El Santo Rosario obtiene el fin de la guerra

Octubre 17, 2020
Origen: fsspx.news

En Fatima, Nuestra Señora revela un efecto importantísimo del Santo Rosario: obtiene el fin de la guerra.

En el año 1917, la Primera Guerra Mundial entra en su fase más horrible y mortal. Casi no hay una familia en Europa que no haya tenido que enviar a sus hijos a la guerra, y todos estaban preocupados con la cuestión. Con esa perspectiva, podemos comprender por qué Nuestra Señora se refiere varias veces a esa Guerra mundial y promete su fin.

Sin embargo, el mensaje de Nuestra Señora no sólo concierne a la gente que vivía en 1917, sino que por medio de ellos, concierne a todas las gentes de todos los tiempos. Similarmente, vemos en el Evangelio que Nuestro Señor mismo anuncia proféticamente la destrucción de Jerusalén – que sucederá en el año 70; y entrelaza este evento histórico con el fin del mundo.

Podemos aplicar este lenguaje profético de Nuestra Señora en Fátima: directa e inmediatamente, habla del fin de la Primera Guerra Mundial y del retorno a casa de los soldados. Pero estas mismas palabras deben ser comprendidas por todas las gentes en todos los tiempos. Todo el que viene a Fátima, recibe la promesa de Nuestra Señora: ¡La guerra terminará y los soldados retornarán a sus casas! ¿Como podemos entender esto? Debemos preguntarnos, ¿qué significa “guerra” y particularmente “fin de la guerra” para nosotros?

Primero, significa que somos miembros de la Iglesia Militante y nuestra vida es una Guerra Cristiana. Las guerras públicas de la gente y las naciones uno contra el otro es sólo una expresión y un símbolo de la guerra entre el bien y el mal, entre gracia y pecado, entre Nuestra Señora y el diablo, entre Cielo e infierno.

En una guerra necesitamos buenas armas, y no sólo eso. Los soldados tienen que ser hábiles y estar bien entrenados en el uso de las armas. El arma por excelencia dada por Nuestra Señora es el Santo Rosario. Y si usamos ese arma conforme con el deseo de nuestra “comandante en jefe”, Ella nos anuncia solemnemente que esta guerra terminará y los soldados pueden ir a su hogar, que finalmente alcanzarán el hogar eterno.

Segundo, esto significa que debe haber alguien que gana y alguien que pierde las batallas; debe haber una derrota y una victoria: la victoria, toda victoria verdadera en este mundo es obtenida por ELLA, y por medio de ella por todos aquellos que meditan los misterios del Rosario. Esto es confirmado por la Iglesia, quien declara la fiesta de Nuestra Señora de las Victorias como también la fiesta de Nuestra Señora del Santo Rosario.

Tercero, el final de la guerra y el resultado de la victoria es paz. No hay victoria o paz sin Ella – esto ya lo ha demostrado con las victorias milagrosas del siglo XVI den adelante. En otras palabras, el Santo Rosario es el único pacificador en nuestra vida. La paz de las armas no puede ser sino una condición externa de la verdadera paz que San Agustín y Santo Tomás definen como la “tranquilidad del orden”.

Ahora sabemos que nuestro corazón es un campo de batalla y que “el diablo gira incesantemente alrededor nuestro como un león rugiente tratando de devorarnos”. Es difícil tener la paz en nuestras almas y muy frecuentemente estamos preocupados, inquietos y agitados. Los más pequeños eventos nos hacen perder la paz de nuestro corazón. Qué preciosa es entonces la promesa de Nuestra Señora, que el Santo Rosario nos da la atmósfera de orden y armonía.

La más alta y verdadera paz, no obstante, es una vida en amistad con Dios, una vida en la gracia santificante. Y esta gracia es otorgada y conservada gracias al Santo Rosario. Asimismo, podemos extender esta promesa a todas las situaciones e instituciones que necesitan absolutamente la atmósfera de paz si quieren sobrevivir: las familias, las escuelas, las parroquias, conventos, pueblos.

El Rosario es la devoción que, de manera práctica y simple, consagra nuestra vida diaria a Dios por medio de María.