La Eucaristía: los ministros del sacramento (2)

Abril 05, 2019
Origen: fsspx.news

Al decir a sus Apóstoles: "Haced esto en memoria de Mí", Cristo los instituyó sacerdotes del Nuevo Testamento, ordenándoles, a ellos y a sus sucesores en el sacerdocio, consagrar, ofrecer y distribuir su Cuerpo y su Sangre bajo las especies del pan y del vino, como acababa de hacerlo Él mismo.

Los sacerdotes ejercen este poder y cumplen este precepto cuando, actuando en nombre de la persona de Jesucristo, celebran el sacrificio de la Misa.

Al pronunciar las palabras de la Consagración, el Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, junto con su alma y su divinidad, se vuelven verdadera, real y sustancialmente presentes bajo las especies del pan y del vino. En cada parte y en la más mínima partícula de estas especies está contenido Jesucristo entero, verdadero Dios y verdadero Hombre.

"De la misma manera que Yo, enviado por el Padre viviente, vivo por el Padre, así el que me come, vivirá también por Mí. Este es el pan bajado del cielo, no como aquel que comieron sus padres, los cuales murieron. El que come este pan vivirá eternamente” (Jn. 6, 58).

"Porque cuantas veces comáis este pan y bebáis este cáliz, anunciad la muerte del Señor hasta que Él venga. De modo que quien comiere el pan o bebiere el cáliz del Señor indignamente, será reo del Cuerpo y de la Sangre del Señor" (I Cor. 11, 26-27).