La eclesiología y la política del Papa Francisco a su regreso de Grecia

Diciembre 14, 2021
Origen: fsspx.news

El viaje del Papa Francisco a Chipre y Grecia se destacó por un hincapié renovado en el tema de los migrantes y el ecumenismo con el mundo ortodoxo. En el vuelo de regreso, el Soberano Pontífice respondió, como de costumbre, a las preguntas de los periodistas improvisando y arremetiendo contra la doctrina católica.

Casi todas las declaraciones del Papa a los reporteros durante este vuelo dejan atónitos a la mayoría, hasta el punto de que algunas de ellas son difíciles de comentar a profundidad. A continuación, presentamos algunas de las más destacables por su desviación de la sana doctrina o el sentido común.

Una eclesiología protestantizada

En orden de gravedad, comenzaremos con una declaración que roza la herejía, lanzada en medio de una respuesta. Aparte del habitual elogio del modelo sinodal ortodoxo (que los católicos obviamente habrían olvidado hasta Pablo VI), Francisco agregó un detalle que recuerda a los sínodos anglicanos, según declaró el autoproclamado arzobispo de Canterbury a los medios vaticanos hace unas semanas.

Efectivamente, el prelado inglés recordó cómo, en su experiencia, el sínodo siempre incluyó la intervención de los laicos. Y así afirmó el Papa Francisco, casi inesperadamente, con respecto a la pregunta: "En el aspecto sinodal: sí, somos un solo rebaño, eso es cierto. Y hacer esta división -clero y laicos- es una división funcional, sí, de calificación, pero hay una unidad, un solo rebaño".

Ya estábamos acostumbrados a la concepción igualitaria del "pueblo de Dios" del que brotan los "ministerios", como se expresa en Lumen Gentium y el nuevo derecho canónico. El Papa Francisco va directamente a las fuentes de ambos, utilizando términos bastante análogos a los de Martín Lutero en su Carta a la Nobleza Cristiana de la Nación Alemana:

"Nadie debe dejarse intimidar por esta distinción [entre clérigos y laicos, NDLR], por la buena razón de que todos los cristianos pertenecen realmente al estado eclesiástico: no hay diferencia entre ellos, excepto la de la función..."

Evidentemente, estos son conceptos diametralmente opuestos a los del Concilio de Trento.

Las disculpas del Papa Francisco

Siguiendo una tradición establecida desde Juan Pablo II, el Papa Francisco se disculpó con los ortodoxos por los abusos que supuestamente sufrieron a manos de la Iglesia romana. Lo curioso es que el Papa también se disculpó por hechos que -según sus propias palabras- eran desconocidos para él, por simple petición del arzobispo de Atenas, Hyeronimus, sin más información.

Por tanto, el Papa se disculpó porque algunos católicos griegos, durante las guerras de independencia contra los turcos, no estaban a favor de la lucha nacional (probablemente porque temían la discriminación de una nación ortodoxa más que del propio gobierno otomano).

Que el Papa se sienta obligado a disculparse no solo por las acciones de sus predecesores, sino incluso por la postura puramente política de algunos católicos, es prácticamente increíble. 

Aunque el Syllabus de Pío IX condenaba a quienes afirmaban que la separación de los Orientales se debía a "la excesiva arbitrariedad de los Romanos Pontífices", el Papa Francisco está ahora dispuesto a culpar a los católicos de todos los males de los Orientales.

En cualquier caso, nos informa que la unidad de las Iglesias no tiene que provenir necesariamente de la teología, sino del trabajo en común, citando como ejemplo a Suecia, donde católicos y luteranos tienen una sola asociación caritativa en la que trabajan juntos. Los teólogos pueden argumentar que la unidad en la verdad está reservada para el más allá. Mientras tanto, él y sus hermanos herejes están unidos para "trabajar y orar juntos".

Es necesario releer la encíclica Mortalium animos de Pío XI sobre la condena detallada de tal visión de las relaciones con los no católicos. La lectura completa de esta (breve) carta del Papa Ratti es un tesoro necesario en estos tiempos de confusión sobre la verdadera doctrina de Cristo y la Iglesia.

El Papa Francisco y la democracia en peligro

Los periodistas también pidieron al Papa una aclaración sobre sus afirmaciones respecto al declive de la democracia en Europa. El Papa comenzó afirmando que la democracia, entendida como la democracia liberal europea, condenada como tal por la Iglesia en varias ocasiones, es un tesoro que hay que preservar.

En cuanto a los peligros, el Papa podría haberse referido a los abusos autoritarios y los evidentes abusos de poder que los gobiernos occidentales se permiten sin escrúpulos con la excusa de la pandemia. Pero no, el Papa hizo referencia al "populismo" que comparó directamente con el nazismo.

Luego también denunció, citando "El Señor del Mundo" de Benson (un libro que aprecia), un gobierno mundial que nivela todo, otro enemigo de la democracia. Sigue siendo un gran misterio cómo un hombre que elogió a la Unión Europea poco antes y que participa con entusiasmo en las iniciativas del gobierno mundial sobre el cambio climático, como si fuera el presidente de un parlamento de las religiones junto a la ONU, pueda hablar así.

Si hubiera leído mejor la novela de Robert-Hugh Benson, el Papa Francisco podría haberse inspirado en los dos pontífices que allí aparecen, proclamando firmemente la realeza de Cristo y de la Iglesia romana frente al gobierno universal de un anticristo, luchando de frente contra el mundo, sin el menor compromiso liberal.

El arzobispo de París y la ley de la Iglesia

El Papa también fue cuestionado sobre la renuncia de monseñor Michel Aupetit, arzobispo de París, rápidamente aceptada por faltas "menores" (según el propio Papa) contra el sexto mandamiento, que se remontan a varios años atrás.

Cabe recordar aquí un curioso rescripto del 3 de noviembre de 2014, donde el artículo 5 establece: "En determinadas circunstancias particulares, la autoridad competente podrá considerar necesario solicitar a un obispo que presente la renuncia a su cargo pastoral, después de haber dado a conocer los motivos de tal solicitud y haber escuchado atentamente sus razones en un diálogo fraterno".

A pesar de la facultad del Papa para destituir a los obispos en cualquier momento, o incluso para solicitar su renuncia de manera informal para no tener que proceder legalmente, no estaba claro cuál era el sentido de escribirlo en un documento oficial.

Evidentemente, se trata una vez más de proceder sin las formalidades legales, que deberían proteger a las personas contra la arbitrariedad de la autoridad y verificar la rendición de cuentas. Las palabras del Papa en el avión sobre este asunto son, por decir lo mínimo, vergonzosas. 

Parece querer minimizar las verdaderas faltas del arzobispo, para dejarnos saber que aceptó su renuncia sin pestañear debido a los "chismes" que su conducta había provocado.

Por un lado, casi "disculpa" a Aupetit, porque, al fin y al cabo, nadie es santo y se le pueden perdonar sus errores; y por otro, lo sacrifica porque no puede gobernar debido a los rumores que socavan su autoridad. En tal procedimiento, la misericordia y la justicia desaparecen para dar paso a la pura oportunidad política.

¿Podría un procedimiento de este tipo ser una muestra de la prudencia virtuosa del gobierno? Se podría pensar que sí, haciendo muchas distinciones, pero las palabras finales de Francisco sobre el asunto siguen siendo en sí mismas difíciles de entender en boca del Romano Pontífice: "Por esta razón, acepté la renuncia, no sobre el altar de la verdad sino sobre el de la hipocresía".

Es muy probable que el Papa, cuyas palabras son similares a una charla de sobremesa, haya querido decir que es por la hipocresía del procedimiento que aceptó la renuncia de monseñor Aupetit, pero la fórmula utilizada es muy desafortunada y ambigua, no pudiendo en ningún sentido erigir un altar a la hipocresía contrario al de la verdad.