocó un "soberanismo fetichista" (sic), mientras que el jesuita Antonio Spadaro se lamentó en Civilta cattolica: "ahora César desafía y blande aquello que le pertenece a Dios".

A las críticas también se unió el Secretario de Estado de la Santa Sede, el cardenal Pietro Parolin, en la Fiesta de los Pueblos organizada por el Vicariato de Roma y Caritas, en la Basílica de Letrán, quien dijo: "Invocar a Dios en provecho propio es muy peligroso". Aprovechando para placar de paso al ejecutivo italiano sobre el tema de la inmigración, agregó: "Ignorar a nuestro prójimo es el primer paso para extinguir la caridad que hay en nosotros".

Matteo Salvini no tardó en lanzar el contraataque sobre el tema de los migrantes: "Se debe hacer todo lo posible para que los hombres puedan quedarse en el país donde nacieron", replicó Matteo Salvini el 19 de mayo, citando a otro cardenal a quien nadie podría acusar de racismo, el guineano Robert Sarah.

El viceprimer ministro italiano finalmente explicó sentirse muy "orgulloso de cargar siempre su rosario en el bolsillo", lamentando haber sido "atacado" por "atreverse a hablar sobre Dios, los papas, nuestros valores y nuestras raíces". Ojalá que los católicos comprometidos con la política nunca se avergüencen de su fe o piedad hacia la Santísima Virgen, sin, por supuesto, instrumentalizar la religión con fines electorales.