La creciente influencia del modelo sudamericano en la Iglesia

Marzo 29, 2022
Origen: fsspx.news
Miembros de la Conferencia Eclesial de la Amazonía

Bajo el liderazgo del Papa Francisco, la Curia Romana tiene cada vez menos miembros de habla italiana y más hispanohablantes. El Papa argentino, que domina perfectamente el italiano por su origen piamontés, se ha rodeado de personas que hablan su lengua materna. De esta forma, ha ocupado decenas de cargos directivos con candidatos de España y Latinoamérica.

Sin duda, el italiano sigue siendo el idioma dominante en el Vaticano, pero hoy rivaliza fuertemente con el español, según subrayó la agencia alemana Katholische Nachrichten-Agentur (KNA), absorbida por la agencia suiza cath.ch, el 31 de enero de 2022.

En la cúspide de la jerarquía, se encuentra el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, desde 2017, el cardenal español Luis Francisco Ladaria Ferrer (77), que pronto será sustituido debido a su edad. Su compatriota, el cardenal Miguel Ayuso (69) es presidente del Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso desde 2019.

A ellos se unieron ese mismo año otros dos españoles: Juan Guerrero Alves (62), prefecto de la Secretaría de Economía, y Alejandro Arellano (59), quien desde hace algunos meses preside la Rota Romana, el segundo tribunal superior de la iglesia. Y en octubre, Francisco nombró a un español, monseñor Fernando Vérgez Alzaga (76), presidente de la gobernación de la Ciudad del Vaticano.

En la Secretaría de Estado, a cargo de las relaciones diplomáticas de la Santa Sede, sigue en el cargo un italiano, Pietro Parolin, pero el Papa agregó en 2018 al arzobispo venezolano Edgar Peña Parra (61 años), como suplente de la Secretaría de Estado, lo que lo convierte en el "número tres" del Vaticano.

Cuando las reuniones de trabajo reúnen casi exclusivamente a hispanoparlantes, estos prelados hablan en su lengua materna, señala KNA. Los comunicados de prensa del Vaticano también se publican cada vez más en español, a veces incluso sin una traducción al italiano. En 2020, se presentó por primera vez en español la exhortación apostólica Querida Amazonia.

Este hecho no es solo la expresión del deseo del Papa. Es un reflejo del peso de los países de habla hispana en la Iglesia universal: el 40% de los católicos del mundo vive en América Latina. Este nuevo equilibrio significa que el eurocentrismo tradicional está desapareciendo gradualmente.

La composición del colegio de cardenales también manifiesta este cambio. En caso de cónclave, hoy habría 119 cardenales electores. De estos, 23 son españoles o sudamericanos de habla hispana; suplantando así a los 20 italianos actuales, como el grupo lingüístico más importante.

La Iglesia en América Latina, un laboratorio para la sinodalidad

No se trata solo de una influencia lingüística preponderante. La Iglesia en América Latina está muy avanzada en la "sinodalidad" promovida por el Papa Francisco, y también en este ámbito su papel sigue creciendo en la Iglesia universal. El 11 de febrero, en cath.ch se publicó un artículo de Rafael Luciani para el Herder Korrespondenz, traducido y adaptado por Davide Pesenti. Rafael Luciani está muy involucrado en esta "sinodalidad".

Profesor de la Universidad Católica Andrés Bello de Caracas (Venezuela) y de la Boston College School of Theology and Ministry (Estados Unidos), es asesor teológico de la Conferencia Episcopal Latinoamericana (CELAM), la Confederación Latinoamericana de Religiosos y Religiosas (CLAR), así como la Comisión Teológica de la Secretaría General del Sínodo de los Obispos. –Luciani es progresista y se expresa en el argot de los progresistas; su canto es igual a su plumaje.

Según su opinión, América Latina es una de las principales fuentes de inspiración para una nueva práctica sinodal en la Iglesia universal. El "estilo sinodal" ha permeado de facto la vida eclesial del continente, desde la creación de la Conferencia Episcopal Latinoamericana (CELAM) en 1955. Este "órgano de contacto y cooperación", ha dado lugar a nuevos planteamientos colegiales que hoy se profundizan aún más. 

A los ojos de Rafael Luciani, las experiencias de gestión participativa al interior de la Iglesia Católica en América Latina abren el camino para el próximo Sínodo de los Obispos convocado por el Papa Francisco para 2023, con miras a encontrar nuevos modelos institucionales para la Iglesia del tercer milenio.

Un último ejemplo de sinodalidad en el continente latinoamericano es la creación de la Conferencia Eclesial de la Amazonía (CEAMA). Inaugurada en junio de 2020, su doble objetivo es formular y acompañar la implementación de una "acción pastoral común con prioridades diferenciadas" [sic] que corresponda plenamente a las realidades de las Iglesias locales.

Ejecutando concretamente la exhortación postsinodal del Papa Francisco, Querida Amazonia (2020), la fundación de la CEAMA está basada en las nuevas formas participativas de gestión de la Iglesia, presentes desde la década de 1950.

La nueva Conferencia responde a la invitación expresada por el Sínodo de la Amazonía (2019) de "crear una red de comunicación eclesial panamazónica que abarque los diferentes medios utilizados por las Iglesias particulares y otras instituciones eclesiales".

La forma sinodal se manifiesta primero en la elección de su denominación: no es una "conferencia episcopal", sino una "conferencia eclesial". Asocia, en diferentes niveles de participación y en procesos comunes de discernimiento y toma de decisiones, miembros tanto eclesiales como no eclesiales.

En la nueva Conferencia están contenidas las siete Conferencias Episcopales de los países amazónicos, organizaciones eclesiales como Caritas, la Confederación Latinoamericana de Religiosos y Religiosas (CLAR) y la Red Eclesial PanAmazónica (REPAM), pero también representantes de los pueblos indígenas, así como expertos designados por la presidencia de la CEAMA y por el Papa Francisco.

Todos los colaboradores de la Iglesia participan en discusiones sobre las decisiones futuras tomadas por los obispos en base al discernimiento y deliberaciones conjuntas.

Este desarrollo es resultado del proceso de reestructuración sinodal iniciado en 2018 por toda la Conferencia Episcopal Latinoamericana (CELAM), proceso en el que participaron no solo los obispos del continente, sino también laicos, religiosos y sacerdotes, así como otras instituciones eclesiales.

Al término de este vasto proceso, se adoptó un nuevo modelo de gestión de la Iglesia. Este último reformó la organización eclesial en sus tres componentes principales: estructuras, toma de decisiones y cultura. Tanto la reforma institucional como el cambio de visión eclesial se asentaron sobre tres principios fundamentales: participación, corresponsabilidad y subsidiariedad.

Según Rafael Luciani, la característica más innovadora de este proceso fue la forma "descentralizada" en que se tomaron las decisiones. El procedimiento puesto en marcha implicó diferentes instancias de discernimiento y deliberación comunes. Todo el trabajo se hizo de abajo hacia arriba; las decisiones finales fueron tomadas por las autoridades episcopales locales que habían participado en todas las etapas del proceso.

El camino fue largo, porque una estructura colegial verdaderamente sinodal requiere ante todo una nueva cultura organizativa, basada en el trabajo conjunto, el compartir responsabilidades, el diálogo permanente y la participación activa de los laicos, especialmente de las mujeres. Esto, con el fin de superar el autoritarismo y clericalismo que pudo haber caracterizado a los antiguos modos de funcionamiento.

Amazonizar la Iglesia

A medida que se desarrollan las fases preparatorias del Sínodo de los Obispos sobre la sinodalidad, es importante tener presente esta ejecución sudamericana de la sinodalidad. Rafael Luciani no lo oculta. Para él, la estructura participativa del Consejo Episcopal Latinoamericano ha favorecido un nuevo modelo de organización y ha fomentado una mayor cooperación pastoral.

Desde un principio, el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) surgió de una nueva eclesiología local que reconocía el estatus teológico de la realidad sociocultural vivida en una región específica, transformando consecuentemente el modo de ser y de vivir de la Iglesia.

De este modo, cada Iglesia particular estaba mejor integrada en una mayor comunión con las demás instituciones del continente y, así, con todo el pueblo de Dios. Una perspectiva que el actual camino sinodal quiere realizar a nivel de la Iglesia universal.

Bajo la jerga de esta teología modernista, entendemos perfectamente que se trata de "amazonizar la Iglesia". No hay duda de que este modelo sudamericano favorece el establecimiento en la Iglesia universal de la "pirámide invertida", de la que habló Francisco con motivo del 50 aniversario de la creación del Sínodo de los Obispos, el 17 de octubre de 2015: Jesús estableció la Iglesia "colocando el Colegio Apostólico en su cima, en el cual el apóstol Pedro es la roca". Pero en esta Iglesia, -según el Papa-"como en una pirámide invertida, la cumbre está debajo de la base". -Sin comentarios.