Francia: el reciclaje del patrimonio religioso

Noviembre 26, 2022
Origen: fsspx.news

¡Ábrete, Sésamo! La iglesia parroquial de su infancia transformada en la cueva de Alibaba. Un sueño quizás, o más bien una pesadilla a punto de convertirse en realidad, desde el reciente lanzamiento de una campaña de la Fundación del Patrimonio, destinada a "promover prácticas respetuosas de intercambio o reconversión" de un patrimonio religioso francés amenazado de desaparición, por falta de fieles.

Lo mínimo que podemos decir es que en la Fundación Patrimonio no falta el humor: el 22 de noviembre de 2022, lanzó con gran publicidad su último premio, denominado "Sésamo", a fin de fomentar iniciativas originales para la transformación de lugares de culto amenazados de desaparición: así, en 2023 se entregarán cinco premios, de 20,000 € cada uno, para recompensar los proyectos más imaginativos.

Aunque la Fundación ha salvado más de 7,000 edificios religiosos en Francia, el declive de la práctica religiosa, la falta de mantenimiento de los edificios combinado con el aumento constante de los costes de trabajo, dificultan cada vez más su trabajo e hipotecan el futuro del patrimonio religioso en nuestro país, de ahí la idea del Premio Sésamo.

Inmediatamente surge una primera pregunta: perpetuar los muros de una iglesia a expensas de lo que constituye su alma -al ser un espacio sagrado cristiano, por definición separado de la dimensión profana- ¿contribuye realmente a preservar nuestro patrimonio religioso? En absoluto. Al contrario, es darle un carácter de museo de una realidad desvanecida.

Por supuesto, la Fundación pretende -en teoría- enmarcar su iniciativa: los ganadores del premio deberán proporcionar garantías relativas a la "concertación y el apoyo local al proyecto, compatibilidad con el uso religioso actual u original, respeto por la arquitectura y calidad patrimonial del edificio, la apertura al público, la frecuentación del sitio y el impacto positivo en el territorio".

Condiciones bastante flexibles, ya que la Fundación pone como ejemplo un antiguo seminario y su capilla transformados en "viviendas sociales y en un centro cultural y de salud".

O, desordenadamente: la organización de tiendas de ultramarinos "solidarias" en las iglesias de Saint-André y Saint-Camille en Lyon; la recepción de estudiantes aislados para estudiar en paz; la reconversión en una sala de teatro, como la iglesia de Notre-Dame-de-la-Gloriette en Caen...

Incluso se habla de albergar columbarios: en este caso, las personas incineradas gozarían de un privilegio mayor que los cristianos enterrados según las leyes de la Iglesia...

Surge una segunda cuestión. Cabría preguntarse -pero la Fundación se cuida de no hablar de ello por razones obvias- en qué medida ciertas asociaciones de fe musulmana, cobijadas tras la pantalla de un proyecto cultural, podrían beneficiarse del preciado Sésamo, para ocupar antiguas iglesias ahora en desuso.

Cualquiera que sea la buena fe de los promotores del Premio Sésamo, solo podemos deplorar la aniquilación progresiva y organizada del patrimonio católico francés, el último avatar de una cancel culture deseada por muchas de nuestras "élites".

En el próximo número de Nouvelles de Chrétienté, n° 198, un bellísimo artículo trata de esta aniquilación del patrimonio católico y de la necesidad, si queremos conservarlo, de restaurar al mismo tiempo, doctrinal y espiritualmente, las almas.