La Corte Suprema de Irlanda menosprecia la autoridad parental

Febrero 12, 2021
Origen: fsspx.news
Corte Suprema de Irlanda

En la República de Irlanda, la Corte Suprema dictó una sentencia que especifica en qué contexto un equipo médico puede actuar en contra de los deseos de los padres en relación con el tratamiento médico de su hijo o hija. Una decisión con graves consecuencias a medida que avanza la campaña en el país para legalizar la eutanasia.

"El hecho de rechazar el tratamiento de un niño no requiere necesariamente el consentimiento de los padres para ser legal, si este rechazo se basa en una decisión tomada en el mejor interés médico del niño, y si parece contrario a la ética médica proporcionar dicho tratamiento", escribió el más alto tribunal de Irlanda, en su sentencia dictada el 22 de enero de 2021.

Para comprender el problema planteado por esta decisión cuyos términos siguen siendo bastante imprecisos (cabe preguntarse en qué sentido una sociedad cada vez más secularizada entiende el término "ética médica") es conveniente poner las cosas en contexto.

La Corte Suprema intervino para resolver una disputa entre la profesión médica y los padres del joven John J. Este último sufrió un accidente en junio de 2020, que lo dejó con un daño cerebral importante, en particular un trastorno distónico, mismo que le provocaba contracciones musculares, en ocasiones severas.

Los médicos querían prescribir al paciente un tratamiento basado en analgésicos: tratamiento que, aunque aliviaría el dolor, tenía el efecto de reducir la capacidad respiratoria, lo que podría suponer un riesgo para la vida del paciente.

Los padres de John se negaron en nombre de proteger la vida de su hijo y solicitaron la implementación de otro protocolo.

En noviembre pasado, aunque la distonía del paciente había progresado positivamente, John fue puesto en cuidados paliativos, en contra de la opinión de sus padres.

El caso se llevó ante el Tribunal Superior que falló a favor de la profesión médica: los padres de John apelaron luego a la Corte Suprema, que emitió su decisión el 22 de enero siguiente.

La cuestión jurídica aquí es si la negativa de los padres de John a dar su consentimiento para el tratamiento aconsejado -cuidados paliativos desproporcionados en su opinión- constituyó una violación de sus obligaciones parentales, que requirió que el estado ignorara su consentimiento, según lo dispuesto por el artículo 42A de la Constitución irlandesa.

"A pesar de la atención y el amor ejemplares mostrados por los padres que enfrentan un sufrimiento terrible, su actitud en este asunto puede describirse correctamente como un incumplimiento del deber", precisó la Corte Suprema.

Además, los magistrados especificaron el criterio aplicado: "el tribunal, en su decisión, se basa en lo que se debería esperar de unos padres informados, considerados y cariñosos en el cuidado de su hijo". Habrá quienes no dejarán de notar, a través de esta decisión, el riesgo de ver cada vez más padres desposeídos de sus derechos, por decisión de la profesión médica.

Mientras el debate sobre la eutanasia se está librando en Irlanda (el Dáil Éireann o la Cámara Baja del Parlamento votó a favor de legalizar el suicidio asistido el 8 de octubre de 2020), resulta desconcertante la sentencia del 22 de enero, misma que podría allanar el camino para la eutanasia pura y simple de niños con discapacidades graves o pacientes adultos contra el consentimiento de sus padres.

Volver a los principios

La cuestión atañe a la importante distinción que enfatizó el Papa Pío XII en lo relacionado a los cuidados médicos. Los pacientes, y por lo tanto, los padres de un niño enfermo, deben recibir atención ordinaria, pero no están obligados a utilizar una atención extraordinaria, incluso si pueden hacerlo. El aspecto "extraordinario" puede surgir tanto de un elemento objetivo -dificultad, costo, duración del tratamiento, beneficio esperado- como de un elemento subjetivo: lo que el individuo o la familia pueden soportar en un caso dado.

Es precisamente este aspecto subjetivo el que es ignorado por el tribunal cuando emplea el criterio antes mencionado: "el tribunal, en su decisión, se basa en lo que se debería esperar de unos padres informados, considerados y cariñosos en el cuidado de su hijo". Porque ningún caso es igual y no podemos ponernos en la piel de los demás.

El tribunal puede haber fallado correctamente en este caso, pero el principio en el que se basa es peligroso, porque pasa por alto un aspecto moral importante que el Papa Pío XII enfatizó perfectamente. Por lo tanto, si un adulto puede rechazar un tratamiento que la profesión médica considera necesario -siempre que la moralidad permanezca a salvo- parece difícil negar esta capacidad a los padres que muestran gran preocupación por sus hijos. Para anular su voluntad, habría que demostrar que estaban actuando de una manera francamente irrazonable, o que se trataba de un tratamiento ordinario al que todos están sujetos por la ley natural.

Y si la eutanasia fuera aprobada en Irlanda, ¿podrían los padres, según esta sentencia, oponerse a que se aplique a sus hijos, si la profesión médica unánime lo considera necesario?