Francia: El Informe Sauvé o el abuso de los abusos (3)

Enero 17, 2022
Origen: fsspx.news
Jean-Marc Sauvé

El 5 de octubre de 2021, la Comisión Independiente sobre los Abusos Sexuales en la Iglesia (CIASE), presidida por Jean-Marc Sauvé, hizo público el informe que le fue encargado por la Conferencia Episcopal de Francia (CEF) y por la Conferencia de Religiosos y Religiosas de Francia (COREFF).

El primer artículo se centró en la cifra presentada por la CIASE, a fin de analizarla. Parece inverosímil, en particular porque el informe asigna un número de víctimas por abusador que es muy poco creíble. 

El segundo artículo examinó las razones explicativas aportadas por la Comisión, y señaló su flagrante deficiencia, así como la incompetencia de los miembros para emitir ciertos juicios que propusieron sin vacilación. Luego presentó las causas ya señaladas por Benedicto XVI.

Las recomendaciones de la Comisión Sauvé

El Análisis del informe de la CIASE, propuesto por ocho miembros de la Academia Católica de Francia, contiene una observación muy interesante sobre el vocabulario utilizado.

En efecto, el texto señala que "la terminología de la Comisión oscila entre 'preconizaciones' (9 ocurrencias), 'propuestas' (5 ocurrencias) y 'recomendaciones' (39 ocurrencias). Una fina cronología muestra la transición de 'recomendaciones' (principios de 2020) a 'preconizaciones' (septiembre de 2021). El diccionario define el verbo 'preconizar' como 'recomendar enérgicamente y con insistencia algo (a alguien)'".

Una forma de 'exigir' a la Iglesia católica los cambios que se consideran necesarios. Esto es lo que el Sr. Sauvé declaró el 5 de octubre en Le Figaro: "Este informe sería un fracaso si no se implementara lo esencial de nuestras 45 recomendaciones".

Estas 45 recomendaciones se entrelazan con consejos para el tratamiento de los casos de abuso, pasados ​​y futuros, de las cuales, como dice Jean-Marie Guénois en Le Figaro, "más de un tercio ya se han implementado desde la década de los años 2000 en la Iglesia mundial y francesa, otro gran tercio ya está en acción en la mayoría de las diócesis, especialmente desde 2015".

A esto se suman propuestas que tocan directamente el dogma y que conviene subrayar, para demostrar que la Comisión ha superado con creces la línea roja de su misión.

La recomendación n°4 propone "evaluar, para la Iglesia en Francia, las perspectivas abiertas por todas las reflexiones del Sínodo sobre la Amazonía, en particular la petición de que 'ad experimentum, […] sean ordenados sacerdotes los hombres casados'".

Como se señala en el Análisis, la Comisión cita el Instrumentum laboris del Sínodo, que es solo un documento preparatorio sin valor oficial, a diferencia de la Exhortación Postsinodal (Querida Amazonia) que no abordó este punto. Además, se trata de una mala interpretación, ya que no es en absoluto en esta perspectiva que se hace la propuesta, sino con la esperanza de hacer frente a la falta de vocaciones.

Cabe señalar entonces que este punto concierne a la Iglesia universal, como recordó el cardenal Marc Ouellet a los obispos alemanes. Este último les envió un análisis sobre su borrador de los estatutos sinodales en el que señalaba que los temas a tratar, en particular el "estilo de vida sacerdotal", "no concierne solo a la Iglesia en Alemania, sino a la Iglesia universal, y que estos temas -con muy pocas excepciones- no pueden ser objeto de resoluciones y decisiones de una Iglesia particular".

Además, el texto asume que el estado marital sería más seguro contra los abusos, y lo pone en un nivel superior a la virginidad consagrada. La Iglesia, desde San Pablo en la primera Epístola a los Corintios, 7, 38, enseña lo contrario.

Finalmente, la proposición es absurda. En el informe se explica que la gran mayoría de los abusos -en general- se cometen dentro del círculo familiar. ¿Queremos añadir este factor de riesgo en los sacerdotes?

Por eso esta recomendación es impía, contraria a la Sagrada Escritura y a la Tradición de la Iglesia sobre la virginidad, y finalmente absurda.

La recomendación n°8 encubre un ataque contra el secreto de confesión: "Comunicar un mensaje claro, emitido directamente por las autoridades de la Iglesia, diciendo a los confesores y fieles que el secreto de confesión no puede sustraerse a la obligación prevista por la ley y el código penal [francés] -lo que, a juicio de la Comisión, es compatible con la obligación del derecho natural divino de proteger la vida y la dignidad de la persona-, de denunciar a las autoridades judiciales y administrativas todos los casos de violencia sexual infligidos a un menor o persona vulnerable".

En otras palabras, una Comisión que no tiene ninguna competencia en esta materia, opone el derecho divino positivo, predicado por Jesucristo, y el derecho civil, despreciando a los mártires de la confesión que murieron por haber callado lo que les había sido confiado en este sacramento.

Además, los análisis que siguieron al incidente provocado por unas palabras de monseñor Eric de Moulins-Beaufort, mostraron que esta obligación es inexistente. La propuesta es claramente, y por decir lo menos, impía.

La recomendación n°11 ataca la práctica de la moralidad en la Iglesia: "Examinar [tamizar] detenidamente cómo la paradójica obsesión de la moralidad católica en cuestiones de sexualidad podría ser contraproducente en la lucha contra el abuso sexual".

El vocabulario -otra observación más del Análisis- es particularmente nítido, ya que el término utilizado, "tamizar", significa "someter algo a una selección implacable o a una crítica despiadada". 

Esta fijación malsana de la Iglesia en asuntos sexuales existe solo en las mentes de los hombres depravados. A lo largo de su extensa historia, la Iglesia ha exaltado la castidad en todas sus formas: perfecta por el voto de virginidad, conyugal entre los esposos. Es, además, una especificidad que le es propia. Es más bien la proposición la que revela una fijación. Es errónea. 

La recomendación n° 23 (y n° 24), proporciona una incómoda explicación del aspecto sistémico: "Reconocer, para todo el período analizado por la Comisión, más allá de la responsabilidad penal y civil por la falta cometida por los perpetradores y, según los casos, por los funcionarios de la Iglesia, la responsabilidad civil y social de la Iglesia independientemente de cualquier culpa individual de sus funcionarios".

Es decir, es responsabilidad de Cristo mismo, en cierto modo, como Cabeza del Cuerpo Místico. Es el desacato a una regla bien conocida: "abusus non tollit usus" o "el abuso no suprime el uso". No porque algunas personas hayan abusado -y terriblemente- de su función, esta es mala y genera los abusos observados.

Siguiendo este criterio, deberíamos simplemente reconocer que las familias por sí solas son generadoras de abusos, y ¿quizás se podría pedir su abolición? Mientras que la gran mayoría de las familias no experimentan ningún maltrato en su seno. Del mismo modo, el 97% de los sacerdotes han vivido su sacerdocio en pureza y honor.

La recomendación n° 34 concierne al poder en la Iglesia: "La Comisión considera apropiado examinar:

– la constitución jerárquica de la Iglesia católica a la luz de las tensiones internas sobre su propia comprensión: entre comunión y jerarquía, entre sucesión apostólica y sinodalidad y, sobre todo, entre la afirmación de la autoridad de los pastores y la realidad de las prácticas populares, cada vez más influenciadas por funcionamientos democráticos;

– la concentración en manos de una misma persona de los poderes de orden y de gobierno, lo que lleva a insistir en el ejercicio riguroso de los poderes y, en particular, en el respeto a la distinción entre fuero interno y fuero externo".

El espíritu sigue siendo confuso ante las reclamaciones presentadas por la Comisión. Y quien conoce las reclamaciones del Camino Sinodal alemán reconoce inmediatamente la relación entre ambas.

Los autores reflexionan según un modelo de sociedad identificado con la democracia moderna. Pasan completamente por alto que Cristo no fundó la Iglesia de esta manera. Como dice la Tradición con San Pío X, la Iglesia tiene una estructura monárquica y aristocrática.

Monárquica, porque hay una cabeza suprema, el Soberano Pontífice, que tiene plena potestad sobre la Iglesia, como recuerda el Concilio Vaticano I. Y, en cada diócesis, el obispo tiene la misma potestad llamada "pastoral". Esto forma parte de la constitución divina de la Iglesia.

Por eso esta propuesta se acerca mucho a la herejía, porque este poder siempre ha sido reconocido y enseñado por la Iglesia como proveniente de su divino Fundador.

La recomendación n° 36 afirma: "La Comisión considera que, en relación con el principio de igual dignidad, es necesario fortalecer grandemente la presencia de los laicos en general, y de las mujeres en particular, en las esferas de decisión de la Iglesia Católica".

Esta recomendación se encuentra de manera repetida en el Camino sinodal alemán. Debemos hacer primero la misma observación que en el n° 4, sobre la competencia exclusiva de la Iglesia universal.

Pero luego debemos afirmar que es de fe que el sujeto de la ordenación sagrada –sacerdotal o episcopal– solo puede ser un individuo de sexo masculino. Y que es la jerarquía, la que se asocia a los sacerdotes sin formar parte de ellos. La jerarquía es la que posee los poderes dados por Dios, como se dijo en el número anterior.

La propuesta merece, por tanto, la misma crítica y la misma apreciación teológica.

La recomendación n°43 retoma el ataque contra el secreto de confesión y debe asociarse a la n°8.

Por otro lado, y vale la pena destacar, la recomendación n° 45 propone medidas para mantener las distancias necesarias entre el sacerdote y los fieles, y para evitar una intimidad que fácilmente puede resultar peligrosa. Estas medidas son tradicionales en la Iglesia -aunque mucho menos comunes hoy en día: "Asegurar la coherencia entre la disposición de los lugares donde viven y trabajan los sacerdotes y religiosos y el imperativo de la vigilancia, en particular: la separación del dormitorio y el área de recepción de terceros/visitantes; la separación física entre el sacerdote y los fieles durante la confesión".

La verdadera solución

Para promover un cambio estructural, es necesario demostrar que ese es el problema. Sin embargo, nada lo prueba, todo lo contrario. La constitución de la Iglesia, como la quiso su divino Fundador, está orientada a la santificación de las almas.

La verdadera solución parte necesariamente de una renovación del espíritu sacerdotal –y por supuesto episcopal– para una verdadera búsqueda de la santidad. Porque estos culpables que han dejado tras de sí tanta miseria, se comportaron como desertores en este punto.

Siendo pecadores, no son de la Iglesia. Como bien dijo el cardenal Charles Journet, "el límite de la Iglesia atraviesa mi corazón", algo que todo cristiano puede decir. Es porque no quisieron seguir la enseñanza de Cristo y de su Iglesia, con todos los elementos prácticos que esto conlleva, que se descarriaron.

Por desgracia, la culpa de los sacerdotes es siempre la más terrible: corruptio optimi, pessima. "La corrupción de los mejores, desde el punto de vista de su lugar en la Iglesia, es la peor". Como señaló monseñor Marcel Lefebvre, la mayoría de los heresiarcas en la historia de la Iglesia han sido sacerdotes u obispos.

Lamentablemente, la Iglesia ha conocido muchas otras crisis en las que el valor moral del clero se ha visto profundamente afectado: basta citar la crisis del nicolaísmo en los siglos XI y XII, es decir, la mala conducta de muchos sacerdotes e incluso obispos, que vivían en estado marital.

La reforma gregoriana -de San Gregorio VII- pretendía abolir estos terribles abusos. San Pedro Damián luchó vigorosamente contra este flagelo. Y lo que más contribuyó a restablecer la disciplina fue la fundación de nuevas órdenes, impregnadas del espíritu de la Iglesia y de Cristo, en las que los Papas depositaron su confianza y que sirvieron admirablemente a la Iglesia en este esfuerzo de recuperación.

Pero hoy, el horizonte está oscurecido por el Concilio Vaticano II, que ha ido secando, de diversas formas -litúrgica, disciplinaria, incluso dogmática-, las fuentes de las que habría que partir para llevar a cabo esta recuperación.

Porque solo en la Cruz de Cristo, vivida de forma íntegra, se encuentra la salvación. No en el "abuso de los abusos" para intentar destruir aún más a la Iglesia. Sabemos que "las puertas del infierno no prevalecerán contra ella" (Mt 16,18), esta es nuestra esperanza, y el estímulo para trabajar con toda nuestra alma y con todas nuestras fuerzas para "restaurar todo en Cristo" (Ef. 1:10).

Padre Arnaud Sélégny +