Hace 30 años, la operación de supervivencia de la Tradición: las consagraciones (3)

Julio 05, 2018
Origen: fsspx.news

El protocolo del 5 de mayo de 1988

La reunión de expertos se llevó a cabo del martes 12 de abril, al jueves 14 de abril de 1988 en Roma. En presencia del Padre Benoît Duroux, O.P., quien actuó como intermediario, Don Fernando Ocariz, teólogo y Don Tarcisio Bertone, canonista, frente a Monseñor Bernard Tissier de Mallerais, teólogo, y Patrice Laroche, canonista. Se estableció la base para un acuerdo, que fue presentado inmediatamente a Monseñor Lefebvre, quien no ocultó su satisfacción. El 15 de abril, después de haber leído el informe del Padre Duroux, Monseñor Lefebvre escribió desde Albano al Cardenal Ratzinger diciendo sentirse muy feliz por "acercanos cada vez más a un acuerdo."

Monseñor Lefebvre se sentía encantado por el hecho de que la Fraternidad San Pío X fuera erigida como una Fraternidad de Vida Apostólica de Derecho Pontificio, disfrutando de completa autonomía y de la potestad para formar a sus propios miembros, incardinar a su clero y asegurar la vida de comunidad de sus miembros. Además, según indicaban los términos del informe que serviría como el protocolo para el acuerdo, Roma garantizaba una "cierta exención con respecto a los obispos diocesanos para los asuntos concernientes al culto público, el cura animarum, y otras actividades apostólicas." La jurisdicción sobre los fieles sería conferida por los Ordinarios locales o por la Sede Apóstolica. La Santa Sede crearía una Comisión romana a la cual pertenecerían "sólo uno o dos miembros de la Fraternidad". Por último, el documento mencionaba que "por razones prácticas y psicológicas", parecía ser conveniente la consagración de un miembro de la Fraternidad como obispo. En esencia, esto significaba que las propuestas de Monseñor Lefebvre habían sido escuchadas.

Y en su carta al Cardenal Ratzinger, Monseñor expresó su gran alegría por poder tener finalmente un sucesor en el episcopado. Pero, señaló, "un solo obispo no será suficiente para toda la carga de trabajo; ¿no sería posible tener dos, o por lo menos, la posibilidad de elevar la cifra en los próximos seis meses o un año?" También mencionó una idea que un día tendría un gran futuro: con este acuerdo "¿no sería conveniente que se concediera la posibilidad de usar los libros litúrgicos de Juan XXIII a todos los obispos y sacerdotes?" Le tomaría a Roma casi veinte años reconocer que todos los sacerdotes del mundo católico tienen derecho a usar la liturgia anterior al Concilio...

La firma

Finalmente, Monseñor Lefebvre aceptó el principio y contenidos de una declaración doctrinal breve, aunque inicialmente se había negado rotundamente a hacerlo. Envió el documento ese mismo día, el 15 de abril de 1988. Con excepción de algunos detalles, se trataba del mismo texto que firmaría en Roma tres semanas después, el 5 de mayo, el cual incluía cinco puntos:

1 - "¨Prometemos ser siempre fieles a la Iglesia Católica y al Pontífice Romano, su Pastor Supremo, Vicario de Cristo, Sucesor de San Pedro en su primado como cabeza del Colegio de Obispos;

2 - "Declaramos nuestras aceptación de la doctrina contenida en §25 de la Constitución dogmática Lumen Gentium del Concilio Vaticano II sobre el magisterio eclesiástico y la adherencia que le es debida;

3 - "Respecto a ciertos puntos enseñados por el Concilio Vaticano II o concernientes a reformas posteriores hechas a la liturgia y a la ley, y que no parecen poderse reconciliar fácilmente con la Tradición, prometemos tener una actitud positiva de estudio y comunicación con la Sede Apstólica, evitando toda polémica;

4 - Además, tomando en cuenta lo que se establece en §3, declaramos que reconocemos la validez del Sacrificio de la Misa y los Sacramentos celebrados con la intención de hacer lo que la Iglesia hace, y de acuerdo con los ritos indicados en las versiones típicas del Misal Romano y los rituales de los sacramentos promulgados por los Papas Pablo VI y Juan Pablo II;

5 - "Finalmente, prometemos respetar la disciplina común de la Iglesia y, por tanto, las leyes disciplinarias contenidas en el Código de Derecho Canónico promulgado por el Papa Juan Pablo II, sin prejuicios hacia la disciplina especial concedida a la Fraternidad mediante una ley particular." http://www.sspxasia.com/Documents/Archbishop-Lefebvre/Archbishop_Lefebvr...

Entre el 15 de abril y el 5 de mayo, Monseñor Lefebvre estaba convencido de haber obtenido un buen acuerdo que garantizaba la estabilidad y permanencia de su obra. Escribió al respecto entusiásticamente a uno de sus sacerdotes el 20 de abril diciendo que las negociaciones "parecían dirigirse hacia una solución aceptable que nos concedería lo que siempre hemos pedido. Sería difícil no ver en esta acción de Roma la mano de Nuestra Señora de Fátima. Dentro de poco tendré que ir a Roma para firmar el acuerdo final, si no se opera ningún cambio en lo que se acordó la semana pasada."

En consecuencia, Monseñor participó el 4 de mayo en una reunión final en Albano, cerca de Roma, y firmó la declaración del Protocolo del Acuerdo el 5 de mayo, fiesta de San Pío V. Ese mismo día, escribió al Papa Juan Pablo II para agradecerle por su iniciativa que "ha logrado una solución aceptable para ambas partes." Monseñor Lefebvre creía que el documento que acababa de firmar podía "ser el punto de partida para distintas medidas que nos concederán un estatus legal en la Iglesia: el reconocimiento legal de la Fraternidad San Pío X como una sociedad de derecho pontificio, el uso de los libros litúrgicos de Juan XXIII, la constitución de una comisión romana y otras acciones indicadas en el Protocolo del Acuerdo." Todavía faltaba mucho por hacer. Monseñor le aseguró al Soberano Pontífice que "los miembros de la Fraternidad y todas las personas moralmente unidas a ella comparten nuestra alegría por este acuerdo y agradecen a Dios y a usted."

Se preparó un comunicado de prensa para el 7 de mayo, junto con otra carta para el papa donde se detallaban cuáles serían los siguientes pasos. Pero a la mañana siguiente, el 6 de mayo, después de una noche terrible, Monseñor Lefebvre se retractó. ¿Qué fue lo que sucedió?

Inquietud, Decepción, Solicitud de Aclaraciones

Casi hasta el final, Monseñor Lefebvre pensó que podía firmar el documento y confiar en que sus interlocutores le concederían al menos un sucesor y le garantizarían la permanencia de su obra. Lo fundamental era obtener una o más consagraciones episcopales con la autorización de la Santa Sede. El Protocolo del Acuerdo que Monseñor Lefebvre aceptó firmar el 5 de mayo de 1988, establecía que "por razones prácticas y psicológicas, se cree que sería conveniente la consagración de un miembro de la Fraternidad como obispo" (#5.2). No se fijó ninguna fecha para esto. Pero después de la firma del protocolo, el Cardenal Ratzinger entregó a Monseñor Lefebvre una carta con fecha del 28 de abril de 1988, que suscitó inquietud y decepción en la mente del arzobispo.

En esta carta, el Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe escribió que la nominación de un obispo "no será posible en este momento, aunque no hubiera otra razón para esto más que la preparación y análisis de los archivos." Como hemos visto, Monseñor Lefebvre creía muy importante que esto se hiciera lo más pronto posible. Durante las discusiones realizadas a mediados de abril en Roma, Monseñor había pedido que la consagración epsicopal de un sacerdote de la Fraternidad se celebrara inmediatamente, como lo había mencionado en su carta a Juan Pablo II el 20 de febrero de ese mismo año. La urgencia de la nominación de un sucesor se debía, principalmente, a "la edad avanzada de Monseñor Lefebvre y a su agotamiento físico durante los últimos meses" (Nota sobre el episcopado en la Fraternidad, anexada al informe del 15 de abril de 1988). Lo que estaba ya casi al alcance de la mano ("la consagración de un obispo parece conveniente") se había pospuesto indefinidamente.

Podemos entender por qué Monseñor Lefebvre escribió el 6 de mayo al Cardenal Ratzinger estas palabras que expresan tan bien lo que pasaba por su mente: "Ayer firmé con mucha satisfacción el Protocolo elaborado durante los días precedentes. Sin embargo, usted mismo ha sido testigo de mi profunda decepción al leer la carta que me envió, donde se especificaba la respuesta del Santo Padre sobre las consagraciones episcopales. Volver a posponer las consagraciones a una fecha indefinida sería la cuarta vez que se posponen. En mis cartas anteriores, se indica claramente la fecha del 30 de junio como la última posible. Ya le he proporcionado un archivo con los nombres de los candidatos. Todavía quedan dos meses para hacer el mandato. Dadas las circunstancias particulares de esta propuesta, el Santo Padre puede acortar los procedimientos sin ningún problema para anunciar el mandato a mediados de junio. En caso de que la respuesta sea negativa, me veré obligado en conciencia a proceder con las consagraciones, amparándome en el acuerdo logrado con la Santa Sede en el Protocolo para la consagración de un obispo miembro de la Fraternidad."

Monseñor Lefebvre hizo mención de la reticencia romana expresada tanto oralmente como por escrito, que contrastaba con las expectativas de los sacerdotes y fieles, quienes no entenderían las razones para un nuevo aplazamiento, y que estaban "deseosos de tener obispos realmente católicos, para transmitirles la fe verdadera y comunicárselas en un modo seguro para recibir las gracias de salvación a las que tanto ellos como sus hijos aspiran." Monseñor finalizó expresando su "deseo de que esta solicitud no se convierta en un obstáculo insuperable para la reconciliación en proceso."

Ese mismo día, el Cardenal Ratzinger pospuso la publicación del comunicado de prensa y pidió a Monseñor Lefebvre reconsiderar su posición, afirmando que sus intenciones respecto a la consagración episcopal de un miembro de la Fraternidad para el 30 de junio representaban una contradicción completa a lo que había aceptado en el protocolo. El Cardenal se estaba enfocando en detalles sin importancia e ignorando las repetidas solicitudes del fundador de Ecône pidiendo un sucesor episcopal. Monseñor Lefebvre regresó muy decepcionado.

"Quieren tomarnos el pelo."

En la conferencia de prensa realizada en Ecône el 15 de junio, Monseñor Lefebvre reveló algunos detalles sobre las discusiones que habían tenido lugar.

Monseñor Lefebvre: "Tienen tiempo para prepararse antes del 30 de junio, para hacer la investigación y darme el mandato..."

Cardenal Ratzinger: "¡Oh, no! ¡No, no! Es imposible; tener todo listo para el 30 de junio es imposible."

"Entonces, ¿cuándo? ¿El 15 de agosto? ¿Al final del Año Mariano?"

"¡Oh, no! No, no, Su Excelencia. Sabe bien que no habrá nadie en Roma el 15 de agosto. Todos estarán de vacaciones del 15 de julio al 15 de septiembre; el 15 de agosto queda descartado, es imposible."

"Entonces, ¿puede ser el 1 de noviembre? ¿Día de Todos los Santos?"

"No lo sé, no puedo darle una respuesta."

"¿Para Navidad?"

"Realmente no sabría decirle."

Mas tarde, Monseñor Lefebvre diría que la impresión general era que estaban tomándole el pelo, por lo que perdió toda confianza y dejó de creer en las promesas de sus interlocutores... También tenía la impresión de que estaban desperdiciando su energía, aun cuando los preparativos ya estaban en marcha en Ecône.

Nuevas exigencias de Roma

El 17 de mayo, el Cardenal Ratzinger dio al Padre Emmanuel du Chalard, el intermediario de Monseñor Lefebvre en Roma, el borrador de una carta "más en conformidad con los requisitos del estilo de la Curia romana."

De hecho, la carta que Monseñor había enviado al Papa Juan Pablo II ya no era suficiente. Necesitaba "pedir perdón humildemente por todo lo que, a pesar de mi buena fe, hubiera podido causar un disgusto al Vicario de Cristo." Y, sobre todo, tenía que limitarse a sugerir "sin exigir una fecha definitiva" ("senza esigere alcuna data"), la consagración de un obispo como su sucesor. He aquí los términos exactos de la carta que tenía que enviar al Santo Padre: "Sé muy bien que la regularización canónica de la Fraternidad no prevé la consagración de un obispo para ser mi sucesor, porque no es necesario per se. Sin embargo, poniendo atención especialmente a la necesidad práctica de un obispo que celebre todas las funciones pontificias según el rito anterior a la reforma litúrgica, me sentiría muy feliz si Su Santidad nominara un obispo que pudiera, en cierto sentido, ser mi sucesor." La carta debía tener un tono humilde e incondicional, para que el Papa concediera sus pedidos más fácilmente. Una vez más, lo que parecía estar al alcance de la mano seguía siendo discutido y pospuesto.

Cuando el Padre du Chalard confirmó la intención del fundador de Ecône de consagrar tres obispos el 30 de junio, el cardenal Ratzinger le pidió hacer llegar a Monseñor una invitación a Roma, por lo que se agendó una nueva cita para el 24 de mayo.

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