La catedral de Managua fue blanco de un ataque terrorista y sacrílego

Agosto 10, 2020
Origen: fsspx.news
La estatua de la Sangre de Cristo, destruida por el ataque

El 31 de julio de 2020, un desconocido arrojó una bomba Molotov dentro de la catedral de Managua (Nicaragua) dañando gravemente el crucifijo venerado bajo el nombre de "Señor de los Milagros". El arzobispo local, el cardenal Leopoldo Brenes, denunció "un acto fríamente planificado y meditado".

Según varios testimonios reportados por La Prensa el mismo día del ataque, el sospechoso ingresó a la catedral diciendo "vengo a visitar la Sangre de Cristo", y señalando la capilla de la Sangre de Cristo que se encuentra al interior del santuario.

El sospechoso iba encapuchado y llevaba algo en la mano, pero los distintos testigos no pudieron identificar de qué se trataba. Después de tomarse el tiempo necesario para familiarizarse con el lugar, el extraño arrojó la bomba y luego huyó.

El cardenal arzobispo de Managua condenó enérgicamente este abominable gesto, calificándolo como un "acto terrorista" intencional, una "profanación" y un "sacrilegio": "es un acto terrorista que tiene como objetivo intimidar a la Iglesia en su misión evangelizadora".

Desde la primavera de 2018, Nicaragua se encuentra inmersa en una guerra enconada contra el régimen del exterrorista sandinista Daniel Ortega y su esposa, ambos acusados ​​de corrupción.

La Iglesia -una institución con gran influencia en un país 90% católico- lucha contra el poder, tratando de desempeñar un delicado papel de mediadora entre el ejecutivo y sus oponentes. Dentro de este contexto, hay una pregunta que está en boca de todos: ¿el gobierno actual es culpable del atentado del 31 de julio?

Por el lado sandinista, Rosario Murillo, esposa de Daniel Ortega, a quien este último ha designado como vicepresidente del país, rechazó completamente la tesis del acto intencional, y declaró, en tono desafiante: "el incendio fue ocasionado simplemente por las velas que los fieles encienden para venerar la Sangre de Cristo". Una afirmación que no convence a nadie.

Alba Ramírez, testigo ocular del drama, reaccionó enérgicamente: "Esto es el signo de un gran odio hacia la Iglesia; adoramos el crucifijo porque su imagen evoca la Sangre de Nuestro Señor. Tarde o temprano, quien hizo esto pagará y arderá en el infierno". A menos que se arrepienta y repare su sacrilegio...