Filipinas: la fiebre electoral del presidente Duterte

Marzo 12, 2019
Origen: fsspx.news

El presidente filipino, Rodrigo Duterte (elegido en 2016 para un mandato de seis años), quien fue durante muchos años alcalde de Davao (la capital de Mindanao, una isla al sur del archipiélago), entabló una guerra verbal contra la jerarquía católica durante los dos primeros años de su gobierno.

En respuesta a los ataques lanzados por los obispos, debido a las violaciones constantes y abiertas de los derechos humanos por parte del presidente, Rodrigo Duterte respondió acusándolos de corrupción.

Recientemente, sus comentarios contra la Iglesia alcanzaron un grado de animosidad sin precedentes. Es un hecho conocido por todos que Duterte afirma que la historia de la Creación es estúpida. En Kidapawan, en la isla de Mindanao, ante una audiencia mayoritariamente musulmana, también afirmó que hay un solo Dios, Alá, que Dios no puede dividirse en tres partes, que fue patético que Jesucristo hubiera predicho que sería crucificado (un hombre fuerte habría vencido a sus enemigos); una vez más expresó su versión "sensual" sobre la confesión de problemas morales, proporcionando una imagen vergonzosa de los confesores, y terminó cuestionando la existencia de los santos. Esta diatriba fue calurosamente aplaudida.

Duterte también promocionó públicamente, y distribuyó gratuitamente entre empleados gubernamentales, un libro detallado sobre los escándalos del clero, escrito por un ex seminarista. Y el 5 de diciembre, los periódicos dieron a conocer sus exhortaciones lanzadas a los vagos para matar a los obispos: “Maten a los obispos. Ese montón de imbéciles no sirve para nada; lo único que hacen es criticar".

Sin embargo, con las elecciones intermedias a la vuelta de la esquina para el Senado y la Cámara de Representantes, Duterte ha cambiado de opinión y el 24 de febrero, al referirse a los obispos y sacerdotes amenazados, advirtió: "¡Déjenlos en paz! Dejen de amenazarlos o se las verán conmigo”. Creemos que todos nuestros lectores, incluso aquellos que no son médicos, podrán diagnosticar esta enfermedad muy fácilmente: se trata de un caso de odio visceral moderado temporalmente por una fiebre electoral.