La Eucaristía: el sacrificio de la Misa (5)

Abril 11, 2019
Origen: fsspx.news

Las palabras necesarias para consagrar la Sagrada Eucaristía son las mismas palabras que Cristo pronunció sobre el pan y el vino en la Última Cena, y que todo sacerdote, actuando en nombre de Jesucristo, repite en la celebración de la Misa.

La Misa es el verdadero y mismo sacrificio de la Nueva Ley en la que Jesucristo, a través del ministerio del sacerdote, ofrece a Dios Padre, en una inmolación mística incruenta, su Cuerpo y su Sangre, bajo las especies del pan y del vino.

"Porque desde el orto del sol hasta el ocaso es grande mi Nombre entre las naciones; y en todo lugar se ofrece a mi Nombre incienso y ofrenda pura, pues grande es mi Nombre entre las naciones, dice Yahvé de los ejércitos" (Malaquías 1, 11).

Es un sacrificio, es decir, la oblación hecha a Dios de una víctima como un signo de honor y reverencia, para manifestar al Creador y Dueño de todas las cosas su soberanía sobre el hombre, su creatura. Aquí, la víctima es el mismo Jesucristo, Hijo de Dios encarnado, la Víctima perfecta y única digna de Dios, de quien los sacrificios del Antiguo Testamento no eran más que figuras.