La eugenesia ayer y hoy (3): la eugenesia negativa en la antigüedad

Julio 10, 2020
Origen: fsspx.news

Este aspecto negativo de la eugenesia, que consiste en eliminar, es mucho más amplio y trágico que promover la raza. Resulta en la eliminación del niño concebido o ya nacido. Es una de las plagas de la sociedad antigua, que recurría con mucha facilidad al infanticidio.

 

La anticoncepción

La anticoncepción no era más que una práctica débil por falta de medios, y no por falta de intentos de encontrarlos. El espíritu anticonceptivo reinaba y condujo a diversas actitudes, como los matrimonios tardíos, el celibato, la incitación a prácticas antinaturales. Dion Casio documenta la arenga que Augusto dirigió al Senado, entonces constituido únicamente por una asamblea de solteros: "También os mancháis con la sangre del delito cuando decidís, desde el principio, no engendrar a quienes habrían debido ser vuestros descendientes1".

El aborto 

El aborto se practicaba de diversas maneras en las civilizaciones antiguas.

Entre los asirio-babilonios

Era castigado por el código de Hammurabi2, incluso aunque fuera involuntario o accidental. Las leyes asirias establecían penas diversas y severas: "la mujer encontrada culpable de haber realizado maniobras abortivas sobre sí misma será maldecida, condenada a la tortura por empalamiento, y privada de sepultura, si muriera antes de la intervención de la justicia".

En Grecia

Las leyes se oponían al aborto: "Licurgo (legislador de Esparta) y Solón (legislador de Atenas), discípulos de los dioses, establecieron, en sus leyes, sentencias claras contra el autor del aborto". Entre los griegos de Asia, era considerado como un crimen capital. Además, el juramento hipocrático incluía el compromiso de jamás realizar un aborto.

Sin embargo, sucedía frecuentemente. Un médico llamado Aecio proporciona una lista de medios abortivos. Y los filósofos lo consideraban lícito, con fines eugenésicos. Platón dice: "Cuando los hombres y las mujeres hayan superado la edad de proporcionar hijos al Estado, les daremos la libertad a los hombres de unirse a quien quieran (...). Pero, sobre todo, antes de liberarlos, les aconsejaremos tomar todas las precauciones para no dar a luz a ningún niño, incluso si ya ha sido concebido, y para asegurar que cualquier niño nacido a pesar de sus esfuerzos no sea criado3". Esto era con el fin de evitar la sobrepoblación y salvaguardar la calidad de los niños. Aristóteles agrega lo siguiente: "En el caso de nacimientos excesivos (porque en nuestro estado la población tiene un límite), se debe fijar un límite numérico en la procreación, y si las parejas tienen hijos más allá del límite legal, el aborto se realizará antes que la vida y la sensibilidad se produzcan en el embrión: el carácter respetable o abominable de esta práctica estará determinado por la ausencia o la presencia de sensibilidad y de vida4".

En Roma

El aborto voluntario no era considerado un delito durante la República, sino más bien un acto inmoral, posiblemente castigado por la autoridad del padre. Cuando la corrupción invadió la ciudad romana, esta práctica criminal aumentó en proporciones aterradoras. "Los plebeyos al menos se avienen a los dolores del parto y a las incomodidades de la crianza cuando su pobreza los obliga; pero en los lechos de oro casi nunca yace una parturienta, tan eficaces son las artes y las ponzoñas del contratado para esterilizar y, en su caso, asesinar a los hombres ya desde el vientre de sus madres5".

No fue sino hasta alrededor del año 200 d.C. que el estado decidió legislar contra esta abominación. Pero mucho antes de esa época, la ley romana había tomado medidas para velar por los intereses de los niños concebidos. Sin embargo, las ventajas legales de la maternidad no aplicaban a las mujeres que daban a luz prematuramente, ni a niños con deformidades; una medida con fines eugenésicos.

La exposición

Este término hace referencia a la práctica que consistía en abandonar al niño recién nacido, condenándolo así a una muerte segura, a menos que fuera recogido y cuidado por alguien más, lo cual, a veces, era el objetivo del abandono. Es por eso que se debe hacer una distinción entre la práctica del infanticidio o el asesinato directo del niño, ya que la exposición solo era un asesinato indirecto. Sin embargo, la diferencia es bastante pequeña.

En Grecia

En Grecia, la práctica de la exposición tenía lugar con mucha frecuencia. "La antigua costumbre era universal (...): dondequiera que se observaban las costumbres griegas y siempre que la vida griega tuviera sus propias manifestaciones, los documentos relatan esta práctica asesina6". En Atenas, el tema formaba parte frecuentemente de las obras teatrales. El gran número de exposiciones puede explicarse por diferentes causas.

Podía tratarse del caso de una joven que no tenía permitido dar a luz: esta podía ser expulsada de la casa paterna y vendida legalmente7. E incluso si la joven deseaba enfrentarse a la deshonra, ese hecho no salvaba a la criatura.

Sin embargo, la mayoría de las veces la exposición era ordenada por el padre de familia. ¿Sucedía esto con frecuencia? Una de las razones era la duda sobre la legitimidad del niño, un hecho que, a juzgar por la historia y la literatura, se producía con bastante frecuencia. Además, un gran número de griegos, desanimados por las preocupaciones relacionadas con la formación educativa, evitaban criar a varios niños. "No, no hay nadie tan infeliz como un padre, excepto otro padre que tenga más hijos".

El egoísmo de los padres a menudo se presentaba bajo otra forma: los hijos costaban mucho dinero; las niñas necesitaban una dote y los niños largos años de estudios. Había que desangrarse para criar un solo hijo; así que, si llegaba un segundo hijo, estaba condenado.

Pero la razón principal alegada por los griegos era el reparto de las herencias. Principalmente intentaban deshacerse de las niñas, una tendencia casi sistemática, en todas las épocas de la historia humana y en todas las latitudes. Este grave escollo de la eugenesia siempre corre el riesgo de inclinar la balanza de los nacimientos hacia un desequilibrio grave y fatal. Posidipo, ateniense, nos dice la regla que solía seguirse: "un niño siempre se cría, incluso si se es pobre; una niña, siempre se expone, incluso si se es rico8".

¿Qué decían las leyes de esta costumbre?

En la mayoría de las ciudades griegas, el estado nunca intervenía, porque el padre tenía un derecho absoluto sobre sus hijos, un derecho que solo se veía afectado parcial y tardíamente. En Esparta, la ley incluso establecía que el niño que se conservaba - el padre podía exponer por su propia mano a los demás -, debía ser primero examinado por los Ancianos para juzgar su conformidad con los deseos de la ciudad. "Cuando el niño nacía, no dependía del padre en última instancia criarlo o no. Debía llevarlo a un lugar llamado Lesché. Allí los Ancianos de cada tribu examinaban al niño. Si lo consideraban bien formado y fuerte, le ordenaban al padre que lo criara y le asignaban por herencia una de las nueve mil porciones de tierra; más si eran débiles o contrahechos, se los hacía morir arrojándolos a una sima del Taygetes, llamada los Apothetos, porque era mejor tanto para él como para la ciudad en la que vivía9".

Era una preocupación eugenésica la que motivaba a este "consejo de revisión" de los recién nacidos efectuada desde los primeros días, y que, por lo tanto, decidía sobre su vida o su muerte. Este consejo no decidía sobre la exposición sino sobre el infanticidio directo.

La única ciudad griega donde la exposición de los niños estaba realmente prohibida era Tebas. Pero probablemente esto sucedió en una fecha tardía, después de largos años de que se llevara a cabo esta abominable práctica. Los filósofos no redimen el pensamiento griego sobre este punto.

Demócrito de Abdera (440-400 a.C.) afirmaba fríamente: "Criar hijos es una cosa incierta; el éxito se alcanza solo después de una vida de lucha y preocupación; el fracaso se paga con un dolor que sobrepasa a todos los demás10".

El cínico Aristipo (nacido alrededor de 430 a.C., fundador de la escuela cirenaica) decía lo mismo, pero con una tosquedad desordenada; mientras su esposa le rogaba que aceptara a su hijo, diciéndole que el niño era suyo, él escupió en el suelo diciendo: "Aquí hay algo que proviene de mí y, sin embargo, no lo necesito11".

Platón aboga por una eugenesia rigurosa, aduciendo que su República contiene más de cinco mil cuarenta ciudadanos y quiere que "el rebaño sea lo más elegido posible (...). Para los hijos de hombres inferiores y para aquellos otros que han venido al mundo con alguna deformidad, los esconderán, como debe ser, en un lugar secreto oculto a la vista12". En este caso, lo que prescribe con palabras encubiertas es el infanticidio. Lo mismo sucedía si los padres ya habían superado la edad legal para la procreación.

Finalmente, Aristóteles se muestra menos favorable a la exposición con respecto a la limitación cuantitativa de los nacimientos, porque, en su opinión, si esta fuera impuesta por el Estado, los ciudadanos la rechazarían (probablemente como una violación de su propio derecho de exposición); pero la prescribía en cuanto a la limitación cualitativa: "Pasemos al problema de los niños que, al nacer, deben ser expuestos o criados: que una ley prohíba criar a cualquier niño deforme".

En Roma

El abandono de los recién nacidos o su exposición se consideraba legal desde los primeros tiempos. Era una simple consecuencia de la ley de la potestad paterna, pero pronto estuvo sujeta a ciertas restricciones. El padre, antes de abandonar a un niño, debía mostrarlo a cinco vecinos, quienes examinarían si se debía permitir que pereciera, debido a su deformidad o la debilidad de su constitución. Epicteto protesta contra aquellos que abandonan a sus hijos: "Ni las ovejas ni los lobos actúan así13".

Esta potestad también estaba consagrada en la ley de las Doce Tablas, que permitía que un padre matara a su hijo independientemente de su rango en la ciudad. Y esta ley no solo lo permitía, sino que ordenaba que se matara inmediatamente a un niño deforme o monstruoso. Tito Livio nos da testimonio de que se consideraba un deber matar a los niños con deformidades, cuya conservación representaba un peligro para el Estado14.

En la literatura clásica, abundan los ejemplos de exposición infantil. "No estoy hablando de los hijos ficticios y de los votos y deseos burlados con frecuencia junto a los sucios aljibes públicos. La exagerada Fortuna se planta sonriente de noche junto a estos bebés desnudos, los arrebuja en su seno y los calienta, luego los traslada a encumbrados palacios y se prepara secretamente una farsa: les ama, se mete en sus vidas y les hace prosperar como si fueran hijos suyos". Incluso se practicaba en el palacio imperial: "Él (Augusto) se negó a reconocer y criar al niño que su nieta Julia había dado a luz después de su condena15". Este derecho del padre de familia desapareció hasta el siglo II d. C.

Continuará...

  • 1. Dion Casio, historia romana, libro LVI.
  • 2. Célebre monarca asirio, cuyo código de leyes se encontró en una estela.
  • 3. Platon, La República.
  • 4. Aristóteles, op. cit. La aparición de la sensibilidad ocurre, según Aristóteles, en el cuadragésimo día para los niños y en el octavo día para las niñas.
  • 5. Las Sátiras, Juvenal.
  • 6. G. Glotz, "Expositio" en Diccionario de Antigüedades Griegas y Romanas.
  • 7. Plutarco, La vida de los hombres ilustres.
  • 8. Ib., LXXVII, 7.
  • 9. Plutarco, La vida de hombres ilustres.
  • 10. Citado por Estobeo, Florilegio.
  • 11. Estobeo, op. cit., 14.
  • 12. Platón, La República, Obras completas.
  • 13. Epicteto, Disertaciones, I, 3.
  • 14. Tito Livio, Narraciones, libro XXVII, 37.
  • 15. Suetonio, op. cit., La vida de Augusto.