Eutanasia: los saludables recordatorios del cardenal Eijk

Octubre 02, 2020
Origen: fsspx.news
El cardenal Willem Eijk, al centro

La situación en los Países Bajos con respecto al final de la vida es cada vez más preocupante, a tal grado que se teme que, para 2022, se amplíen las condiciones del acceso a la eutanasia. Esta es la inquietante declaración del cardenal Willem Eijk, arzobispo de Utrecht.

El cardenal titular de la basílica romana de San Calixto concedió una entrevista a Catholic News Agency el 24 de septiembre de 2020, para hablar sobre el tema.

El prelado desea sensibilizar a la opinión pública sobre la desviación de la eutanasia en su país: todos los indicadores muestran que el próximo gobierno resultante de las elecciones legislativas de marzo de 2021, aprobará un proyecto de ley que autorice el suicidio asistido para las personas que "simplemente sientan que su existencia ha llegado a su fin".

Esta advertencia del alto prelado holandés coincide con la publicación de un documento de la Santa Sede -Samaritanus Bonus, el 22 de septiembre- que reafirma que la eutanasia sigue siendo "un acto intrínsecamente malo, en cualquier situación o circunstancia".

Según la opinión del arzobispo de Utrecht, es un hecho sumamente trágico: "En los últimos cincuenta años, el valor esencial del respeto por toda la vida humana se ha erosionado aún más", explica. Una carrera precipitada que no resulta sorprendente: "Era algo inevitable; porque, una vez que aceptamos el suicidio para aliviar un sufrimiento considerado intolerable, nos sentimos tentados a autorizarlo también en el caso de un sufrimiento cada vez menor".

Desviaciones estremecedoras

Monseñor Eijk cita como ejemplo un caso emblemático para ilustrar su punto. Este año, la Corte Suprema examinó el caso de un médico procesado por una eutanasia indebida, quien fue absuelto en 2019. Se trataba de una residente de un asilo de ancianos que había formulado por escrito -a invitación del establecimiento- una petición de eutanasia bastante vaga, "a ejecutarse en el momento en que la paciente se sienta preparada".

Cuatro años más tarde, la paciente, que sufría de demencia senil, ya no estaba en condiciones de manifestar su voluntad. A pesar de esto, el médico decidió aplicarle la eutanasia, con el consentimiento de la familia. Monseñor Eijk precisó que la paciente hizo el intento de retirar el brazo cuando el médico quiso actuar: "Y mientras el cóctel lítico le estaba siendo inyectado, la mujer se despertó y luchó, pero los miembros de su familia la sujetaron para evitar que se moviera". Hasta la muerte...

La Corte Suprema dictaminó el 22 de abril de 2020, que la absolución en primera instancia era válida, pues el hecho de que la paciente retirara su brazo sería más una acción refleja, que un acto positivo de negativa voluntaria. Lo cual equivale a juzgar el estado de la paciente y su grado de demencia.

El arzobispo de Utrecht menciona también la predicción de un experto holandés quien afirma que los casos de suicidio asistido podrían duplicarse en los próximos ocho años. "Si su proyección resulta correcta -explica el cardenal- el número anual de casos de eutanasia superará los 12,500, es decir, más del 8% del número anual de todas las muertes para el 2028".

La Iglesia no puede aprobar la eutanasia en ninguna circunstancia

Finalmente, Monseñor Eijk recordó que un clérigo no puede acompañar a un paciente sometido a eutanasia. En un caso así, se le debe negar a la persona un funeral público, porque "el difunto violó el valor esencial de la preservación de su propia vida, lo cual es un pecado grave e irreversible, cometido justo antes del encuentro eterno con su Creador".

"Una buena pastoral ante una persona que quiere suicidarse de esta manera, requiere que el sacerdote le explique claramente que el valor intrínseco de la vida humana es violado por la eutanasia", resume el cardenal.

El debate sobre la eutanasia presenta a los católicos otro desafío importante: convencer a la sociedad civil de que el sufrimiento adquiere sentido cuando se vive a la luz de la fe en Cristo: "Jesús mismo toma la Cruz de aquellos que deciden participar de Su sufrimiento".

"De este modo, el enfermo puede ofrecer su sufrimiento por sus familiares, sus amigos o cualquier otra persona, para que Dios les conceda la gracia que todos necesitan para llevar su cruz, o convertirse a Cristo, para alcanzar la vida eterna", concluyó el cardenal.