Hong Kong: el pastel prohibido

Septiembre 22, 2020
Origen: fsspx.news

Mientras que un flagelo de hierro ha caído recientemente sobre Hong Kong, echando por tierra la práctica de "un país, dos sistemas", que gobernaba la vida de la antigua colonia británica desde su devolución a Beijing en 1997, al cardenal Joseph Zen se le ha prohibido distribuir los tradicionales "pasteles de luna" a los presos de la ciudad. Una práctica considerada "subversiva" por el poder comunista.

La historia comienza hace unos diez años, cuando el entonces obispo de Hong Kong, el cardenal Joseph Zen, decidió distribuir "pasteles de luna" a los presos.

Estos tradicionales pasteles son muy populares en China, donde se disfrutan en compañía de familiares o amigos durante la Fiesta del Medio Otoño.

Tras dejar su cargo, el alto prelado chino mantuvo la costumbre de llevar a cabo todos los años este gesto caritativo entre los reclusos de Hong Kong.

Sin embargo, el 31 de agosto de 2020, los servicios penitenciarios de la excolonia británica informaron por correo al cardenal que, a partir del próximo 1 de octubre, fecha de la Fiesta del Medio Otoño en 2020, no podrá continuar con la ya tradicional distribución de los famosos pasteles.

El motivo alegado es un tanto humorístico: la distribución de los pasteles tendría un significado eminentemente político en el contexto actual.

Desde la implementación y aplicación de la ley de seguridad nacional, el 1 de julio, Beijing ha puesto en práctica medidas estrictas para reprimir cualquier indicio de independencia en Hong Kong: los arrestos continúan multiplicándose. Ofrecer pasteles de luna, un gesto de buen augurio en China, es un acto que conlleva elementos considerados subversivos, algo impensable para las autoridades comunistas.

El hecho de que el cardenal Zen sea una de las voces más críticas del régimen chino, apoyando sin dudar las recientes protestas a favor de la democracia, permite comprender por qué los sucesores de Mao temen que las migas de los pasteles se les atasquen en la garganta.

El prelado respondió a las autoridades explicando que el reparto de pasteles a los presos -a su juicio muy popular en el entorno carcelario- no tiene ningún motivo político oculto, y que su única finalidad es consolar a los presos, recordándoles que no han sido olvidados.

"Me entristece mucho saber que voy a decepcionar a los presos este año", declaró el obispo emérito, quien no tiene la intención de quedarse de brazos cruzados ante las vejatorias medidas de las autoridades comunistas. "Iré y repartiré mis pasteles a más gente todavía: a los desamparados y olvidados... para que todos puedan saborear un poco de dulzura en medio de una vida muy amarga".

Sin duda, el poder comunista no apreciará esta acción: hay que reconocer que, en la historia de China, los pasteles de luna han estado acompañados de algunas sorpresas. Fue precisamente por este medio, en el siglo XIV, que la señal de la revuelta de los Turbantes Rojos, que culminó con la expulsión de los Yuan por parte de los Han, permitiendo el advenimiento de la dinastía Ming, se dio a través de mensajes ocultos dentro de estos pasteles otoñales, mismos que, antiguamente, solo los Han solían consumir.