El sufrimiento de los niños en el vientre de sus madres

Noviembre 19, 2021
Origen: fsspx.news
Maureen Condic, autora del estudio

Una de las grandes discusiones en torno al tema del aborto es si el feto puede sentir dolor. Un famoso documental, estrenado en 1984, titulado El Grito Silencioso, y dirigido por Bernard Nathanson, un abortista que se arrepintió luego de ver ciertas imágenes, fue objeto de una acalorada controversia.

Algunos, como el profesor Etienne-Emile Beaulieu, conocido por la elaboración del RU 486, el llamado "pesticida humano", según los términos del profesor Lejeune, lo describieron como una estafa científica. Algunos ginecólogos reconocidos lo defendieron con firmeza. Pero hoy, con los conocimientos adquiridos en varios campos, se conoce con certeza la realidad del sufrimiento fetal.

A continuación, presentamos un artículo de Maureen Condic, profesora asociada de neurobiología en la Universidad de Utah (EE. UU.), que también trabaja para el Instituto Charlotte Lozier (pro-vida).

La evidencia científica demuestra la realidad del dolor fetal

El progreso científico ha permitido identificar las estructuras del cerebro que permiten al feto sentir dolor. 

Desde hace mucho tiempo, y de manera casi universal, los científicos coinciden en que las conexiones entre la médula espinal fetal y el cerebro se forman entre las 12 y las 18 semanas. Pero la creciente evidencia muestra que estas conexiones, que se desarrollan bastante tarde, no son necesarias para sentir dolor: es un hecho aceptado que el feto puede sentir, y de hecho siente dolor, desde el comienzo del segundo trimestre, que es entre las 12 y 14 semanas.

Uno de los expertos en la materia, Stuart Derbyshire, fue uno de los dos únicos neurocientíficos que descartó la posibilidad de dolor fetal antes de las 22 semanas en un famoso informe estadounidense. Pero, ante la acumulación de evidencia científica en sentido contrario, abandonó su posición anterior.

Derbyshire ahora sostiene que "la evidencia, y una lectura equilibrada de la misma, apunta a que existe una experiencia inmediata e irreflexiva del dolor, a través del desarrollo de las funciones del sistema nervioso, a partir de las 12 semanas".

Una demostración paso a paso

Hay cinco formas de demostrar que la conexión entre la corteza (la parte superior del cerebro) y la médula espinal, no es necesaria para la percepción del dolor. Múltiples estudios muestran que los animales y los humanos pueden sentir dolor incluso cuando la corteza cerebral está alterada, no ha madurado o está ausente.

La eliminación total de la corteza en mamíferos como gatos y roedores no elimina su respuesta a los estímulos dolorosos; del mismo modo, los niños que nacen sin la totalidad o la mayor parte de la corteza son conscientes y perciben el dolor y el sufrimiento.

Otras cuatro fuentes de datos muestran que los sentimientos y las emociones del feto aparecen mucho antes de que se establezcan los circuitos corticales. Los estudios demuestran que la corteza cerebral no es responsable de la aparición de las emociones humanas. Más bien, son algunas regiones del cerebro que se desarrollan antes, como el tálamo, que están presentes desde la duodécima semana de gestación, las que pueden ser la base de la conciencia y las emociones.

Los estudios de imágenes cerebrales y de estimulación cerebral en animales y humanos muestran que la pérdida de conciencia y de percepción del dolor están asociadas con la supresión de la función talámica. La evidencia experimental de la supresión de regiones específicas del cerebro también refuta la afirmación de que el sufrimiento requiere actividad cortical.

Finalmente, tres series de observaciones fácticas de las reacciones fetales y del recién nacido a los estímulos proporcionan evidencia directa e irrefutable de la sensibilidad fetal a los estímulos dolorosos.

En primer lugar, los fetos que nacen prematuramente, desde la semana 21, exhiben comportamientos relacionados con el dolor, y cuanto más prematuros son, más fuertes son las reacciones. Esta observación sugiere que los circuitos corticales que se desarrollan posteriormente moderan o incluso inhiben el sufrimiento.

De acuerdo con estas observaciones, un análisis reciente de la evidencia concluyó que, a partir de las 13 semanas, "el feto es extremadamente sensible a los estímulos dolorosos", por lo que "es necesaria la aplicación de una analgesia adecuada para prevenir el sufrimiento [fetal]" en caso de cirugía intrauterina.

En segundo lugar, los análisis recientes de las publicaciones indican que la presencia en el útero no tiene ningún efecto de anestesia y que, por lo tanto, como en el caso de un niño prematuro, un feto puede ser despertado por estímulos dolorosos.

Por último, pero no menos importante, las observaciones de ultrasonidos 4-D confirman que el feto responde a los estímulos dolorosos. Un estudio publicado en enero de 2021 muestra que los fetos de 29 semanas a los que se les inyecta anestesia antes de una cirugía [intrauterina] hacen gestos faciales (muecas, etc.) que se asocian específicamente con la experiencia del dolor.

Estos gestos relacionados con el dolor no ocurren cuando el feto está en reposo o después de un estímulo "sorprendente" como un ruido fuerte. Un estudio realizado en junio de 2021 reprodujo estos resultados en un feto aún menor, de 21 semanas.

Si bien las expresiones faciales revelan la experiencia del dolor en personas con capacidad limitada para comunicarse verbalmente, como los niños pequeños, personas con demencia y muchas especies animales, estas respuestas no ocurren en pacientes inconscientes, es decir, en estado de coma.

Por tanto, el feto no solo "reacciona al dolor de forma inconsciente y reflexiva", sino que comunica "una experiencia consciente del sufrimiento a través de un lenguaje universal del dolor".

Conclusión

En resumen, las doce fuentes de evidencia resumidas aquí apoyan las siguientes conclusiones:

(a) Contrariamente a las hipótesis de las asociaciones profesionales de médicos, no es necesaria una conexión entre el tálamo y la corteza para que un feto esté consciente y experimente dolor;

y (b) un feto probablemente está consciente y es capaz de captar el dolor a las 18 semanas o antes, y posiblemente a las 12 semanas.

Esto supone un sufrimiento terrible cuando este niño es asesinado por voluntad de quienes lo engendraron.

Habrá que ver cómo se reciben estos hallazgos en los círculos pro-aborto, y cómo se ocultará esta verdad a las mujeres que quieren abortar.

Pero en cuanto a las otras mujeres, esas madres valientes, no necesitan de la ciencia para saberlo en el fondo de su corazón: ese niño que llevan en su vientre, desde el instante en que sienten su movimiento, está bien vivo y puede sentir emociones. No tienen la menor duda de eso.